En mi camino de regreso a mi habitación me topé con el gran sabio, creí que me preguntaría sobre mi decisión, pero no fue así, me dedico una pequeña sonrisa y siguió su camino.
Una vez en mi cuarto decidí que era hora de tomar una decisión, mañana se vencía el plazo que me dio el gran sabio, tenía que elegir si quedarme más tiempo o regresar a casa. No era una decisión fácil y menos después de lo que me dijo Madam Mystic, según lo que ella me dijo yo debería quedarme.
¿Es realmente necesario que yo encuentre a la persona de mis sueños? ¿Quiero seguir adelante con eso?
Siempre quise saber por qué no podía ver el rostro de esa persona, pero no conocer a esa persona. Ahora que sabía que era una persona real ¿vale la pena conocerlo?
Soy demasiado indecisa para tomar una decisión, lo mejor que puedo hacer es una lista de pros y contras, las listas siempre me ayudan a aclarar la mente.
Después de una hora con mis listas solo tengo 3 cosas en el lado de pro:
•Descubrir más sobre mis sueños
•Pasar más tiempo con Helios
•Ver a Helios desnudo
Dos de mis pros tenían que ver con Helios, debería darme vergüenza. Mis contras eran más que los pro
•Castigos
•Tener que pasar 3 meses bañándome con agua helada
•Estar 3 meses más sin internet
•3 meses sin comunicarme con mi familia
•Los castigos físicos desagradables
Era muy claro que mi miedo a quedarme eran sus castigos, ni siquiera podía imaginar que alguno de esos viejos me tocara, me parecía desagradable, pero que pasaba si era Helios el que debía hacerlo. Hice las listas para aclarar mi mente, pero aún consideraba quedarme, yo quería quedarme para estar cerca de él un poco más.
¡Dioses de las buenas decisiones mándenme una señal para saber que hacer!
Toc, toc
Al escuchar el sonido de mi puerta di un brinco.
Eso fue rápido
Abrí la puerta y vi a Helios de pie con un plato de frutas en la mano.
—Helios ¿qué haces aquí?
—¿Puedo pasar? —preguntó
—Sí, entra.
Me aparté de la puerta y lo dejé pasar, cuando estuvo dentro de la habitación cerré la puerta.
—No sabía si hablas comido algo así que te traje un poco de fruta.
Estiró el plato y me lo ofreció.
—Gracias, Helios.
Tomé el plato y vi que eran puras fresas, me senté en la cama y comencé a comer.
Helios estaba parado frente a mi observándome fijamente, parecía que quería decirme algo, pero no se animaba.
—Deja de dar vueltas y dilo — dije
—¿Qué? — preguntó Helios atónito.
—Dime lo que viniste a decirme, se nota que estas luchando contigo mismo para decir algo así que dilo y ya.
Helios se quedó mirándome fijamente sin decir nada, solo estaba ahí parado observándome comer las fresas. Comencé a sentirme nerviosa.
—¿Vienes a contarme lo de la tarde? Si es tan difícil decirme la razón por la que fuimos sin permiso a la aldea entonces no lo digas, agradezco que me llevaras y no te presionare por eso.
—Había olvidado eso — respondió Helios. —Prometí contarte y lo olvidé
—Si no vienes a hablarme de nuestro escape de hoy ¿a qué viniste? — pregunté confundida.
—Yo no pedí permiso para ir a la aldea porque sabía que me iban a decir que no, yo te había prometido ayudarte y no quería fallarte. — respondió Helios.
No quería fallarme.
Se me hizo un nudo en el estómago, al escucharlo decir eso. Helios seguía caminando de un lado al otro mientras hablaba.
—Cuando llegamos le dije al gran sabio que quería llevarte a la aldea y él dijo que yo conocía las reglas y no podíamos ir a visitar el pueblo a cada rato. Tenemos visitas fijas programadas y no sería bien visto que un hombre del templo de alto rango viaje solo al pueblo con una mujer, por eso no pedí permiso y por eso nadie puede saber que fuimos.
—Está bien, yo no le diré a nadie, tranquilo. Ahora dime a que viniste a mi habitación.
—Vine a ver como seguías. — respondió Helios sin mirarme.
—No es cierto, me estas mintiendo. Dime qué pasa, me estas poniendo nerviosa.
—Vine a despedirme, pero no sé qué decirte. — respondió con una sonrisa triste.
Sentí que se me rompió el corazón al ver esa expresión de tristeza en su rostro, jamás creí que Helios pudiera sentirse triste por mi partida.
—Creí que me odiabas y estarías feliz de no volverme a ver nunca más en tu vida. — dije en tono irónico.
—Sí, yo también creí que sería así, pero aquí estoy. Sintiéndome mal por no volver a verte nunca más. Eres la primera amiga que he tenido en mi vida y me entristece saber que nunca más volveré a verte.
—Entonces vamos a despedirnos apropiadamente. — dije con una sonrisa, mientras una lagrima rodaba por mi rostro.
—¿Cómo? — preguntó Helios.
Yo abrí los brazos esperando que él comprendiera que me refería a un abrazo, pero él se quedó parado mirándome sin moverse.
—Me refiero a un abrazo, muévete y ven a abrazarme, idiota. Ven a mi antes de que me arrepienta. — me quejé.
Helios se rio y avanzo hasta mí y me rodeo con sus brazos en un cálido abrazo. Yo recosté mi cabeza en su pecho y nos quedamos así por unos minutos. Helios se sentía tan cálido, podía escuchar los latidos de su corazón y por un momento me sentí completamente plena.
Nos separamos y Helios me di unas palmadas en la cabeza, como si yo fuera un perrito.
—Fue bueno conocerte, gracias por todo lo que hiciste por mí en tu mundo. — dijo Helios con una sonrisita.
—De nada, puedes ir a visitarme cuando quieras.
Helios me dedico una sonrisa triste y abrió la puerta.
—Adiós, Thea.
—Adiós, Helios.
Se fue y yo me quede parada viendo la puerta, me dolía saber que estar seria la última vez que estaría con Helios.