Desgraciada desde que nací.
Bueno, es muy exagerado pensar así pero casi. Tengo la piel demasiado sensible, si la presionas con la mínima fuerza posible no tardará en hacerse un moretón, si rasco inconscientemente, o me pellizco, esta zona se tornará roja y dolerá hasta que se inflame de manera débil pero notable. Ahora, ¿Qué pasaría si me tiraran el pelo de forma brusca y con toda la intención? Exactamente, el área donde Liam tiró se volvió casi exagerada, con una mezcla de picazón, ardor y mucho dolor.
— ¿Te sientes mejor?, ¿Duele mucho? —No es de extrañar que mamá se preocupe, me he vuelto muy descuidado este último tiempo. Dicen que con la vejez viene la sabiduría y aunque me cuesta admitirlo, me he vuelto sabía en el arte de mentir.
— Es solo un ligero dolor de cabeza
— ¡¿Ligero?!, Tienes la hielera completa en la nuca, ¿Crees que es un ligero dolor? - Ahora tengo que mirar hacia atrás tratando de restarle importancia con una excusa tonta
— Me até el pelo en una coleta muy alta y apretada, no es mi culpa que no pueda respirar sin inflamarme - presiono fuerte el hielo contra la zona roja - ya es suficiente, duele.
— ¿Por qué haces cosas que sabes que no podes?
— Porque soy muy estúpida, señora mamá— dije con vos de helio — Descuidada en cualquier caso
—Está bien —estuve de acuerdo —tú ganas hasta la próxima tontería —reí mientras me levantaba— me voy.
— ¿A dónde y con permiso de quién, señorita?, ¿O es que te mandas sola? - Asentí y me tiro con el almohadón desde la silla
— Quiero ir un rato al club, ¿Puedo? - Junté mis manos e hice mi mejor cara suplicante, ella fingió pensar - por favor, no te cuesta nada.
— Todavía no entiendo por qué te gustan tanto esos deportes masculinos, ¿Por qué no cantas o bailas?
— Ese es un comentario un tanto sexista, no debería asistir solo a clases de baile porque soy mujer
—Quieres permiso o no? - Dijo cruzando los brazos tratando de evitar el largo discurso de siempre - Asentí repetidamente
—Quiero que vuelvas antes de las 6:00 p.m., te voy a llamar a tu celular y espero que ya estés en casa. Me apresuré a agarrar la bolsa de deportes y saludar.
—Ten cuidado —Si, si nos vemos.
Una vez que estuve fuera de casa, empecé a caminar hacia el Olimpic Club, mi segundo hogar durante casi 1 año. Fue muy gracioso como llegué ah ese lugar. Mi tío, hermano de mi madre vio los primeros moretones, le dije lo que estaba pasando, él quería ir personalmente y buscar a Liam en su casa. Hasta que se dio cuenta de lo absurdo que sonaba. Liam tenía 15 años y, el 23, seguramente terminaría en la comisaría.
Después de mi confesión y de que su intentó de agredir a un menor se viera frustrado me llevó al Olimpic, un conocido suyo enseña en él.
Llegamos y solo dijo:
—Víctor, esta es Charlie
— Charlie este es Víctor—, salude con la mano— ok, todos se presentaron, enséñale como romperle la cara a un idiota— el instructor se rio muy fuerte.
— Amigo, yo enseño defensa personal, no promuevo peleas callejeras - Ricky agarró mi brazo y se lo mostró
— Un idiota se atrevió a hacer esto varias veces, y no puedo romperle la cara porque tiene 15 años —grito
—Ricky, entiendo tu frustración, pero solo puedo enseñarle a defenderse —examino mi brazo— aunque yo también quisiera partirlo en dos.
Me sentía muy pequeña en aquel momento.
Al día siguiente empecé mis clases. Al principio fue muy pesado, más tarde muy doloroso, luego intenté boxear y me encantó.
