Voy a platicar un poco de mi, mi nombre es Liam Rodríguez, tengo 27 años y actualmente trabajo como mano derecha, del ceo de una de las empresas más reconocidas en todo el país, pero realmente mi sueño es llegar a ser un ceo, por lo pronto tengo que trabajar muy duro, ya que ayudo a mi madre a pagar las universidades de mis hermanos más pequeños, que ya no son pequeños, y que son un grano en el trasero, si los amó inmensamente, pero se meten en tantos problemas, que me sacan canas verdes, bueno no literal, pero poco falta para eso, mi padre murió cuando yo era muy joven vivíamos en una hacienda preciosa, pero nos tuvimos que mudar, y no me pesa nada de esto al contrario, mi hermana Diane es mi princesa, pero más parece príncipe, ella se mete en cada apuro, escucho que me llaman.
—Liam tienes que cancelar la reunión con los inversionistas de Japón, dile a la secretaria que lo haga, y ven a mi oficina.
—Si señor.
—Mary cancela la reunión con los inversionistas, dile que nosotros nos ponemos en contacto con ellos, para reagendar, por favor.
Mi jefe siempre así en su vida sabe decir un por favor, yo solo suspiro y me dirijo a su oficina, no se que problema habrá ahora que lo tiene tan nervioso.
—Liam, estamos en problemas, la bolsa se cayó y perdí mucho dinero, no se que voy hacer, no le puedo decir eso a los inversionistas, tiene que a ver una solución.
Camina de un lado a otro, por toda la oficina, mi jefe es la peor persona que pude conocer, y dirán por qué aguantar tanto, fácil mi familia el desgraciado me paga bien, obvio yo hago su trabajo el solo se la pasa gastando dinero, en mujeres y el juego, pero eso es lo único que le interesa, el dinero no piensa en nada más, lo veo que se detiene y chasquea los dedos, creo que la ardilla si giro y ya tiene una idea espero que sea buena, yo le dije que no invirtiera todo el capital en la bolsa, pero bueno es su dinero, me da la sonrisa más aterradora, ¿este que piensa hacer?
—Liam, que estupido como no lo pensé antes.
Bueno eso no se lo voy a discutir, si es un estupido, mira que perder todo.
—La herencia, mi hija claro ella es la solución, a todos los problemas.
Este viejo perverso que piensa hacer, ahora sí me interesa la plática, Ana es su hija ella es preciosa, cuando la vi lo juro fue amor a primera vista, pero su timidez y mi miedo al rechazo, no me deja ni siquiera invitarla a salir, como sería yo capaz de tal cosa, es la hija de mi jefe pero este señor no tiene escrúpulos y jamás a querido a su hija.
—¡Si Liam ella es la solución! mi hija es la heredera universal de mi difunta esposa, y ella me tiene que dar la herencia, solo que hay una cláusula que cumplí, pero ese no es problema digo mi hija no está de mal ver, solo le hace falta quitarse esa ropa tan anticuada que usa, si esa es la solución, ¡ay que buscarle marido! y tú me vas a ayudar.
Yo comienzo a negar, este viejo está completamente loco como cre que va a obligar a su hija a casarse, y ropa anticuada pues como quiere que se vista, si la pobre toda su vida estudio en colegios de monja, no es como que las monjitas le enseñan moda o algo por el estilo, definitivamente se le safo un tornillo.
—Señor, yo creo que primero debe de hablarlo con su hija, digo ella es un adulto, capaz e independiente, y la verdad yo no creo que acepté, y menos si usted le escoje el marido.
—Yo a esa estúpida no tengo que preguntar nada, ella tiene que acatar órdenes, y listo para eso fue educada, para obedecer y calla, ella aquí no tiene ni voz ni boto.
—Bueno señor, pero ella no es la culpable de los malos manejos que usted le hace a la empresa, además yo sé lo advertí que no era buena idea invertir todo el capital.
—Bueno muchacho ¿de que lado estás? recuerda que el que te paga soy yo no mi hija, mi hija no sabes ni que existes, así que ponte a trabajar, un rato más te mando la lista de los posibles candidatos.
