Capítulo 9 Amenaza o valentía

1984 Words
Brent Después de pasar la tarde con la pelirroja, drene el estrés que tuve durante el trabajo la mujer se portó a la altura, le dejé una nueva marca en sus nalgas por mi cinturón no fui tan tosco, pero si hubiese estado drogado la cosa sería distinta, las marcas serían más graves y por ende tendría más tiempo de su curación. Vigilé el lugar está noche con Gustavo; pero le dejé la vigilancia un momento para darle una ducha en mi apartamento lo requería, para usar ropa casual con mi chaqueta de cuero n***o mis pasos me llevaron al estacionamiento, al ingresar puse la llave en mi auto note que le hacía falta lavarse como pulirse mañana temprano lo tendré en su cita al auto lavado. Apenas lo encendí, le di marcha rumbo al apartamento, llame una hora antes dándole aviso a la mujer mayor que hace la limpieza, dejándole en claro que mis frutas estén frías para cuando coma siento la necesidad de comerlas la parte cítrica me estimula y me llena. Por su parte; el recorrido fue ameno en las calles de Tegucigalpa el mar se podía sentir en el ambiente, porque la costa era increíble de ver en las mañanas, pero en las noches el sonido y el olor era mucho mejor. Durante el camino llegué al apartamento, deje el carro estacionado en el parqueadero salí del auto y active el arma con solo mis llaves y teléfono en mano pase por la puerta de metal, para llegar al área de ascensores pulse el botón y no demoró en llegar; apenas ingresé coloqué mis manos en los bolsillos de mi pantalón esperando llegar a mi piso siendo el penúltimo, pero en eso cae en el piso diez abriéndose las puertas para ver cómo ingresa una mujer rubia usando un vestido rojo, tacones n***o de aguja a mi parecer y maquillada de forma tan elegante cabello recogido en un moño dejando ver su cuello como el escote de su cuello, eleve la ceja mirándola sin perder detalle de su anatomía. Curve una sonrisa, porque la tipa tiene cuerpo y los senos son operados eso no son tan buenos al natural son mejor, pero cada quien tiene sus gustos lo que tiene exquisito es su trasero buen redondo como elevados es seguro que se ejercita la rubia, me quedé detallándola que no pensé oír su voz dándome cuenta de mi torpeza. — El servicio de placer es en 80 euros la hora ¡precioso! — hablo con total seguridad que eleve una ceja inquisitivo. — Pues me vale Mierda, el costo no me interesa así estés buena. — dije de forma grave y sin importarme que me miré con esos ojos que son verdes al parecer. La aludida se encoge de hombros y me mira sonriendo de forma pícara; en eso se abre el ascensor en el piso que me bajar y le pasó por un lado como el hombre dominante que soy, mientras estoy afuera ella me ¿dice algo? antes de cerrarse las puertas. — Para mayor placer, se paga con calidad y yo hago buen sexo oral. — Contrapunto de manera orgullosa; riéndose de sus palabras, cosa que eso me inquietó en mi interior. Negué ante eso; y me gire en mi lugar para caminar el amplio pasillo abrí la puerta al estar cerca ingresé mirando todo limpio como ordenado, sonreí conforme esa señora hace un buen trabajo, en eso que me siento en mi sofá n***o grande recostando mi cabeza noto la presencia de alguien, por lo cual me levanto para mirar a esa persona con una canasta en las manos de lo que supongo es ropa sucia. — Señor Anker… pensé que vendría más tarde. — se oye su voz apenas, pero la entendí completamente. — Supusiste mal señora Noguera; vine a cambiarme así que nos vemos en la cocina tengo hambre. — di el aviso y ella asintió sería en su posición sin moverse. — Le serviré su cena. — me agrado oír que estaba lista, que sólo me alejé para ir a mi dormitorio. (…) Después de una hora, me encuentro sentado en el mesón de la cocina comiendo a gusto; mi carne de ternera junto a puré de papas con arroz, además de jugo de naranja recién exprimido eso me volvió a la vida, lo uso sabiamente para darme una buena bebida, que al sentarme el olor me embriago dejándome conforme y mi estómago lo agradece. En efecto; disfrute la cena dejando el plato vacío y lo aleje de mi, para que la señora Noguera lo recoja para que haga lo pertinente, mientras veo por la ventana de mi piso la cuidad me pongo serio esperando noticias de Gustavo según me informo que me tiene noticias y de las buenas, espero por su bien que así sea, de lo contrario recibirá una paliza de mi mano. Dejando de lado ese pensamiento, siento el vibrar de mi teléfono lo deje así, para no oír el sonido, lo saco para ver a la persona que llama anunciando la M de Marco, ruedo los ojos para atenderle. — Bueno jefe. — Que tal todo Brent. — Lo normal sin novedades jefe. — Excelente me alegra oír eso; te llamo para decirte que mañana no vayas al aeropuerto mi llegada será después. Me pareció raro, lo cual asentí, para no preguntar el ¿Por qué? Ya que odia eso. — Entiendo jefe, usted dirá ¿cuándo? — Así es Brent, hubo un acontecimiento aquí en mis clubes por lo que me tuve que encargar personalmente; necesito que me digas si el objetivo está muerto. — Lo que faltaba saber si hice o ¿no? el trabajo. — Liquidado jefe. — ¿No hubo espectadores? Trago y me muevo inquieto en mi lugar, por lo que me pongo de pie para hablar en la sala con comodidad. — No. — Hummmn… espero