Capítulo 18 Dolores de cabeza

1517 Words
Brent La semana dio su inicio y con ello una resaca intensa que tuve por todo lo que tome el día de ayer por la noche, eso sumándole al cuerpo que tengo a mi lado llevo despierto solo unos minutos y tocó mi cabeza muchas veces, como puedo me muevo de mi gran cama, me detallo en mi espejo al llegar al baño y la cara que tengo es fatal; las ojeras que se notan de forma increíble, secuela de la droga que ingerí para probar otro cargamento de mercancía; enseguida bufo por lo bajo para inclinarse y lavar mi cara varias veces. Duro al menos una hora allí dentro, me ducho con agua caliente para aligerar el malestar; que todavía se cuela en mi cabeza, la resaca está y debo matarlo con algo rápido en eso la señora Noguera ayudará, sino mi día será peor a todo el que se cruce en mi camino. Por su parte salgo del baño con una toalla en mi cintura y otra sobre mi cuello secándome la cara y dándome masajes en la cabeza noto una voz femenina que me habla enseguida la veo desnuda con la sábana oscura cubriendo su delgado cuerpo. — ¿ Dónde estoy? Y tú eres Brent ¡cierto! — habla tocando su cabeza, al parecer tiene resaca igual que yo. — Para ti señor Anker Sarita; así que no lo olvides tuviste sexo al parecer y como tal si no lo recuerdas, eso paso te fui a buscar y aceptaste eso es todo. — manifesté la verdad, algo que ella se quedó sin habla mirándome mejor sentada aún en mi cama. — Dios… que locura, además eres el mismo de la cafetería… — Exactamente niña; además no tengo tiempo de refrescar más tu memoria, debo trabajar solo te daré esto. — me aproximó a mi mesa de noche en el extremo derecho, tomo la billetera y saco varios billetes. Al terminar me acerco con cautela a ella que se ajusta más la sábana en su cuerpo es hermosa, pero no tanto de igual forma obvio lo que pienso extendiendo el dinero que lo veo y enseguida se pone enoja saliendo de mi cama para comenzar a gritar. — ¡Oye! Que te pasa imbécil, yo no soy una puta; además tú me buscaste hazte cargo de llevarme a mi casa. — dice de forma desafiante cosa que niego, tocando mi frente para aminorar el dolor. — Te recuerdo que mi trabajo termina dándote ese dinero, busca un taxi y lo demás lo gastas como gustes; además ni que fuera el gran sexo del año. — contraataque para que se callará y fue peor, llegando a mi para comenzar a golpearme en mi pecho. — Te odió… eres lo peor, te vas a arrepentir de hacerme esto. — era lo que oía, al seguir golpeando pero decidí parar con ello tomando ambas manos y empujarla a la cama dejando libre su cuerpo a mi vista. — ¡ Te callas! Niñita; quiero tenerte lejos de aquí en veinte minutos tomas el dinero y te largas o sino tendré, que matarte tu decides. — grite con autoridad, dejando que ella tiemble en su lugar. — No lo harías… — ¿No me crees? — sonreí canalla, al jalarla por sus tobillos y capturar su cuerpo para tenerlo retenido con el mío. — Suéltame… — Cállate. — aclaré tomando su cuello con fuerza, enseguida ella quiso alejar mis manos, pero yo continúe. Nadie sabe que al sacarme de quicio, sacan lo peor de mí y en este caso suele pasar la aprieto sin temor a dejarla muerte en un intervalo de segundos sus ojos están casi cansados y sus manos dejan de infringir fuerza cosa que su rostro se está poniendo casi morado; solo ahí reacciono para soltarla cayendo directo al suelo de madera que tengo en mi dormitorio. La miro desde mi lugar, valiéndome poco su vida es una puta más que me complace; cuando yo lo deseo, así que la dejo ahí, tirando el dinero como oyendo a la vez que tose sin parar; para luego ir al armario tomar varias prendas para comenzar a vestirme. Terminó por usar un jeans oscuro, camisa manga larga en blanco junto a un saco de cuero marrón los zapatos elegantes; algo que se me antojo utilizar peino mi cabello dejando esa hilera de rulos, al final que le dan un toque misterioso mi loción que impacta a más de una para dejar que el espejo haga su trabajo por escoger una buena ropa. Al salir del armario, la veo vestida