capitulo 19

1279 Words
Al transcurrir la mañana, nos dirigimos a la modista, un breve viaje que apenas requería recorrer unas cuantas calles. Sin embargo, la baronesa insistió en utilizar un carruaje, una elección que consideraba extravagante. Una vez en el establecimiento, indiqué a mi acompañante, el señor Artur, la ubicación del sastre, mientras nosotras ingresamos a la casa de la modista. Mi madrastra, con su extravagancia habitual, eligió un guardarropa completo solo con las mejores telas la mayoría eran seda, haciendo alarde de que sus vestidos anteriores habían quedado anticuados y no podía caminar por londres de esa manera.Optó por colores llamativos argumentando que no quería pasar percibida. