Brent
En el momento que deje ir a Jana fue lo mejor, un minuto más y es seguro que la hubiese tomado de la muñeca y llevado a otra sala para estar solos y buscar devorar sus preciosos labios ese vestido que hace resaltar partes de su cuerpo lo tengo clavado en mi memoria, gruño apretando los puños. Por consiguiente, me giro para ver la escena caliente que hay todo esto lo disfruto ver, pero ahora mismo siento todo lo contrario no veo nada que me inspire a quedarme; así que me retiro sin que me vean, total este espacio es de mi cliente exclusivo.
Cuando voy pasando las cortinas doradas detallo el club, visualizo al personal de seguridad atentos a todo, no puedo darme el lujo de bajar la guardia mi jefe Marco tiene enemigos que lo quieren ver morir en el fango en mi caso no es bueno, necesito tiempo un poco más para tener lo que anhelo mi propio negocio lejos un poco de las drogas, prefiero las armas eso me llama más la atención; pero no puedo hablar esto con nadie por más que lo desee, dejando de lado mis pensamientos noto un pequeño cumulo de gente agolpándose en la zona de la barra eso me sorprende.
Por lo que no dudo en avanzar, hasta llegar cuando llego hay un tumulto de hombres y mujeres viendo algo que no logro ver, pero empujo a la gente para pasar importándome poco las quejas de las personas a mi alrededor es ahí donde mi molestia se incrementa y más al ver a Jana alias Stella beber licor en una botella algo descontrolada, eso no me agrado en absoluto y me aproximo a mi problema.
Al parecer esta con otro chicos que conozco por ser bailarín como gay, todo en su atuendo lo delata bebe con ella como si fuera una competencia de mejor resistencia, cosa que niego que va tomando la botella para ingerir se la arrebato rápidamente y miro a mi costado a uno de mis guardias que sin dudar viene con dos más, por lo que me ayuda a disipar a la gente, pero la chiquilla trata de quitarme la botella bufo por lo bajo escuchando sus quejas.
— Dame la botella imbécil. — su ofensa llega, pero mi negación esta impuesta que le doy la botella al bantender que atiende, pero lo miro de forma amenazante por hacer eso.
— No tomaras más, mírate estas alcoholizada. — Agrego rabioso, pero ella niega buscando golpearme, cosa que lo evito tomando sus brazos acercándola a mi pecho.
— Moordenaar, smerig dier, ik haat je, dit is allemaal jouw schuld. (Asesino, inmundo animal te odio todo esto es tu culpa) — Me grita en un idioma que ni ¿conozco? Pero la zarandeo para que se calme y es peor.
— Silencio. — gruño harto de la situación, pero no deseo hacer espectáculos delante de la gente, asi que la pego a mi cuerpo arrastrándola.
— Ik haat jou. ( Te odio) — Vuelve hablar, pero solo sigo sin detenerme escoltándome uno de mis hombres.
Miro a todas partes, buscando al idiota de Gustavo y no lo consigo esto es increíble, ella se sigue quejando; pero decido seguir, para cuando estoy apartado de la gente la suelto me ve con odio puro, a lo que yo también la miro de esa forma, pero su atuendo pone a mi amiguito demasiado activo, cosa que en estos momentos no se puede.
— En vez de trabajar te pusiste de ociosa a beber; te pensé más inteligente chiquilla. — Dije borde, cruzándome de brazos.
— Me vale mierdas lo que digas, Sluipmoordenaar (asesino) — Grita nuevamente señalándome, pero mi mis pasos son ágiles, al tomarla del brazo con brusquedad.
— Repite en español, lo que acabas de decir. — Ordeno, y ella solo opta por reírse en mi cara.
— Nunca lo sabrás…
— Eso lo veremos chiquilla, ahora debo darte algo, para que baje ese alcohol en tu sistema. — digo con hastió, al soltarla dejando que se tambalee.
— A diferencia de ti que seguro no recuerdas nada, yo si lo haré además solo estoy es entonada no totalmente ebria. — Dice riéndose y eso me saca de quicio.
Me toco la frente una y otra vez, no puedo entender como tolero esta situación, pero al verla hay algo que me cambia y no es lo s****l sino algo diferente que todavía no puedo comprender a simple vista; pero espero algún día saberlo me quedo vigilando todo el lugar y mando a uno de mis guardias a que se acerque con solo señalarlo.
Al instante llega y me habla.
— Dígame señor Anker. — Dice, manteniendo su postura erguida.
