Capítulo 3: Primer día de trabajo

2527 Words
[Claris Romney] Regresé corriendo después del encuentro con el Señor Connor, no puedo creer lo torpe que fui hoy, conocí a tres de los hermanos de una forma muy vergonzosa, tampoco podía creer lo hermosos que eran, me sentí como si hubiera caído en el cielo alrededor de puros ángeles. Joe era muy amable y amigable con unos ojos celestes intensos como Rhys, sin embargo, el apuesto Connor era diferente a los demás, yo imagino que se asemejaba más a su madre por los ojos cafés oscuros, pero era incomparablemente atractivo también. En fin, espero sinceramente no haber caído de mala manera ante ellos. … Llegué a los dormitorios y Nadia se encontraba en la entrada de brazos cruzados. –¿Dónde estuviste todo el día? – se expresó algo enojada. – Buenas noches, Nadia, perdóname había salido a conocer a los alrededores y me perdí, estaba disfrutando del lugar y se me pasó la hora muy rápido, lo siento mucho. – ella arqueó una ceja y dijo. – La próxima vez, avisa, espero no hayas causado problemas a los señores. – Yo me quedé muda, no quería que me regañen más, de lo que ya me había dicho. – ¿No Nadia como crees? Entré, Nadia se despidió y pasando por el comedor del personal, veo a Alicia (mi nueva compañera de cuarto) y a una chica más que estaban cenando en la mesa. – Hola, buenas noches, ya me conocen soy Claris. – ¡Hola! – Alicia me saluda muy animada, mientras la otra me queda viendo con incomodidad– ¡bienvenida!, compañera de cuarto, siéntate a comer con nosotras, sírvete. – Gracias – dije en tanto la otra chica solo me ignoraba. – Yo me llamo Alicia si en caso no te acuerdes y esta antisocial se llama Pamela. – Mucho gusto a las dos. – le sonrió sirviéndome los frijoles de la vasija de la mesa. – Bueno ¿Cómo estuvo tu día?, dice que desapareciste, Nadia estaba enojada. – yo río algo apenada sosteniéndome del cuello. – Lo que pasa es que me perdí, y se me pasó el día tratando de encontrar la mansión otra vez. – 'jajaja' a todas nos ha pasado, no te preocupes, ya te acostumbrarás. – río otra vez apenada. – ¿Eso espero… por cierto y dónde están las demás? – Ahh… Mía, Carmen y Rous les tocó hoy asistir la cena de los señores. – Entiendo… – Sí, por día en la noche nos turnamos en dos grupos intercalados, y hoy nos tocó descansar a nosotras. Imagino que serás de nuestro grupo, mañana nos tocará así que prepárate. – Por supuesto. Terminamos de cenar, Pamela se fue a su cuarto sin decir nada y Alicia vino conmigo mostrándome cada rincón de nuestra habitación, me explicó donde sería el armario para mis cosas y como debíamos organizarnos con la limpieza y todo referido a la convivencia. Después comenzamos hablar hasta altas horas de la noche, de cómo habíamos llegado aquí, ella llevaba un año trabajando en la mansión y las otras más de un año, ella tiene 25 y Pamela igual por eso es que se llevan bien, me contó que Mía era una chica de 30 años que trabajaba como 5 años en el lugar, Carmen con 28 y Rous con 26 como yo, ellas dos llegaron juntas hace 2 años. Ellas llevaban más de un año aquí y no había nuevas solo yo. –¿Y solo son 6 para esta enorme Mansión? – me ganó la curiosidad. – Bueno en realidad deberíamos llegar a 12 creo yo para que todo sea tranquilo para nosotras, pero te diré un secreto aunque creo que ya lo habrás escuchado, las mucamas no duran mucho aquí y se van al mes o a los dos meses, estamos corto de personal – da un resoplido de resignación – pero que nos queda, tenemos más trabajo, pero nos pagan demasiado bien, así que no hay problema. – Ohh… entiendo. Y… no quiero ser tan entrometida, pero...¿por qué se van? – ella sonríe algo tenebrosa. – Ya lo sabrás, descansa, mañana te iré explicando las cosas que tendremos que hacer para que no te pierdas. – Bueno está bien, buenas noches. Me quedé pensando a esa pequeña rara conversación, parecía que había algunos misterios en esta casa, sin embargo, no me preocupaba ¿Qué podría ser tan malo? … Al día siguiente la alarma muy fuerte del viejo despertador, nos levantó 5:30 de la mañana, nos fuimos a cambiar y ya nos encontrábamos listas a las 6 AM, desayunamos las cinco juntas y me volví a presentar, todas eran agradables. Acabamos de desayunar a la 6:40 y salimos rápidamente a la entrada de los dormitorios posicionándonos en una fila, mirando a Nadia que nos esperaba de pie a brazos cruzados. – Buenos días, señoritas, ya saben nuestra rutina diaria y lo que siempre deben recordar ante todo en esta mansión, es la… “Discreción, confidencialidad, sigilo, cautela, perseverancia