Tío Ricky pensó que me defendí de Liam hace mucho tiempo, evite que él pusiera a mi madre al tanto de la situación. Esa fue la primera vez que mentí.
El club se convirtió en el único lugar donde puedo soltar todo, donde todos los gritos, insultos y golpes los dejo a la bolsa. Donde puedo desahogar todas mis frustraciones sin lastimar a nadie.
Y hoy no sería la excepción. Más que enojada hoy me encuentro muy preocupada y asustada. Mi fuente de paciencia se está agotando. Últimamente he llegado a sentir sed, una casi segadora. Todos tenemos un punto donde algo se quiebra antes de explotar sé que yo no estoy exenta de esta regla.
Para cuando volví mamá ya estaba en casa, pensé que no llegaría tan temprano, su trabajo a veces exige demasiado tiempo.
Después de un baño rápido me senté en la sala, desde aquí puedo ver a Doña Mecha de un lado a otro en la cocina. No puedo evitar verla como la más grande de todas, quiero decir, realmente admiro el tipo de persona que es, siempre tan alegre.
Cuando ella y papá se divorciaron todavía lo amaba mucho, es porque el desamor no era el problema y tampoco fue una decisión fácil, cuando lo que está en juego es el respeto y la lealtad a uno mismo, el amor toma pasa a segundo plano. Mi padre no habría sido un hombre muy fiel, la había traicionado más veces de las que podía contar, simplemente ya no seguiría perdonándole todo. A pesar del gran cambio que trajo la separación, ella siempre se mantuvo feliz, siguió adelante, empezó a trabajar y todo.
Me gustaría tener solo una cuarta parte de sus fuerzas, poder ver lo malo con buenos ojos, hacerme respetar sin miedo a caer en violencia innecesaria.
Cuando los episodios se repiten en la escuela, voy a casa y lloro en la seguridad de mi habitación, donde nadie puede verme.
Una vez mamá llegó temprano como hoy, mis ojos estaban muy rojos y mi camisa rota en el frente después de un cruce con Evelyn en el baño de mujeres, no puedo evitar resoplar cuando recuerdo esa vez que grite por ayuda y nadie vino.
Cuando salí del baño una portera estaba del otro lado, no me miró directamente, solo bajó la cabeza y siguió barriendo como si no me hubiera escuchado o visto con la camisa desgarrada. No quería que me viera en ese estado, así que me escondí debajo de la cama fingí no estar en casa y cuando escuché cerrarse la puerta de su habitación, salí para no volver hasta la tarde en que mi horario de contra-turno terminaba, al cual no asistí. Vague por las calles.
Muchas veces estuve a punto de contarle lo que estaba pasando no por mí, sino porque no se merecía que su hija le mintiera de esa manera, pero no podía asustarla, se ve tan hermosa cuando sonríe, me da miedo que de alguna manera se culpe a sí misma
— ¿Mamá? – Se dio la vuelta con esa hermosa expresión suya - ¿Sabías que eres la mejor mamá que esta vida puedo darme?
— Por supuesto que sí – se paró con las manos en la cintura – quiero decir, soy una mamá genial – empezamos a reír y no pude evitar ir a donde estaba y abrazarla. Esta mujer es lo más preciado que tengo en esta vida, no dejaré que muera su alegría.
***
Toc, toc… Me removí en la cama. Toc, toc … — ¿Charlotte?, arriba Charlotte …
— No un rato más pensé, hasta que me sacudieron. — Charlie, arriba ahora - y me empujaron fuera de la cama
—¡Maaaaa! —me quejé, mientras me levantaba del suelo— hace frío.
