Jana
Hoy me despierto por la alarma que sonó de forma irritante, me levanto molesta por haberme despertado, lo usual hoy me toca clases, el día de ayer a mi Madre se le ocurrió la brillante idea de irnos el mismo domingo por la tarde, llegamos a eso de las diez de la noche eso sumándole el hambre que me dio en el camino no podía con todo eso, pero decidí hacer de cena improvisada sándwiches de jamón con queso por suerte ella también comió conmigo, pero no hablamos durante la comida fue ¿extraño? Ya que siempre tenemos temas de conversación entre ambas, solo termino de comer y se fue a dormir eso me dejo algo inquieta que espero me cuente no deseo presionarla, pero me importa su bienestar y no deseo que nada le afecte.
Al mismo tiempo, que pienso todas estas cosas salgo de la cama estiro mis brazos como todas las mañanas y me voy directo al baño, comienzo a lavar mi rostro luego los dientes; para terminar en la ducha cantando una de mis baladas favoritas que tanto adoro de mi grupo favorito Reik.
En eso que salgo con mi toalla en el cuerpo, veo a mi Madre sentada en mi cama noto su rostro serio, eso me inquieta espero no sean malas noticias, aun así no dudo en romper el silencio.
— Buen día Madre, ¿pudiste dormir bien? — inicie mi pregunta, cosa que ella solo asintió para ponerse de pie y acercarse a mí.
— Todo bien cariño, solo vine a decirte que llamo tu tío de Holanda, me pidió que le diera tu número para hablar con su sobrina. —Confiesa y eso me deja algo impactada y más viendo de alguien que no sé casi nada.
— ¿Enserio? Madre justo ahora quiere hablar, pues lo lamento desde que no sabemos nada de la familia de mi Padre; ahora si piensan hacerlo, después de la muerte de papá ellos, ni siquiera se interesaron en nosotras. — Me quejo y mi Madre solo me toma de la mano algo nerviosa.
— Solo habla con él nada más Jana; además es tu tío y no puedo negarle ese derecho. — Lo dice como tratando de disculparse y eso no me gusta.
Viendo la situación y los ojos suplicantes de mi Madre, quiere decir que ese era el problema que tanto evitaba o no deseaba hablar; pero también siento que me guarda ¿algo más? Todavía hay cosas en Charlotte Montgomery que debo conocer, estoy a una distancia de ella elevo mi mano para tocar su mejilla con ternura la que siempre saco para las personas que más amo, al momento ella me mira como tratando de ver algo más en mí, es seguro que ve mis ojos muy parecidos a los de mi Padre, trato de no ir por ese camino, para terminar abrazándola como sentir el aroma que desprende; siendo jazmín su perfume favorito, sonrió de lado teniendo pequeños recuerdos que los dejo ir al detener la caricia que le di, para así verla sonreír mas esa es la madre valiente, que conozco y no se deja vencer.
— Te amo Jana y nunca lo olvides los Padres siempre quieren lo mejor para sus hijos. — agrega y solo asiento para así verla darse la vuelta y dejarme sola en mi habitación.
Suspiro por lo bajo, comenzando a vestirme agarro lo que mejor me luce y en este caso; opte por una falda de cuero que casi llega a mis rodillas, junto a una blusa blanca con diseño de letras de Londres, busco mis botines de cuero me los coloco por lo que culmino en mi mesa, para comenzar con el ligero maquillaje de lápiz n***o en los ojos con el polvo ya colocado y termino con un labial rosa que resalta un poco, dejo mi cabello alborotado con esos rulos, que resaltan de gran manera para ponerme de pie e ir por la mochila que tengo siendo negra con los cierres en naranja cuando lo compre no tuve duda, mi madre no le gusto; pero al final ganaron mis gustos.
Con paso rápido veo mi celular y bajo las escaleras, detallo a mi mamá en la cocina con el desayuno mi estómago ruge, pero niego rápidamente.
— ¿Cómo que no vas a comer? Jana Montgomery necesito que vengas aquí; sino te llevas esta ensalada de frutas al menos. —dice, así que me acerco para tomarla y colocarla en mi bolso.