y realizar un pulcro trabajo.” Repitieron todas en unisonada, alzando la mano en modo de juramentación y yo me quedé atónita por qué no sabía que teníamos que hacer tal extraña escena. – Bien señorita Romney – Nadia se acerca delante de mí, ella tan fina y voz elegante – ya te acostumbrarás a nuestra frase y no es solo eso, sí no, son nuestras reglas – se acerca a mi rostro mirándome a los ojos como advirtiéndome – QUE DEBES CUMPLIR. ¿ENTENDIDO? – SÍ – Grito algo nerviosa pero segura. Después de ello nos dijo que vayamos a nuestros puestos, por lo general debemos movernos solas, pero como era mi primer día, Alicia estaba siempre a mi lado explicándome los detalles. Nos tocó organizar la enorme mesa (de 5 m por 2 m y medio aproximadamente) que se encontraba en el comedor principal, mientras los chefs gourmet preparaban los platos del día, los señores bajarían a desayunar a las 7:30 am. La mesa ya estaba listo para los cinco miembros de la familia, Alicia, Pamela y yo, nos quedamos de pie en fila a unos metros de la mesa, esperando a que cualquiera de los Señores bajaran. – ¡Buenos días! – se aparece Joe estirando todo su cuerpo aún en pijama – mmmm… todo se ve bueno Cleenton(el chef) se lució hoy – me fijó y yo me sonrojé, y dándome una sonrisa, se sentó en uno de los asientos de los laterales. – Buenos días – una voz gruesa y seria se escuchó en el lugar, volteé disimuladamente y era el Señor Rhys (el amargado). Él me miró, hizo una mueca como diciendo ¿Qué haces aquí?, y se sentó al otro extremo de la mesa arqueando una ceja. – al parecer a los otros se les pegaron las sábanas. – ¡Ja! De seguro que sí, sé que Mártin llegó tarde así que dudo que baje. – se expresó Joe comiéndose una tostada. – No es novedad – exclama Rhys tomando su tasa pequeña de café puro. – ¿y tú qué haces en pijama? – Bueno no tengo nada que hacer hoy así que… – ¿Cómo que no? – Aparece la voz sofisticada e intelectual del Señor Connor. Lo miré avergonzada y él me sonrió muy pícaro que de inmediato me hizo intimidar, al instante bajé la mirada, me sentía tensionada sentía que por alguna razón todos me miraban por ratos... –Debes ir conmigo a la convención de astrología, prometiste dar autógrafos a las hijas de mis colegas.– exclamó acomodándose su traje para sentarse en el lateral de la mesa en frente de Joe. – ¡Maldición! Lo había olvidado. – Joe se tomó su jugo de naranja en una sola, y luego se alzó – bueno, bueno, gracias nos vem…– es interrumpido. – ¿A dónde vas? – una voz muy culta, elegante y grave se escuchó en medio de todos, fijé mi vista y un señor totalmente elegante, cabello oscuro, alto y delgado, atractivo con su barba bien recortada y sexy con esos ojos azules tan seductores. ¡Dios! Estaba presenciando al señor August Browm, el padre de todos ellos, tiene 51, pero parece un hombre en sus plenos 40 tan joven y Adonis. Por todos los Santos, era de mañana, e inexplicablemente estos hombres se veían tan resplandecientes. –Buenos días – se sienta al otro extremo de la mesa arqueando las dos cejas altivas, frente a Rhys. –Quería, darles un comunicado. – ¿Qué sucedió padre? – pregunta Joe volviéndose a sentar. – En un mes tendremos una gala en nuestra casa con las otras familias de la Élite, así que por favor, todos deben estar presentes. – ¿A qué se debe todo esto padre? Casi nunca dejamos que la gente venga aquí. – Rhys se expresa recio. – Bueno, creo que es hora de abrirnos un poco más, tendré contratos millonarios con esta reunión – explicaba con sus manos apoyadas en la mesa, entrelazadas entre sí. – Señorita – de improviso hablo Connor que solo se mantenía en silencio en toda la conversación.– usted – se dirigía a mí, y yo abrí los ojos de sorprendida, todos voltearon a mirarme y Alicia me pellizcó por atrás para que yo reaccionara. – ¿Sí, señor? – exclamé dando un paso adelante un poco nerviosa. Él cruzó los brazos y dijo. – Sírvame una taza de leche, por favor – la leche estaba tan solo a un estirón de él, ¿qué buscaba?, bueno nunca había trabajado con multimillonarios, ¿Todos eran así? – Sí, señor. Traté de mostrarme segura, mi trabajo estaba corriendo peligro, y tan solo era el primer día, cogí la leche pidiendo con permiso al acercarme al lado de Joe que se encontraba solo mirándome, seguro pensando en que iría a hacer. Mientras Rhys seguía en lo suyo bebiendo su café muy indiferente, en tanto el padre de ellos, miraba furioso a Connor por haberlo interrumpido. Me acerqué al lado del Joven Connor y comencé a echar la leche a su taza, cuando de repente él sostuvo mi brazo asustándome. – ¿Qué haces? – me acerca con fuerza a él, estábamos rostro a rostro, mientras sostenía la botella de leche con mi mano temblando y mis ojos se encontraban bien abiertos. – No te dije que combines mi café con la leche – me miró de una forma rara, era como que fingía estar fastidiado, pero en realidad no se le veía enojado a mi parecer, ¿Quería molestarme? – dije simplemente una taza de leche. – sonrió. – Hermano, no la molestes… – Trató de salvarme Joe – es nueva y está aprendiendo, además no especificaste. – Señorita ¿Cuál es su nombre?