Capítulo 10 Una dura noche

1562 Words
Jana La noche se hizo presente en mi hogar, mi Madre y yo tuvimos una gran cena que consistía en papas al horno con carne guisada al gusto y terminando con un excelente jugo de sandía que me hizo sentir completa como amó la comida; claro la gran chef que es mi Madre realizó todo en este momento estoy en el fregadero lavando los trastes no me gusta, pero para amortiguar la situación decidí ponerme a oír música con mis audífonos, en especial si tú grupo favorito de balas canta a todo pulmón y solo quieres es estar en un concierto de ellos. Por otro lado; mi madre salió a ver a una amiga de visita; según entendí en la cena, tuvo un accidente en casa y se doblo el tobillo de una forma terrible que la llevaron al médico, ahora está en su casa guardando reposo su esposo la ayuda, ambos son mayores de edad sus hijos están grandes y tiene su familia. Respiró dar terminar con la última vajilla y dejarla secar en el lavavajillas, me quito los guantes y me lavo las manos para después secarlas con un paño seco, miro el gran mesón para terminar de quitar cosas que de basura que boto en el cesto cercano. Enseguida que detallo todo en orden, sonrió de lado para seguir oyendo mi música y hacer tronar mis dedos al son de la melodía, me encaminó por todo el lugar, hasta dar con las escaleras en dos minutos me encuentro abriendo la puerta miro todo y comienzo a ordenar todo la ropa sucia en el suelo como libros regados; comencé adelantar para que pasado mañana pueda ir a la playa sin problemas me tomo como cinco minutos más dejar todo en orden y me sentí satisfecha que me acosté boca arriba en la cama con el sonido de la música llenándome por completo. Sin darme cuenta, cierro mis ojos y no sé cómo, mi mente se dejó llevar por los sonidos; que no me di cuenta el haberme quedado dormida. (…) Un sonido extraño me alerta que me levanto de mi cama, detallo el cuarto oscuro solo la ventana con el reflejo de la luna ilumina un poco el piso y la esquina derecha, donde se encuentra mi gavetero de ropas, me siento en mi cama estrujando mis ojos llegó a la conclusión de que me quedé dormida, noto la manta de color marrón sobre mi seguro fue mi Madre que lo hice al darme las buenas noches. Me voy acostar de nuevo, pero una voz grave me hace ponerme alerta en mi lugar miro a todo el lugar sin dar con esa voz; estoy algo nerviosa que me pongo de pie con cuidado; estando descalza usando mi pantalón y blusa de color amarillo que tenia puesto no me dio tiempo de cambiarme solo me dispuse a buscar el encendedor, pero la voz vuelve hablar. — Traviesa chiquilla, no debería hacer eso; te puedes arrepentir. — se asustó en su lugar, pero no deja de ir a encender la luz. — Lárgate ¿Quién quieras que sea? — gesticula con rabia al prender la luz. Mire todo y no ví nada, hasta que camino al centro; pero la voz vuelve a salir que doy un respingo en mi sitio, me giro notando la presencia de un hombre de cabello casi rapado con algo de rulos en la parte de arriba cayéndole un poco en la frente su porte es fuerte de cuerpo y brazos, pero al ver su rostro tan imperturbable ojos negros tan hondos que me miran, me pongo nerviosa tragando en seco, siendo el mismo hombre que asesino a el señor Black. Mis pensamientos caen al oír nuevamente su voz. — ¡Me extrañaste chiquilla! — se burla, sonriendo de lado. — ¡Jamás! te hacía fuera de este país asesino. — le respondo con rabia al apretar mis puños. — Ese fue tu error chiquilla y vas a pagar por haber hablado a las autoridades, no me conoces y no sabes cómo voy a disfrutar castigarte. — dijo de forma tan inusual, sin dejar de comerme con la mirada. Empecé a retroceder y él caminar hacia delante mire la puerta dispuesta a salir corriendo, pero note que carraspeo y lo mire fijamente. — No te recomiendo salir huyendo o deseas estar huérfana chiquilla. — su amenaza, la sentí quebrar mi pecho. — No lo harás… — Entonces piensa con la cabeza chiquilla. — comento al sacar algo filoso en su bolsillo trasero. El objetivo filoso de una navaja que pude ver, me hizo estar alerta en mi lugar solo deseaba salir corriendo para buscar a mi Madre y