
Una mañana como cualquier otra, Abigail se ajustaba el uniforme para comenzar a servir mesas.
El aroma a café recién hecho inundaba el ambiente, era viernes, por lo tanto las parejas que se casaban en el edificio de enfrente entraban y salían del local.
Todo marchaba en total normalidad, cuando de repente un extraño calor la invadió, no era uno sofocante, uno más bien tibio la hizo estremecer de manera leve, luego llegó la sensación de familiaridad, una casi ajena.
Con aquella mezcla de sensaciones, entró un peculiar cliente, con quién casi sin querer entre café y café compartió seis historias, el le prometió una séptima.