— Bueno, con frío o sin él hay que estudiar, así que te vistes y desayunas. — Estuve de acuerdo, frotándome la cara
- Te acompaño a la escuela, ¿Está bien? - asentí de nuevo Después de recuperarme de la poco ortodoxa técnica de mi madre para despertarme, me abrigué bien, desayuné y ella me acompañó, obviamente caminando, ya que no tenemos auto. El camino estaba tranquilo y helado, hablamos sobre la cena de ese día y cómo sería mi cumpleaños de 15, hasta qué …
— Buenos días, Charlie—, mire hacia atrás, Izar, él se acercaba agitando su mano y con una enorme sonrisa. —¿Quién es? - pregunto muy curiosa
— Un compañero - dije, y se acercó a nosotras - Buenos días, ¿Mamá?, él es Izar - lo presente— Izar, ella es Mercedes, mi mamá.
— Encantada de conocerte Izar - extendió su mano, la tomó
— El placer es mío, Sra.
— Por favor solo Mercedes, ¿van al mismo curso? - Estuve a punto de responder, pero se adelantó
— No, en realidad no— comenzó a explicar— Soy de un curso atrasado, y Charlie me va a dar tutorías de Literatura para poder hacer equivalencias - lo iba a matar.
— Hija, no me dijiste que participaste en los tutoriales— Me interrumpieron nuevamente.
— Bueno, todavía no accedió a dar las clases, quería pensarlo un poco— le dedico una tierna mirada - aunque tuve que rogarle que lo considerara, ya que se negó desde el principio— y ya no parecía lindo - es que ella no fue informada de su recomendación - ahora me hablaba directamente, mientras jugaba con sus dedos —aunque no te ibas a sentir preparada para tal tarea, quiero que sepas que significa Mucho para mí que al menos te hayas tomado el tiempo para pensarlo.— inclino la cabeza a un lado y sonrió, me volví y noté que mi madre se derretía.
— ¿Charlie?, Creo que sería una buena oportunidad para explorar el campo de la docencia - ¿Docencia? Estoy segura de que solo le interesaba no dejar al cachorro indefenso.
— Está bien - suspiré— arreglemos los horarios más tarde— Izar no pudo evitar hacer alarde de esa charla, gritando tan fuerte que incluso los estudiantes que llegaban a una cuadra de distancia lo escucharon.
Mamá no podía dejar de reír, su actitud le parecía linda, se despidió de nosotros y se dirigió a casa, dejándome sola con el monstruo de azúcar.
— ¿Hay algo mal? - creo que no pude ocultar mi descontento — Sí, si me pasa algo - me prestó atención
—Te pedí que me dejaras pensarlo, ¿por qué tuviste que actuar así, frente a mi madre? - Frunció el ceño e inclinó la cabeza
— ¿De qué manera?
— Exactamente así, con esta actitud, —no pude explicarme - imposibilitándome a dar una negativa Se frenó lentamente y me volví para verlo
—Disculpame por haberte forzado de alguna manera - volvió a jugar con los dedos y miró al suelo —si quieres le puedo decir al profesor que me ponga con uno de los otros tutores - se veía afectado y ese fue un golpe bajo
* respiré hondo *
— Lo intentaré, solo te pido que tengas paciencia y sepas entenderme, ¿De acuerdo? - Asintió repetidamente.
— Está bien, ¿Piensa en establecer horarios para el segundo recreo, a la hora del almuerzo?, Dígame usted.
—A la hora del almuerzo –
«RING, RING… RING, RING»
Sonó el timbre de entrada, nos despedimos y trasladamos cada uno a sus respectivas aulas.
No sabía cómo resultaría eso, pero le pedí a Dios que me diera paciencia, por qué si me daba fuerza segura lo mato.
***
Cuando llegue a este mundo, lo hice al modo diva, de una manera muy dramática. El útero de mamá debió ser un lugar muy cómodo. Llegada la fecha estipulada del parto, todavía no quería salir, supongo que de alguna manera pude predecir lo caótico y peligroso que el mundo exterior podía ser, entonces resolví quedarme dos semanas más dentro en mi pequeño, cómodo y seguro hogar, donde el caos o el peligro no podían alcanzarme. De un momento a otro mi habitad se volvió asfixiante.