— Gracias Madre, es que solo tengo unos minutos, para llegar me puedes llevar o pido ¿taxi? — hago la pregunta del millón, cosa que opta por sacar dinero de su cartera, que tiene cerca de la encimera y me da un par de billetes.
— Ve con prudencia señorita tienes dieciséis y te quiero en clases, porque las malas noticias siempre me llegan Jana. — objeta muy seria y asiento elevando las manos rendida.
— Si señora, nos vemos en la tarde te amo. — termino la conversación y ella solo se despide que salgo rápido de casa.
Para cuando estoy afuera, la brisa de la mañana me arropa y me encanta, saludo algunos vecinos que pasan por ahí; en eso me decido a buscar mi taxi, por lo que voy a la parada de autobús me tomo unos minutos en llegar, que sin pedirlo viene llegando uno, le silbo al estilo de las mujeres neoyorkinas se detiene que sonrió por la victoria obtenida, abro la puerta e ingreso le doy la dirección que no duda en manejar con rapidez.
(…)
En quince minutos llegue a mi instituto no vi a Perla por ningún lado es seguro que este en su clase de literatura, por mi parte me toco el ogro de matemáticas y eso súmale a una evaluación; que puedo decir me siento preparada, la cuestión es si logre el éxito que espero todo el salón está ahora en un silencio sepulcral mi mente en la hoja de examen de mi mesa, mi ceño fruncido se nota mientras respondo cada pregunta, son alrededor de veinte y siento que voy a colapsar mi cerebro, pero no me voy a dar por vencida, así que respiro hondo para seguir escribiendo.
Después de una larga hora, suena el timbre dejando a todo respirar felices, pero el profesor se hace notar ante el bullicio de gente.
— Esperen un momento; los exámenes me los entregan en mi escritorio todos y sin falta, mañana dejare los resultados en la cartelera es su nota inicial; ya que pronto se graduaran. — anuncia y todos se desaniman rápidamente, para hacer su fila de entregar cada uno su hoja.
Me quedo en mi puesto, dejando que salga la gente muevo mi boca en señal de impaciencia, hasta que veo que puedo entregar el mío y así lo hago mi profesor me ve que decido entregar, solo me sonríe de lado cosa que me encojo de hombros y salgo del dichoso salón, para ir a la cafetería deseo comer este cuerpo lo pide. Sin embargo; al estar en los pasillos veo una multitud de gente alrededor y gritos de lo que parece mujeres eso me inquieta y me acerco para ver a las personas.
En el momento que llego la multitud, no me deja ver nada; así que logro empujar a unas de las dos chicas que se quejan, pero me importa un rábano que se enojen, logro vislumbrar la pelea dejándome muy molesta, siendo Perla jalándose el cabello y dándose cachetadas entre ellas; junto a otra chica que al fijarme bien es nada menos, que la novia del ex de mi amiga. Bufo por lo bajo, para acercarme a ellas que se siguen matando.
— ¡HEY! Ya basta las dos. —Grito, pero no hacen nada la multitud solo insiste en que peleen trato de ver al imbécil y esta relajado comiendo en la cafetería, eso me enoja más — bueno ustedes los pidieron. — termino de hablar para salir del alboroto.
En el trascurso que camino llego a una puerta que conozco muy bien, saco un balde y busco agua en los baños cercanos comienzo a llenarla, muchas chicas me ven, pero las fulmino con la mirada para continuar con lo suyo logro al fin llenarla y salgo con ese balde el bolso lo traigo puesto en mis hombros, rápido silbo fuertemente dejando que la multitud me vea, cosa que se hacen a un lado, las mujeres se siguen matando, pero lo que no van a detener es el agua que les caerá, sin más preámbulos lanzo el balde de agua y ambas se separan gritando como viendo a la persona que les hizo eso, siendo yo la causante las miro elevando una ceja inquisitiva.
— Perra ¿Qué te pasa? Me acabas de mojar. — dice la rubia narizona al tocarse el cabello.
— ¡Jana! ¿porque lo hiciste? — dice Perla como defensa, pero mis manos en mi cintura y la postura de persona enojada no les dice nada a ellas.
Miro a la multitud bufar, por hacer mi intervención, pero me importa lo que piensen solo necesito aclarar este problema antes de tener un dolor de cabeza, sin necesidad por una pelea estúpida teniendo al idiota ex de mi amiga en un pedestal seguramente riéndose de ellas, por como actuaron.
