Mis días no están siendo muy fáciles, la sombra de Adriana en Brasil me está volviendo loca. Han pasado dos semanas y nadie, absolutamente nadie, ha logrado encontrar a esta mujer, esto está acabando con mi estabilidad mental. Ya no salía de casa con los niños. Ni siquiera Ale tampoco salía mucho, algunas veces trabajaba desde casa para estar con nosotros, las niñas siempre venían a visitarme, pero aún así me siento atrapada en mi propia casa porque no sabemos dónde está esta loca. —¿Ángel? —Ale entra en la habitación, yo estaba en la cama leyendo, los trillizos aún dormían. —Hola —dejo el libro de lado. —Tenemos una pista, la vieron a dos horas en los alrededores de la finca. —¿En la finca? ¿Cómo así? —Seguramente tratando de emboscarnos. La policía ya está yendo para allá. Vamos a a