— Necesito que lleves a esta niña con Cereza, no la soporto y le dices que le prepare un café bien fuerte, le quedan. — pauso viendo mi reloj de muñeca. — le queda una hora más, para que se la lleve Gustavo sino lo vez la llevas tu a su hogar. —
Coloque la orden, pero ella me miro frunciendo el ceño y cruzada de brazos, pero cuando uno de mis guardias la mando a caminar lo hizo sin chistar, por lo menos obedece cuando le conviene, al ver que pudieron estar lejos me encamine a buscar a mi dichoso colega, junto con otros hombres de seguridad que se unieron lo buscamos, no necesito escoltas para actuar por algo el boxeo me ayudo en toda mi vida para defenderme de personas tanto malas como otras inocentes de las que hoy en día no me arrepiento solo había dos opciones morir o matar y opte por la segunda.
(…)
La búsqueda de Gustavo me está hartando no logro conseguirlo por ningún lado, así que decido buscar fuera del club específicamente en el almacén es seguro, que le dio por tener sexo junto con la mercancía, lo ha hecho como dos veces una tercera no quita de nada; pero sabe que odio que lo haga los dos hombres me siguen sin antes ir vigilando la zona, que al llegar a esa planta baja donde se ubica el almacén mi ceja no deja de estar ceñuda y más por como esta noche ha sido terrible comenzando por como Eugenio le fascino Jana para que le baile todas las noches, pero por obvias razones le deje en claro que solo será cuando yo lo decida no le agrado; así son mis leyes.
Mis pasos logran llegar a las grandes puertas reforzadas de acero, entonces me pongo en el tablero digital, miro hacia atrás y mis guardias se voltean para que coloque la clave sin problemas me pongo a ello y se abren las puertas es ahí donde mi humor incrementa y no es positivo.
No doy crédito a lo que miro y mis hombres solo se mantienen en guardia, el idiota de Gustavo esta sobre uno de los cargamentos de droga acostado junto con dos mujeres desnudas al igual que el dormidas a cada costado, me toco la nariz hastiado de todo, así que me acerco para dejar mi presencia marcada en ellos.
— Largo de aquí ¡Ahora! — grito audiblemente, dejando que las mujeres se despierten alteradas gritando del susto.
— Señor Anker…
Elevo mi mano, haciendo que se calle no necesito oír excusas, mientras él idiota sigue dormido niego, pero las mujeres en unos minutos quedan vestidas y se retiran de mi vista, porque a este ritmo que voy deseo golpear a alguien cosa, que tengo a mi candidato acostado babeando en el proceso.
— Despierta imbécil. — digo fuerte, al darle una bofetada en la cara que lo activa de inmediato colocándose de pie y se mira ocultando sus partes.
— ¿Qué paso? — dice el muy tonto.
— Pasa que viniste a tener sexo aquí, sabiendo que te advertí que no lo hicieras y mira lo sigues haciendo. — Le informo rabioso.
— Oh vamos hombre, me gusta divertirme además no saben la clave. — responde tan tranquilo, pero niego por su estupidez.
— Tenías que vigilar a Jana ahora esta borracha, la están atendiendo para ser llevada a su casa; así que necesito que vigiles uno de mis hombres la llevará a su casa, trataré que llegue por la hora. — verifico y son casi las cuatro de la mañana.
Asiente sin decir nada, solo se dispone a vestirse le toma como tres minutos hacerlo y salimos los dos; no sin antes dejar sellado el almacén de mercancía apenas vamos subiendo por el ascensor que tenemos de uso vamos a mi despacho al ingresar veo a la chiquilla sentada tocando su cabeza y la rabia en sus ojos, ya volvió el carácter que suelo tolerar a mi antojo si lo deseo, me giro a verla para dejar sentado unas cosas antes de irse.
— Tu imprudencia de hoy te costará Stella, así que mentalízate que la orden que de la acataras sin decir nada. — Informo y ella se coloca de pie estando como a la defensiva.
— A esto se le llama hostigamiento al obrero imbécil. — su ofensa me encendió, que en dos zancadas las tome del brazo; acercándola a mi cuerpo con dureza.
— Déjame…
— Cierra la boca y mide como me hablas chiquilla; no me hagas olvidar el trato y hacer lo que mejor sé hacer matar. — digo lo último remarcándolo y ella ampliar sus ojos son dar crédito.
— Te odio. — refuta, pero mi agarre la hace quejarse.
La suelto harto de su insolencia y chasqueo los dedos para que se la lleve el escolta que tengo, asiente para llevársela la pierdo de vista mientras veo que Gustavo esta relajado en mi sofá n***o durmiendo, niego ante tanta estupidez; solo me concentro en ir al escritorio para ver las cámaras y estar vigilando como se llevan a Jana del club, después de una hora recibo un mensaje que la dejaron en frente de su casa, me quedo más tranquilo la necesito para que pague su osadía de desafiarme como tratar de buscar demandarme, las noticias dejaron de circular todo en este mundo se paga con dinero y más la prensa nacional, sonrió de lado reconociendo que mi labor nunca falla.