— Les diré esto a las dos, una sola vez y tú — señalo a la rubia, que me ve rodando los ojos y el pelo desaliñado como labio roto. — vuelves a decirme perra y te parto la cara; yo no soy Perla.
— ¡Oye! — me interrumpe en forma de queja mi amiga, que le miro solo por un momento.
— En fin ya dije; en vez de estar peleando por un hombre, que ni siquiera estuvo aquí para detenerlas de hacer esta locura, piensen en quererse ustedes mismas un hombre no puede valer más que su integridad, más bien detallen como la gente las ve. — señalo a los compañeros que están detrás de mí, no perdiéndose nada.
En eso las dos ven que los que digo no es mentira, y solo se cruzan de brazos en los extremos opuesto de cada una volteando los ojos mientras que Perla con las mejillas rojas de la pena que está sintiendo todo esto, es más la comprendo así que decido acercarme a ella que ve tratando de aguantar las lágrimas en sus ojos, solo le tomo la mano; pero antes de irme me giro para encarar a la dichosa rubia.
— Sabes no eres la única que ese idiota utilizo, si lo hizo con Perla lo hará también contigo, así que cuídate niña. — dejo mis palabras en el aire, para dejar a la chica en medio de la gente, que poco a poco se va dispersando.
Me voy con Perla a un lugar que ambas conocemos muy bien, ella se da cuenta y me sigue sin dudar, durante el recorrido no ha levantado la mirada sé que está molesta por lo que desea sacar su frustración a como dé lugar. En cambio; sigo el camino saliendo de los salones, para llegar a la azotea del mismo instituto la luz del sol nos ciega por un momento, hasta que logramos llegar y nos sentamos desde esa altura, ambas nos gusta la adrenalina es ahí por qué, no le tememos a la altura, siendo un factor tan duro para otros a nosotras es inherente, la veo abrazarse mientras la brisa revolotea su cabello; al igual que el mío, pero decido romper con este amargo silencio.
— Perla… no puedes continuar así, mereces más que esto. — digo mi punto, ella se gira a verme dejando fluir sus lágrimas.
— ¿Crees que no lo sé? Pero ella inicio burlándose, que estaba con él y diciendo que el imbécil vociferaba con ella en su cama; quejándose de no haber tenido un buen sexo conmigo. — abro los ojos descubriendo que mi amiga es osada y por ello le pongo una mano en su hombro reconfortándola.
— Es un desgraciado por haberlo dicho y más porque el muy idiota tiene difusión eréctil tú me lo dijiste, así que eso no es tu culpa Perla. — explico mi punto, lo cual asiente volviendo la vista al inmenso terreno del instituto.
— Sabes me dolió que hablara mal de mí y de cosas íntimas, pero que puedo esperar de un imbécil como él, con esto termino de matar el poco cariño que me quedaba. — susurra por lo bajo, pero la entiendo.
— Bueno borra todo eso de tu mente, más lo de hoy; debemos regresar a clases pero antes vamos a comer unas frutas de mi Madre que preparo. — comento alegre de sacar de mi mochila la vianda de frutas que es mucha.
— ¿Las preparo tu Madre? Jana.
— Si señorita, así que vamos a comer tengo hambre. — me quejo con dramatismo y ella por fin sonríe después de tanto alboroto.
Enseguida nos disponemos a comer y completamos la hora del receso, para así estar en la clase siguiente que por suerte nos toca junta es ahí donde comienza la clase y lo demás es olvidado solo por un momento, al ver a mi amiga trabajar en su puesto reconozco lo fuerte que puede ser, pero también es sensible y nadie le gusta ser humillado de esa forma, por lo que pronto tendré esa conversación con ese imbécil, de mi puño no se salvara de eso estoy segura.
Dejo de pensar, para prestarle atención a la clase hoy no es del todo alegre mi pesadilla iniciara esta noche, porque ya recibí un mensaje de él diciendo la ruta para recogerme, se la di estando una cuadra lejos de mi casa, para no dar sospechas y más a mi Madre, respiro nuevamente para tratar de aligerar la ansiedad que me carcome y no me deja tranquila.