sacarla de aquí muy lejos de este vil asesino que me ve como si deseara matarme, jamás imaginé estar metida en este asunto todo por volver a dar una información que me salió caro. De pronto; lo noto reírse de mi que sólo me pongo sería, sin dejar que me alteré más. — Piensas mucho chiquilla y no tengo todo el tiempo del mundo, vengo para darte una misión de tu nuevo trabajo. — anuncia, cosa que niego levemente. — No voy hacerlo… Sin verlo venir en dos zancadas lo tengo frente a mi, colocando su navaja en mi cuello trago grueso asustada, que no pude gritar por como su mano izquierda libre me indica que guarde silencio, lo cuál obedezco sin tener alguna alternativa. — Te dije que mi paciencia es poca; así que vas a cooperar o mi navaja hará el corté precisó en tu vena, la que te permite bombear sangre a tu corazón. — eso no me agrado, estando a punto de llorar pero no lo hice. — Suéltame… — Lo haré si guardas silencio chiquilla. — Deja de llamarme así, soy… — Jana Montgomery lo sé, pero me encanta dar apodos y más cuando se los ganan. — dice con autosuficiencia, maldigo por lo bajo ante su actitud. — Dime tú nombre al menos, para no decirte asesino; aunque lo eres. — suelto con sarcasmo, cruzada de brazos y él se ríe por lo que digo. — Eres única chiquilla; pero dejando de lado las presentaciones te diré tu nuevo trabajo y será trabajar en mi club nocturno como bailarina, sin cobro lo que ganes me pertenece. — eso me desconcertó abriendo mis ojos del asombro. — No pienso hacerlo. — veo que juega con su navaja, mientras bajo mis brazos. — ¡Es una orden! y lo harás chiquilla, no serás prostituta eres menor de edad eso sería un problema; pero trabajarás para pagar tu osadía de ir a la policía. — lo dice de forma tan natural y sin atisbo de arrepentimiento. — No quiero hacerlo soy estudiante y ese mundo solo acarrea malas consecuencias y ni siquiera te conozco ere un criminal. — alzó la voz, pero me toma del brazo empujándome al suelo para callarme. — ¡Silencio! estás alterando mi mente chiquilla y no hay marcha atrás serás bailarina nocturna, mientras mantienes una vida normal de día, mandaré a uno de mis hombres que te busque para trabajar esperas la hora y te vas; luego volverás antes del amanecer y nadie se entera ¡ Estamos claros! — sus palabras me alteran de gran manera, que niego en el suelo de mi habitación. Muchas cosas pasaban por mi mente, pero jamás imaginé este escenario todo por hablar demás, llegué a esta terrible situación y lo peor el hombre mayor, pero a la vez joven me mira con suficiencia saboreando su victoria aprieto mis puños de la impotencia, pero su voz me hace volver a mirarlo. — Te dije si ¿estamos claros? — repite y solo contesto. — Si te hoy y me quedo claro. — Perfecto tienes esta semana libre, comienzas la siguiente te llamaré para avisarte la hora, mi chófer te buscará para traerte al club, cuando entres se te dirá el trabajo. — Pauso, pero volvió hablar. — al no venir, vete despidiendo de las personas que amas comenzando por tu Madre y terminando por tu tonta amiga Perla. — me tensó más y mi corazón bombea más fuerte. — Por favor… no me haga esto. — suplico, casi llorando. — Me vale chiquilla tu misma te metiste solita, ahora debes pagar sino será peor para ti y los tuyos. — termina de decir, al girarse para irse a la ventana que noto abierta, pero nunca la vi de ese modo antes. Se sale por la ventana y antes de hacerlo me sonríe, me guiña un ojo de forma atrevida, cosa que hago una mueca de desagrado para bajar la mirada duro en esa posición tirada en el suelo por cierto momento, que al ponerme de pie mis lágrimas comienzan a derramarse, llegó a la cama y me tapó el rostro con los sollozos alterados en mi interior jamás me sentí de esta manera ahora con un nuevo trabajo de bailarina en un club de mala muerte solo para pagar mi osadía de hablar todo por querer hacer justicia y me salió caro, niego varias veces que terminó en mi cama apretando una almohada para seguir llorando hasta no saber de nada, pero si sabía una cosa mi vida cambiaría y ese hombre sería el causante de cada una de ellas.
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