Llegó el momento de salir, pero a la hora de hacerlo realicé una mala maniobra, atorándome en el canal, tuvieron que usar forcé, me quedo una marca en la cabeza que se asemeja a la cicatriz de entrada de una bala. Pasé dos semanas en una incubadora por una pequeña insuficiencia respiratoria, en ese entonces mamá era muy joven, se asustó demasiado.
A consecuencia de aquello no tengo hermanos, al menos de parte de mamá. Cuando le pregunté por qué nunca tuvo más hijos su respuesta fue simple— «No es lindo ver a tu bebé en una caja de plástico con máquinas para poder respirar y no poder hacer nada» —me observó por un segundo y agregó —«Son cosas que entenderás cuando seas madre».
En ese momento la duda me asaltó, ¿Yo querría ser madre alguna vez? Entonces, ya que no tengo hermanos, nunca desarrollé la paciencia para lidiar con seres menores que yo, más aún cuando son tan curiosos como el que tengo frente a mí.
— La verdad no lo entiendo.
— No me gusta almorzar en el comedor, es todo - intenté disfrazar para Izar. No quería ahondar en los detalles de porque hice que caminara seis calles desde el establecimiento educativo hasta el Bar - pool – además es más tranquilo, sin tanto alboroto como en la cafetería.
— Bueno, eso es cierto —cafetería
La mesera se acercó a nosotros para tomar la orden, al retirarse, mi pequeño acompañante comenzó a dar algunas vueltas, divagando sobre lo que sea que le viniese a la cabeza, deseaba con cada fibra de mi cuerpo que tuviese un interruptor de apagado nunca vi que alguien hable tanto.
De un momento a otro solo hubo silencio, tal vez dio en la tecla off sin querer, se había quedado mirando a un punto fijo, estaba en la misma mesa que yo, pero, solo Dios sabe en qué parte del mundo andaba su mente. Hasta que…
—Puedo… ¿Hacer una pregunta?
— Depende, es sobre el temario?— negó
—Entonces no.
— Bien —se aclaró la garganta —entonces, ¿Qué horarios serían más cómodos?
— Podría ser a la tarde, los días que no hay contra turno, pero deberíamos terminar antes de las 16:00.
— Entonces, ¿A la hora del almuerzo dos días a la semana? — Exacto - paso saliva, asustado. — No creo que sea suficiente.
— Para empezar, estaría bien, también implementaré el dejarte tarea para casa - se encogió de hombros haciendo una mueca - vas a estar bien.
— Si lo crees
—No es que yo lo crea, si?, Somos un equipo yo te ayudo y vos me ayudas a ayudarte, ¿entiendes?
— Está bien Justo en ese momento llega nuestro pedido, para mí un café n***o y para el increíblemente un batido de banana con leche y galletas.
— Este no es un almuerzo apropiado - comenta, dándole un sorbo a su bebida «estoy de acuerdo», pero estando tan lejos no llegaríamos a tiempo para la próxima clase si pidiéramos otra cosa
— Bueno al menos yo tengo algo de calcio y potasio, tu solo tienes hipertensión arterial - esto último provoco que riera y escupidera el café. — Mira, y hasta te dan temblores - agarró un puñado de servilletas y me lo paso, a lo que yo tomé un puñado más y se los pase.
— Límpiate, tienes un bigote de calcio y potasio - soltó una risita y borro los restos de batido - nadie murió por tomar café n***o. — La verdad, no lo sé, pero, si vas a morir - hizo una pausa —que sea después de mi examen final por favor.
— Oh!!, Lo voy a tener en cuenta.
Nunca fui buena conversadora, pero admito que hablar con don batido, es agradable, a veces.
Pagamos la cuenta y emprendimos la marcha de vuelta. Empezó a hablar del clima, el paisaje, las personas… hasta que insistió una vez más.