tomando el dinero llena de nervios, sonrió de lado por dar ese efecto en las personas que me desafían. Sin detenerme llegó a ella, enseguida eleva la mirada para apreciar su rostro bañado en lágrimas algo que ni me mueve su dolor, solo curvo una sonrisa de lado. — Ya hice lo que me pidió señor… me voy a ir. — dice de forma suave, casi no logro oírla. — Me parece bien y tienes diez minutos Sarita aprovéchalos. — indico al tocar el reloj de mi muñeca, ella asiente en su lugar. En eso se apresura para salir, la sigo hasta que la veo irse por la puerta dejándome conforme; pero el dolor de cabeza sigue me tocó nuevamente la cien y me voy al área de la cocina allí se encuentra, la señora Noguera que al notar mi presencia se baja la mirada al verme solo veo la encimera lista para comer y me siento para iniciar. — Buen día señor. — Buen día, ¿como está su hijo? — hago la pregunta inicial, al tomar mi taza de café para comenzar. — Excelente señor… ya comienza a estudiar está misma semana; nuevamente gracias. — dice apenada, al dejar mi vaso de naranja recién exprimido. Asiento conformé con lo que dijo, para comenzar a dar bocados a mis huevos revueltos con su pan tostado, detallo que vuelve a ordenar las cosas en la cocina con una tranquilidad que me impresiona, todo se debe al encuentro de su hijo y pensar, que de no haberlo encontrado estaría muerto en este mismo momento dejo de lado eso para enfocarme en la labor que tengo esta noche, por ahora debo llamar a Gustavo y darle una nueva misión que sé odiara. Por lo que sacó mi celular de mi saco y marco su número telefónico, me deja esperando hasta el tercer timbre, que casi pierdo la paciencia hasta que oigo su voz de hombre todavía durmiendo. — Diga. — Imbécil todavía ¿durmiendo? Ya levántate. — Maldición Brent… pensé que ibas a darme el día libre, anoche fue de locura. — Me importa una mierda lo que digas Gustavo, te quiero dentro de una hora en el club, hay trabajo que hacer; el día libre te lo daré es mañana. — zanjo al beber mi jugo con la pastilla que me da Noguera. — Oh vamos hombre… déjame dormir al menos. — Negativo te quiero en una hora allá, tienes una nueva misión; así que te veo después. — — Oye… Fin de la llamada. Cuando terminó la llamada me quedo tocando el puente de la nariz, para relajar el dolor de cabeza, ser gerente de un club y mafioso a la vez no ayuda, no tienes descanso; en este momento anhelo unos días para mí lejos de tanto estrés, espero tenerlos para disfrutarlos al máximo de eso me cerciorare. Apenas duro una hora comiendo, dejo todo para que Noguera limpié, que antes de salir oigo su voz haciéndome voltear en mi lugar cruzando mis brazos. — Señor… puedo irme temprano hoy, necesito estar con mi hijo es solo por hoy. — pide algo que pienso en mi lugar, para después asentir solo por esta ocasión. — Claro que puede hacerlo Noguera, pero no sé acostumbré mañana la quiero temprano y saldrá a la hora de siempre a menos que yo haga los cambios. — indiqué con autoridad, cosa que estuvo de acuerdo. — Si señor, nos veremos mañana. Con eso último me retiré, al tomar las llaves de mi mesa central de la pequeña sala que tengo, la billetera en mi bolsillo, sin nada más que buscar salgo de mi apartamento para ir al ascensor dónde se ubica la planta del parking, me toma unos minutos y ya estoy en mi auto lo aceleró para encontrarme con la calle amplia junto a sus grandes playas la cuidad se ve a lo lejos esa es mi parada, me colocó los lentes de sol oscuros luciendo relajado, el dolor de cabeza va mermando esa es una buena señal, ahora mi preocupación es saber que la chiquilla hará su trabajo sino tendré que darle un susto, espero que cumpla porque mi paciencia el día de hoy no tiene límites tomo mi mentón, mientras con la mano derecha manipuló el volante sin tanto problema. Este lunes será interesante y más al abrir las puertas del club; todo el que entre no recuerda lo que hizo, al día siguiente sonrió con sorna esperando lo mejor.
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