que sea cierto Brent, sabes las consecuencias de la desobediencia o mentiras. Su amenaza no podía faltar, que sólo apreté el teléfono con fuerza soportando toda esa situación. — Lo tengo muy en claro señor. — Excelente Brent; estamos en contacto mañana llega otro cargamento para que sea puesto en mi hangar de esa fábrica, todo en orden y me das memoria y cuenta sin olvidar la calidad de la droga. — Entendido jefe. Fin de la llamada. Me colgó de forma rápida, que sólo baje el teléfono de mi oreja dejándolo en mi mano, me acerque a mi ventanal para ver las calles iluminadas por la noche, ya había caído, pero en mi mente solo había una cosa buscar ese problema antes de que suelte la sopa como sea la encontraré y la mataré no me importará nada; en eso la señora Noguera me llama, por lo que me doy la vuelta para verla mejor. — Dígame señora Noguera. — hablo con molestia y ella baja la mirada. — Solo le vengo a decir que me iré a casa, termine mi trabajo. — me cuenta, por lo que sacó de mi bolsillo trasero mi cartera y saco cinco billetes por el día de hoy. — Aquí tiene 5 Lempira; mañana le adelantaré más por la cena que cumplió hoy. — indiqué y ella tomo el dinero que le extendí. — Que tenga Buenas noches señor Brent. — anunció para irse al tomar su bolso que guardo en uno de los cajones de madera que tengo en mi sala, estaba lista y se fue dejándome solo. Me giro nuevamente para ver las calles y su gente, pero la vibración de mi celular me hace ver la pantalla, cosa que hago respirando con tranquilidad al saber que es mi colega. — Habla. — Ok gruñón; te hace falta tener sexo. — Cállate y habla, sabes que mi tiempo lo valoro. — Te llamo; para decirte que te tengo toda la información que pediste de esa persona y créeme te va a encantar. Al fin una buena noticia, sonrió de lado para decir unas breves palabras. — Te veo allá, así que espérame en el despacho voy saliendo. Finalizó con eso, para poner mi teléfono en mi bolsillo dejo todo cerrado al salir y bajo por el ascensor, hasta el estacionamiento dure solo unos minutos, que al estar en el auto hice lo pertinente pisando el acelerador que me llevo con agilidad por esas calles, no me importaba la seguridad la había, pero en mi caso yo no tengo reglas o límites, el recorrido fue entretenido al oír música de rap en mi reproductor en parte me calmaba. El transcurso para llegar al club fue cumplido, llegué a mi puesto; donde un hombre fornido de la seguridad del club vigila todos los vehículos le di un asentamiento y me encaminé al bar para así tener las puertas abiertas solo para mí, ví gente hacer cola para ingresar, negué por como esa gente le gusta venir a divertirse ya estando adentro la música como las luces de neón me invaden todo está perfecto para los clientes y las mujeres exquisitas para complacer a los clientes, enseguida vislumbro a Gustavo en la barra le silbo cosa que se pone de pie para ver a todas partes, hasta que da conmigo le hago una seña con la mano para ir al despacho y la acata rápidamente. Ya en el despacho, serví una copa de coñac para ambos y estamos sentados yo detrás del escritorio y él del otro lado con una carpeta que me extiende, para leer todo lo que pedí la leo detallando una por una cada documentación; sin olvidar lo importante su pasado eso me llena de emoción, por algo Gustavo no me falla con sus contactos le daré una botella del buen licor por haber cumplido, pero su voz detiene mi lectura que lo miró fijamente. — Debes saber, que esa joven tiene dieciséis es menor de edad, no es de clase alta lo fue en el pasado por su Padre es lo que veo, pero dice que falleció de un infarto así que tiene solo a su Madre y un primo que es… — Policía lo sé, ahí lo dice Gustavo. — interrumpí, cosa que él enarco una ceja molesto. — Entonces ¿ Que harás? Brent. — pregunto, solo busque beber de mi licor saciando a mi garganta. Me puse de pie, para caminar por todo el espacio que tenemos de este despacho buscando la forma de llegar a lo que tanto deseo que es cerrarle la boca a esa chiquilla y si no lo hace pues morirá, no me importa dejar a su Madre sola y sin hijo al ser hija única, estará desamparada la señora Montgomery, que curioso apellido me suena pero no sé de ¿ Dónde? En este caso, tengo un plan y lo pondré en marcha a las dos de la mañana, es una excelente hora Curve una sonrisa, pero mi amigo me trae de vuelta de mis pensamientos. — En ¿qué piensas? — En mi siguiente paso Gustavo, así que ya desde aquí me encargo yo; solo ve hacer el trabajo voy a terminar lo mío y saldré más tarde. — comuniqué cosa que se puso de pie de brazos cruzados. — Brent piensa bien las cosas por favor. — me pide y lo veo, sin emitir ninguna emoción. — Acata mi orden. — zanje molestó, cosa que bufo por bajo saliendo del despacho. Cuando estuve solo volví a mi puesto, para seguir leyendo esa carpeta encontrando buenos puntos débiles que permitirán que la someta a mi antojo por lo que sonreí de lado, mire el reloj evidenciando las casi once de la noche el tiempo vuela y está madrugada me conocerá cierta jovencita traviesa como escurridiza. — ¡Jana Montgomery! Tu pesadilla se acerca. — murmuré solo para mí bebiendo de mi licor con gran deleite.
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