Sale como si nada de la oficina, pues claro ya encontró solución a sus problemas, pero esto no está bien como va a obligar a su hija a casarse con sabe dios quien, por qué no creo que su círculo de amigos sean chicos de la edad de Ana, tengo que hacer algo y no se que puedo hacer, suena el teléfono de la oficina y es extraño por qué es la línea directa.
—Hola.
—Hola bueno tardes, ¿supongo que eres Liam?
—Asi es ¿quién habla?
—Hola Liam, soy Ana está mi padre, nesesito hablar algo urgente con el.
—No lo siento, Ana acaba de salir.
—Hmm y aviso a dónde iría.
—No lo siento Ana, pero el es el jefe a nadie le da explicaciones.
—Vale, solo le hablaba por qué necesito comprar unos materiales, y mi tarjeta fue rechazada, le podrías avisar por favor, me da pena con la vendedora, no tengo efectivo.
Ay pero si mi buena suerte está a la orden del día, por dios sería un motivo para platicar con ella, tratarla un poco conocerla más, eso me encantaría.
—Mira, aré algo mejor porque no me dices donde estás, y yo voy y pago tus materiales, y te llevo a casa sana y salva, ¿te parece?
La línea se queda en silencio, pero escucho un suspiro.
—¿Arias eso por mi? de verdad que pena, pero es que no cargue nada de efectivo, te mando la dirección por mensaje, y Liam gracias.
—No te preocupes, no es nada, llegó lo más rápido que pueda.
Cuelgo el celular y me llega el mensaje, no es muy lejos de la empresa, agarro mi saco y corro al coche, todavía sigo pensando que aré para que mi estupido jefe no haga semejante idiotez, como hay padres que no merecen ser llamados de esa manera, el la ve solo como un negocio, una transacción más no piensa en lo que ella pueda sentir, no solo que ella tiene el poder de sacarlo de su apuró, si mi hermana fuera su hija, ya le hubiera cortado las pelotas aunque el fuera su padre, por eso es que yo no estoy de acuerdo con la forma de pensar de el, pero como el dijo el me paga y yo no puedo hacer nada, llegó a la tienda veo que es material para pintar, vaya está chica es un estuche de sorpresas.
—Hola Ana, ¿cuánto es lo que se debe?
—Que pena contigo Liam, pero ella es la vendedora y gracias.
—No te preocupes, si quieres ve al coche en lo que yo pagó.
—Claro.
Ella se va y yo líquido la cuenta, no es gran cosa pero por lo que veo ya los bancos cancelaron todas las cuentas, vaya que el viejo está en graves problemas, llegó al coche y ella ya me espera, me regala una sonrisa tímida, y ese detalle es lo que más me gusta de ella, obvio ella ni enterada.
—¿Te gustaría tomar un café?
—No muchas gracias, solo quiero ir a casa si papá llega y no me ve se pone como loco.
—Esta bien, pero otro día me encantaría invitarte un café.
—Claro, amo también me gustaría mucho.
Llegamos a su casa, yo no quería entrar, pero cuando me doy la vuelta escucho gritos, y llantos.
—¡Eres una maldita golfa, igualita a tu madre donde demonios estabas, no sirves para nada eres una inútil, pero ya está decidido por fin me desare de ti!
—Papa por favor no digas eso, solo fui a comprar cosas para pintar es todo.
Ella llora desconsolada, entonces no aguanto más, ingreso a la casa y se los juro quiero matar al maldito viejo, pero tomo unas respiraciónes para controlarme.
—Señor, la señorita Ana no estaba haciendo nada malo, yo fui a pagar sus cosas ya que su tarjeta la declinaron, no se moleste con ella.
Le hablaba lo más tranquilo que podía por qué si por mí fuera le rompería toda la cara el solo respira y ve a su hija con tanto odio no entiendo porque, es su única hija.
—Retirate a tu cuarto, y no te quiero ver, gracias muchacho mañana te veo en la oficina, buenas noches.
Yo solo asiento y me retiro, tengo un nudo en mi garganta y es de coraje de no poder defenderla como se merece, pero algo se me ocurrirá, no por nada manejo una de las empresas más importantes del país.