– Connor me soltó cuando habló el Señor August. – Claris Romney – Respondí con mi voz algo temblorosa – venga aquí – me dijo, y yo miré a Pamela y Alicia queriendo saber que hacer, y ellas con la mirada me decían que me mueva rápido. – Connor rodó los ojos y yo fui a ponerme de pie al lado del señor August con mi inevitable mirada gacha. – Míreme señorita Claris – sostuvo mi mano al improviso y me dio un beso en ella, en tanto todos se quedaron mirando anonadados tanto como yo. Yo me quedé completamente congelada, y él sonrió seductor. – Disculpe las discrepancias de mis hijos, sea Bienvenida y cuide muy bien de nosotros – me soltó. – Eh.. Sí, señor – contesté apenas, me sentí extraña era un hombre demasiado educado, pero parecía un claro Don Juan con mucha clase. – Bien hermosa, puedes regresar a tu lugar– yo regresé y aún no se me pasaba la tembladera, Pamela me tiró un codazo para recomponerme. – gracias con todos, pero tengo que retirarme – dijo mirando su reloj. – Ya están avisados todos, así que búsquense buenas parejas de baile y no falten por favor. – SÍ – replicaron en unisonada los tres hermanos. Después que se fue el Señor August, cada hermano comenzó a irse a sus respectivos trabajos. Yo aún no salía de la conmoción. – Apúrate– me apresuró Pamela para terminar de limpiar la mesa, claramente en esa casa todos eran muy inusuales. Acabamos de organizar el comedor a las 8:30 y Alicia me dijo que tenía que recoger las sábanas de dos cuarto correspondientes, que como era una tarea fácil me lo dejaba sola en mis manos, entonces fui. Ya acabado mi cometido, salgo al pasillo con mi canasta de sábanas en mano. Cuando de repente, inicio a escuchar extraños sonidos. Mientras más iba avanzando por el pasillo los sonidos se iban aclarando, ¿Eran gemidos, aquellos?, Se escuchaban voces de mujeres y la de un hombre. Hasta que escuché con claridad sus nombres, y “Mártin” llamó mi atención ¿Ese no es el cuarto hijo que aún no conozco? ¿Cómo es posible que hicieran aquellas cosas que estoy imaginando a estas horas?, yo refunfuñaba. Sabía que no debía acercarme, pero desde mi posición parecía estar la puerta abierta, entonces… pensé en ir a cerrarla. Me acerqué y lo pensé dos veces, la luz del sol saliendo de aquella puerta era como una atracción a mi curiosidad, no aguanté más al menos quería dar una ojeada. Y que casi me da algo, ver toda esa escena del trío. Doblé mis piernas a cada acción de tal Apolo de hombre, era tan sexy y lo estaba viendo completamente desnudo, obviamente no estaba bien, pero me quedé petrificada observando como un par de minutos, hasta que él volteó y pícaramente sonriente, dijo. – ¡HEY FISGONA! ¿Quieres participar? – mi corazón se me paró, al toque cerré la puerta y di media vuelta con mis ojos abiertos como platos de la impresión. – ¿Qué estabas mirando? – Choque con alguien que se encontraba al parecer un buen tiempo detrás de mí, alcé mi vista y era Rhys fijándome con una mirada totalmente altiva y despreciable. Mi cuerpo se puso tenso, un poco más se me doblan las piernas de toda esa conmoción, y ahora con él en frente de mí. ¿Qué debía hacer? De pronto eso no bastó para mi mal día, abrieron aquella puerta, entonces de estar viendo a Rhys volteé y miré a Mártin que estaba en la puerta. – Fisgona...– Exclamó él sonriendo y de pronto me sostuvo de la mano, haciéndome botar la canasta de los nervios – Ven aquí – dijo y me jaló tratando de meterme a su cuarto, pero a la vez sentí otra mano en mi otro brazo, Rhys me sostuvo deteniéndolo. Dirigí mi vista a Rhys y luego a Martín, los dos se fulminaban con la mirada a morir y yo quedándome en shock, me grité por dentro... "CARAJO". _________________ Hola soy Elemer(la autora) y les agradezco de todo corazón que estén leyendo mi novela❤️ #HermanosBrowm son mis más profundas fantasías❤️ Espero sus lindos comentarios ❤️ Atte. Las aprecia Elemer❤️
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