Narra Damián
Después de salir del trabajo me fui a casa de mi padre, no quiero estar solo en aquel departamento que compartía con Maricela, siento que me voy a derrumbar. Además, aquí están mis hermanitos, quienes están felices de verme.
—Quelo ve película de princesas. —Dice la pequeña Dani con su lida sonrisa.
—No, yo quielo ver el elefantito. —Son tan lindos.
Nunca tuve un hermano con quien llevarme bien o pelear por cosas como esta, ya que Hilda llegó grandecita, y aun así me quiso como a un hermano, cuando yo creía estar enamorado de ella.
—No discutan, para eso hay tiempo. —Y ahí está ella calmándolos.
—Princesas. —Dani se cruza de brazos y hace un tierno pucherito.
—Elefantito. —Angelito copia su acción.
—¡Dios! Son difíciles. —Eso me causa gracia y veo como me fulmina con la mirada.
—¿Qué te parece divertido? —Sin duda la quiero mucho.
—Que tan pequeños y discuten por las películas. —Le digo y suelta un bufido.
—Hagamos esto, primero veamos una de princesas y luego la del elefantito. —Dice a sus hermosos hijos y ellos asiente sonrientes.
Como me habría gustado tener un hijo con el amor de mi vida. Pero parece que estuviera en una especie de un mal sueño.
Pero sé que es mi realidad.
Le ayudé a Hilda a preparar palomitas de maíz y serví jugo para mis hermanitos y para ella.
Una vez iniciada la película, me concentré en mi movil, viendo las fotos que nos habíamos tomado Marisela y yo.
Como te extraño, amor, quiero sentir tus labios y escuchar tu tierna risa.
—Sólo dale tiempo. —Miro a Hilda y sonríe cálidamente, pareciera que leyó mi mente.
…
El día pasa lento y aun faltan 2 días para confirmar lo que es obvio. No puedo concentrarme en el trabajo. Así que tomé mi saco y salí de la oficina, necesito aire fresco.
—¿A dónde vas? —Me encuentro con mi padre en el pasillo.
—A dar una vuelta, siento que me sofoco en la oficina. —Sé que él me entiende.
—Sólo cuídate. —Dice y asiento.
Salgo del edificio y me subo a mi carro, aun no sé a donde ir.
…
Al fin me detuve en una plaza comercial, entré a un restaurante de comida rápida y pedí una hamburguesa con papas.
Estaba sumergido en mis pensamientos, cuando una risa en particular me hizo mirar de donde provenía. Y era ella, se ve tan radiante. Y algo llamó mi atención, estaba con un tipo que no dejaba de coquetearle. ¿Es en serio?
Siento como hierve mi sangre al ver como toma su mano y ella no hace nada por retirarlo.
Me levanto de mi lugar y estoy por ir hasta donde se encuentran y dejarle en claro que ella aun está conmigo, pero me detengo al recordar las palabras de Hilda, debo darle su espacio, sé que me ama y no buscaría a otros.
Debo de confiar en ella. Miro por ultima vez y ya no sostiene su mano, eso me tranquiliza un poco.
Pago la cuenta y salgo de ahí antes de que pierda la cabeza.
—¡Damián! —Es su hermosa voz quien me está llamando.
Trato de ignorarla, no quiero ver su triste mirada por culpa de ese malentendido.
—Espera. —Me alcanzó a pesar de que estaba caminando a pasos apurados. Me detengo y tomo todo el valor que puedo y me giro para mirarla.
—Hola. —La saludo tratando de sonreír.
—¿Qué haces por aquí? ¿no deberías estar en tu trabajo? —¿En serio? ¿Ni siquiera un saludo?
—Yo vine a comer. —No quiero molestarla con mi dolor emocional, no lo merece.
—Entiendo. —Trata de no mirarme.
—Me hice la prueba de paternidad y en dos días darán resultados. —Digo con seguridad y ella me mira algo sorprendida.
—¿Y si es tu hijo? ¿Qué harás? —Siento dolor en sus palabras.
—Estoy seguro de que no será así. — La miro con una leve sonrisa y ella aun no está segura y puedo comprenderla.
—Eso espero, porque yo… —Somos interrumpidos por ese idiota.
—¿Todo bien? —Me mira con odio y después cambia con ella. Imbécil.
—Si. Sólo estaba saludando a un… —Me mira y sé que no dirá que soy su casi esposo.
—Se nos hará tarde para el viaje. —¿Viaje? ¿A dónde? Ella asiente y se despide de mí dejándome solo y con un dolor en el pecho.
Sólo espero que entre esos dos no haya nada o me terminaría de derrumbar.
…
Estos tres dias se me han hecho una eternidad, ya que hoy sabre o mas bien, confirmaré que no tiene nada que ver conmigo.
Así que aquí nos encontramos Mercedes y yo en espera de recibir una grata noticia.
—Pasen por favor. —Nos indica la recepcionista y así lo hacemos.
Tomamos asiento. Estoy muy nervioso porque ya nos digan de una vez que ese pequeño no es mi hijo.
—Bien, aquí tengo el resultado. Por favor firmen. —Así lo hacemos y me entregan el sobre. Agradecemos y salimos del consultorio.
—¿No piensas abrirlo? —Me dice al ver que lo he guardado.
—No aquí. Quiero hacerlo delante de mi familia. —Le respondo con frialdad.
—Sólo para confirmar que no lo es. —Sonrío con ironía y la veo molestarse. Para la lo que me importa.
Salgo sin esperar por su respuesta. Me subo a mi carro y manejo, hasta llegar a casa de mi padre.
…
—¿Y bien? —Hilda se ve más nerviosa que yo.
—Tranquila. Sabemos que no lo es… —Abro el sobre y lo miro sin poder creer el resultado.
—Positivo. —Esto no puede ser. Pero ¿Cómo?
—¿Qué? —Me arrebata el papel de las manos y yo aun sigo en shock.
—Es verdad. ¿Qué harás? —Me pregunta con curiosidad.
—Encargarme de él, pero no quiero nada con tu “amiga” así que dile de una vez que no se acerque a mí, porque aún tengo planes de casarme con la mujer que amo. —Y es verdad, espero que esa mujer no se haga ilusiones conmigo.
—Te entiendo. —Me mira con cierta tristeza.
Esto no tiene porque cambiar las cosas entre Maricela y yo.