—¿Puedo, preguntar algo? — Depende —me miro mal
—Está bien.
— ¿Contestarás? - asentí - ¿Segura?.
— Apúrate, antes de que mi opinión cambie— lo apresure
— ¿Por qué.? —dudó en completar la pregunta—¿por qué te dejas tratar de esa manera? - lo miré, pero no me detuve
—¿Por qué no le dices al director, a tus padres, o a los de Liam? Suspiré, creí que aria una pregunta tonta o personal de índole vergonzoso, me agarró de sorpresa.
— Viste lo que pasó en clase? - asintió - entonces también prestaste atención a sus bromas pesadas, y a la reacción del profesor D'Luca, ¿Verdad? - asintió - bueno, eso es lo único que voy a conseguir si voy con algún adulto, las autoridades o sus padres, solo le darán un regaño, y a mí casi una paliza horas más tarde.
— Pero, se debería hacer algo —sonreí con ironía.
— Izar, hay miles de cosas que se pueden hacer, claro - hice una pausa - ¿Crees que los directivos, profesores o sus padres no están enterados? - estábamos a media cuadra - ¿Crees que soy el primer caso?
— No te entiendo
— Trato de explicarte lo obvio - hice una pausa - el acoso existe, y nadie hace nada, el maltrato físico y psicológico crece cada día, y los compañeros, profesores, directivos y padres no hacen nada - me tembló un poco la vos - solo apartan la mirada, y hacen de cuenta que nada pasa.
— ¿Y tu mamá? - se frenó frente a las puertas - si le cuentas, ¿También apartaría la mirada? - negué — No lo haría, pero se culparía a sí misma por no darse cuenta – tome aire - solo mi tío lo supo cuando empezó todo - —¿Y qué hizo?
— Me llevo a clases de defensa personal - me miro mal - después me fascinó el boxeo, me gusta descargar con la bolsa —, mire al suelo mientras jugaba con los tiradores de mi mochila - él… Cree que puse a Liam en su lugar hace tiempo, pero…
— No lo hiciste, - asentí-increíble, podrías partirlo en dos si quisieras, pero no - negaba con la cabeza - ¿Por qué no te defiendes?
— ¿De qué voy a defenderme?, todavía no entiendo que hice para ganarme su odio - lo hice girar para ver de frente el gran portón - de este lado este es un problema menor, acá afuera soy una boxeadora que puede noquearte arriba de un cuadrilátero en 3,2,1… Pero ahí adentro, soy la que no quiere problemas, la que no cree en arreglar todo a los golpes… soy una más en ese mundo paralelo donde quien domina es Liam. Lo apuré a entrar, y seguimos caminando por los pasillos.
— Entonces empezamos mañana - no me prestaba atención, ya que estaba agitando la mano en señal de saludo, Seguí la dirección de su mirada una pareja se encontraba sentada en uno de los canteros - ¿Quiénes son?
— Él es Elliot, es nuevo en mi curso y ella no sé, pero - sonrió de manera tonta - él la sigue desde que llegó, parece que no habla mucho, da miedo …
— ¿La forma en que parece acosarla?
— No, no, no… — empezó a reír - es que… Supongamos que la saludas, ella solo te observa, es como un témpano de hielo.
— Tal vez, solo es callada o tu amigo es el raro… — aventure a decir, tocó la campana - bueno, mañana a la salida. Sé puntual— Asintió, y de nuevo comenzó a divagar entonces me despedí y cada uno se dirigió a sus respectivas clases.
Iba entrando a el aula cuando de repente, caí de lleno al suelo. Dolió.
Los ojos se me llenaron de lágrimas y las risas de aquellos que se encontraban como espectadores no se hicieron esperar.
Puedo noquear a quien sea afuera, pero no soy nadie en esta fortaleza llamada escuela. Aunque esta vez algo se sintió diferente. Una sed más intensa.