Brent
Mi cama es grande la miro absorto en ella, estoy con solo mi bóxer recostado en el espaldar de la cama; no puedo entender como mi vida cambio, mis verdaderos Padres están muertos de tanta droga que ingirieron; ahora estoy solo, decidí estarlo nadie podía darme el amor que ellos me brindaron en su corto tiempo, han pasado diez años de su ausencia, servicios infantiles se hizo cargo de mí, hasta que a los quince años me escapé de ese horrible lugar, marcando un rumbo diferente o deseo de surgir desde este país me he mantenido de pie por un hombre que ahora es mi jefe, me saco de las calles al verme en la miseria sin tener que comer.
Por su parte; Marco me brindo su apoyo todo fue de maravilla el primer año, pero después de cumplir la mayoría de edad comenzó a enseñarme el bajo mundo de las drogas y prostitución del club que estaba encargado, siendo ahora el dueño de tres mares nocturnos.
Mi labor es cumplir que la droga llegué a los bares, sin ningún problema, probar la mercancía que es algo que odio hacer, pero no puedo negarme por más que no quiera, junto con mi amigo Gustavo hacemos el trabajo y dejamos las cosas en orden, si algo sale mal debemos matar a las personas, que se atraviesen en el camino, lastimosamente enojado suelo ser otro, no por algo soy autoritario.
Enseguida me colocó de pie, caminando hacia la ventana de mi morada viendo todo desde afuera es de día y las personas felices en su mundo, sabiendo que no todo es de color de rosa la mayor parte de dolor se la lleva los menos desafortunados, eso me recuerda la vez que le rompió la mano un compañero de clases fue causa de expulsión, curvo una sonrisa por como actúe odio que se burlen en mi cara y ese niño más grande que yo creyó que podía hacerlo, pero se llevó la sorpresa de que lo hice llorar como rogar de no hacerle más daño.
Niego, alejando cada uno de esos pensamientos y en mi cuarto desordenado con ropas por todas partes, comienzo la jornada de ejercicios para fortalecer mi cuerpo; doy inicio con lagartijas, después abdominales y termino con ejercicios de boxeo al aire, para reforzar mi resistencia al momento de una pelea tengo planes de un gimnasio personalizado, solo de mi autorización dejando que él idiota de mi amigo también lo usé. Por consiguiente; me doy una ducha rápida con agua fría sacando todo el calor corporal como el sudor impregnado en mi piel de color, luego lavo mi cabello corto con pequeños rulos que sobresalen dando un aspecto rebelde al tener mi cuerpo aseado me dispongo a salir y colocarme una toalla alrededor de m cintura, me cepillo los dientes para después ir al pequeño armario del viejo apartamento que rente hace días, la mudanza fue hace poco todo fue porque debo reforzar el bar, que tiene mi jefe en esta parte de la ciudad.
Al estar listo, me observó en el espejo usando mi jeans azul oscuros rasgados en una sola parte del pantalón, por el límite de las rodillas, guardacamisa blanca y chaqueta de cuero negra veo la gorra de en color marrón sin nada de diseño la colocó en mi cabeza sonrió por mi aspecto de buen parecer que atrae a mujeres de todo tipo, pero mi gusto son las menores esas son exquisitas, como dirán en otros países carne fresca.
Veo la pequeña mesa de noche cerca de la cama y tomo mi cartera y llaves del carro acompañado del celular, enseguida activo la pantalla para ver las novedades de trabajo y otras que no interesan siendo las de Gustavo, cuando paso por la sala me consigo con una mujer de servicio recogiendo todo, la miro fijamente haciendo que baje la mirada con miedo, sonrió por causar ese efecto.
— Buen día señor. — la oigo decir, al estar cerca de ella.
— No tanto, porque hablaste. — la corto y ella sigue con la mirada baja, me acerco detrás de ella. — Quiero todo limpio, hasta mi habitación regresaré tarde y no quiero fallas. — informe la orden, dejando que ella asienta.
— Si señor…
— Perfecto. Ahora dime lo importante ¿ Dónde están mis naranjas? — pregunté al no verlas en la mesa del pequeño comedor.
