Ana
Mi vida ha sido un poco dura, no lo digo para dar lástima no claro que no, a pesar de que soy muy tímida con la gente, soy una mujer fuerte e independiente, tengo 25 años y me e pasado más tiempo sola que con mi familia, mi madre murió cuando yo era muy pequeña, y mi padre su gran solución llevarme a un internado, si es verdad me crié entre monjas y mi vestimenta es muy a corde al internado, por qué ella no me iban a enseñar de moda y apesar de ser una chica fuerte le tengo terror a mi padre, pues es agresivo cuando toma, o pierde en el juego pienso que jamás amo a mi madre, ella una chica hermosa y una heredera, para desgracia de mi padre, yo soy su única heredera o mi desgracia, trato de pasar más tiempo con las monjas, ya no soy alumna pero no puedo estar en el mismo lugar que el sin que me ofenda, salgo a comprar algunos lienzos ya que me fascina pintar.
—Disculpe señorita, pero su tarjeta no pasa.
Yo frunzo el entrecejo, eso no es posible mi padre tiene mucho dinero, y para mantenerme alejada a él no le pone límites a mi tarjeta.
—Que vergüenza, ¿me permite hacer una llamada?
—Claro adelante.
Trato de comunicarme con el, y todas las llamadas entran directamente al buzón, yo solo suspiro llamo a su oficina espero este ahí, me contesta una voz que conozco perfectamente, si Liam la mano derecha de mi padre, un hombre extremadamente serio, inteligente, y sobretodo muy guapo con su cabello rubio y esos ojos verdes que se ven tan fríos, le explicó la situación y si demora el acepta pagar mis cosas dios, que vergüenza estoy pasando, cuando llega me pide que espere en el auto y yo lo hago, llega con mis cosas y sube al auto, me invita un café y estoy demasiado tentada a aceptar, pero se que si mi padre no me encuentra en casa, me va a ir muy mal así que declinó.
Llegamos a casa y efectivamente, mi padre ya está ahí esperando, pero con solo verme entrar y cerrar la puerta se lanza sobre mi, me volteo de una bofetada y dios me arde mi cara.
—¿Dónde diablos estabas?
Ni siquiera me da tiempo a contestar, cuando se vuelve a lanzar sobre mi, diablos mi cara arde, cuando veo como se habré la puerta y entra Liam, mi padre lo tiene en alta estima, aparte de que es el quien mantiene la empresa a flote, así que le cree a él y no me importa Liam es un chico responsable, pero a escondidas de mi padre estudie negocios y finanzas, el jamás fue a mi graduación, y su estupido pensamientos machista no lo deja ver qué soy una mujer muy capaz para trabajar en su empresa, deja que me vaya a mi recámara, con la advertencia que no me quiere ver, suena mi celular un número desconocido con un mensaje.
—¿Estas bien? soy Liam.
—Si estoy bien, no te preocupes ya estoy acostumbrada.
—No deverías, nadie tiene derecho a tratarte así.
Yo solo suspiro y sonrió, vaya es todo un caballero, pero tal vez solo sea una fachada nadie sabe.
—Podemos tomar ese café mañana, necesito platicar algo muy importante contigo.
—¿De que se trata? no salgo mucho.
—Deberás es importante, es sobre tu padre.
—Vale, mañana te veo en el café que está a la vuelta de tu oficina.
—Perfecto, te veo mañana dulces sueños.
—Buenas noches.
Me tiro en mi cama, me arde la cara mi padre trato de enseñarme que el hombre siempre tiene la razón, amo a mi padre pero esos pensamientos son del siglo pasado, nunca le e mostrado realmente como soy, siempre e sido callada y acato sus órdenes, pero por qué me aterra que me trate como ahora, si tuviera mi propio dinero ya me hubiera largado de esta casa, estoy cansada de sus borracheras, que llegue a casa con putas como si fuera un maldito hotel, suspiro y me levanto voy hacia el baño veo mi rostro en el espejo está rojo, dios ahora sí se pasó, si no llega Liam no se que me hubiera echo, me meto a la ducha y dejo que el agua me relaje, salgo y solo me pongo mi pijama y caigo rendida.
Abro mis ojos lentamente, se que es temprano ya que todavía no cala los rayos del sol, me pongo mi ropa deportiva y me meto al gimnasio, si en un costal de boxeo descargo todo el coraje que tengo, al no poderle responder de la misma manera a mi padre, dos horas después salgo directo a la mesa ya que si no llego a tiempo pasa lo mismo que anoche, suspiro al verlo sentado tan fresco como una lechuga.
—¿Dónde estabas?
—En el gimnasio.
—No se para que, si eres fea dios te as visto en un espejo.
Bajo mi mirada, según mi abuela soy igual a mi madre, ven por qué pienso que el no amaba a mamá, por las expresiones que tiene conmigo, yo no le hice nada pero creo el solo haber nacido le molesta, el susurra algo que no logro entender.
—¿Que dijistes?
—Nada, que yo no se cómo algún día te puedas casar, no se quién se fijaría en ti.
Yo levanto mis hombros restándole importancia, y es la verdad no me interesa en lo más mínimo si alguien llega a quererme, soy feliz ahora conmigo misma, así que tampoco me interesa mucho la opinión de mi querido padre, me levanto por qué el hambre se me quitó, y sinceramente no quiero seguir viendo su cara.
—¿Adónde crees que vas? termina de desayunar.
—Lo siento se me quitó el hambre.
Cuando me voy a retirar, el se levanta enfadado tira su servilleta en la mesa y me detiene del brazo, ejerce demasiada presión que me lástima, yo trato de soltarme pero el aprieta cada vez más, me dice con sus dientes apretados.
—Sientate y terminar de desayunar, ¿o crees que soy un perro para desayunar solo?
Lo veo con una ceja alzada, con ganas de contestarle que si, se merece no tener cerca a nadie, vuelvo a tomar asiento, pero no desayuno solo lo observó, cuando veo que termina y está por levantarse, hago lo mismo, pero el me vuelve a detener.
—Asi te debes de comportar, obediente por qué cuando te cases debes de obedecer a tu marido.
Yo le sonrió burlona, y el lo nota por frunce el entrecejo.
—Claro padre, siempre obediente.
Jalo mi brazo para que termine de soltarme, y yo por fin me pueda ir subo las escaleras, cuando voy a mitad me grita.
—En la noche ten la cena lista, tengo que hablar algo muy importante contigo.
Yo solo volteo y asiento, no se que le pasa jamás había mencionado tantas veces el matrimonio, a él que le importa si me caso o no solo falta eso que se meta en cosas que no le deben de importar, me voy a arreglar ya pronto es la hora de reunirme con Liam, me tiene muy intrigada que me quiere decir, solo que no sea algo malo, que de cosas malas mi vida está rodeada, suspiro y termino de arreglarme, llame un taxi no quiero que mi padre sepa a dónde voy no quiero más problemas le doy las indicaciones al taxista y si darme cuenta ya estamos frente de la cafetería, me bajo y pago cuando me voy acercando puedo ver a Liam, perdido en sus pensamientos y no es consciente en como las chicas a su alrededor lo ven, claro quien no, me acerco y carraspeo.
—O lo siento Ana, estaba distraído pero toma asiento, gracias por venir.
—Si me di cuenta, no te preocupes pero estoy intrigada, ¿que querías hablar conmigo.
Su sonrisa que por cierto es muy linda se borra, dios tan malo es, me ve y suspira si creo que si es muy malo.
—Verás Ana, hay muchas cosas en las que yo no estoy de acuerdo con tu padre, solo lo apoyo por qué trabajo para el y me paga muy bien, pero metió en problemas a la empresa, y está en la ruina.
—¿Como que en la ruina?
—Asi lo perdió, todo hizo inversiones que yo o le dije que era muy arriesgado, pero no me escucho.
—¿Pero que tiene que ver qué haga inversiónes? digo el capital de la empresa es aparte, eso es lo que la sostiene.
—Vaya, aparte de linda inteligente ¿sabes de finanzas?
—Un poco.
—Creo que sabes suficiente, pues ese capital fue el que invirtió, le dije que no estaba bien ya que la bolsa siempre es inestable, pero no me escucho y a perdido la empresa.
Dios, esa empresa era de mi madre fue parte de su herencia, y ahora como piensa levantarla de nuevo, necesito toda la información y creo que Liam está dispuesto a darme la ya como el lo dijo nunca estuvo de acuerdo con mi padre, pero como siempre el no escucha consejos de nadie.