—¿Madi? —Cameron pronunció su nombre con tanta fiereza, que Nathan y ella se asustaron— ¡¿Qué agradable sorpresa verte aquí?! —le sonrió sin humor. Ella lo miró de pies a cabeza, estaba un poco alterado. —Hola, Cam —le saludó con la mano, frunció el ceño al verlo tan desaliñado. —Parece que las costumbres inglesas las perdiste en América —él le hizo una mueca de desaprobación. —¿A qué te refieres? —Madison preguntó un poco confundida. —En Londres tienes que llamar primero para visitar, eso es lo que hacemos aquí, ¿sabías? —No seas descortés, Cam —lo regañó su abuelo, tosiendo un poco. Madison dio un suspiro de exasperación. —Lo hice —entornó los ojos—, solo que no sabías que vivías aquí. —No vive aquí, solo está de visita como tú —Nathan miró a su nieto con cara de pocos a