— En la nevera señor, las compré frescas de hoy solo las lavé. — respondió y estuve conforme con el trabajo.
— Excelente eso es todo, continúa trabajando. — mandé a la mujer mayor de mi misma piel, salir de mi vista para ir a mi dormitorio.
De pronto recibo una llamada, observó la pantalla y niego, siendo la persona que menos deseo oír, pero tomo la llamada encaminándome a la cocina en busca de mi energía abro el refrié y saco dos naranjas para sentarme en la barra de la cocina de granito oscura y saco del tobillo de mi pierna derecha mi navaja favorita para comenzar a pelar oyendo la voz de Gustavo.
— Bueno.
— Hola amigo, que tal la mañana.
— Horrible.
— Ohhh… que triste, bueno quieres ir de cacería o vamos directo al bar.
Eso me saca de quicio al terminar de pelar la primera naranja.
— Primero el trabajo imbécil, después la diversión, parece que se te olvida.
— De acuerdo ogro, primero el bar; sabes que me debes una Brent.
Bufo por lo bajo, terminando de comer mi naranja, para pelar la segunda.
— No lo olvido, así que te voy en cinco minutos en la zona de siempre para recogerte.
— Entendido jefe, cambio y fuera.
Fin de la llamada.
Con eso se despidió, para así poder comer mi naranja con clama y gusto son las mejores me quitan la ansiedad como me llenan de energía, eso lo saqué de mi Madre solía comerla junto conmigo al ser un niño, son pequeñas cosas que guardo de ellos las positivas, porque la negativas las enterré hace tiempo, no es bueno recordar te trae sentimentalismo y ese no es mi caso; apenas termine de comer el fruto bote los residuos de cascaras en el cesto de basura lave mis manos, como mi navaja y la puse en el lugar que lo saqué antes.
(…)
Conforme pude salir, ingreso a mi auto de color gris un deportivo que me gane con esfuerzo como tal el trabajo de las drogas requiere seriedad y no ambición sino no puedes escalar y yo busco escalar a como de lugar, no me interesará enfrentarme a mi jefe mayor todo alguna vez lo han hecho por algo las organizaciones de este ámbito tiene dueños nuevos. Logro salir del parqueadero del edificio en que vivo por ahora, dejando ver las calles me concentró en manejar todo en el carro está bien pulido sin nada de suciedad soy estricto con la limpieza, aunque me encanta el desorden eso no lo niego, pero por algo pago para que dejen el área despejada.
Poco más de cinco minutos, llegó al punto de encuentro con Gustavo que me espera con su sonrisa de idiota ruedo los ojos y me estacionó dejándolo que ingresé al área de copiloto, se coloca el cinturón y emprendo la marcha al club que está a una hora de distancia lo veo teclear en su teléfono, para así verme y sonreír.
— ¿ Que pasa idiota? — pregunto serio, sin verlo.
— Vamos Brent, arriba ese ánimo hoy es lunes y debes estar feliz la droga llega hoy y debemos probarla. — remarca todo con entusiasmo, solo vuelvo a negar sin dejar de ver la carretera.
— Eso lo sé Gustavo, pero debemos estar atento a todo no quiero fallas como la última vez. ¡entendido! — informe y el asentir recostándose con las manos sobre su cabeza en el espaldar del asiento.
— Me quedo claro Brent, además no pienso permitirlo. — indico viendo la ventanilla, sin decir nada más.
— Yo creo en los hechos y no en palabras Gustavo. — fue todo lo que dije, antes de girar en la siguiente vía, rumbo a una gran carretera que nos esperaba.
Durante el recorrido pensaba era solo una cosa, que estaría dispuesto a buscar una nueva chica con quién divertirme mi m*****o necesita atención y solo lo puedo conseguir en el club o buscando una prostituta, espero eso cambie necesito carne fresca y saciarme de su ser como alma y eso nadie lo podrá evitar, a menos que mi destino se vea marcado por alguien que lo dudó, continúe manejando para llegar al club hoy era entrega de mercancía nueva y no podemos fallarle al jefe.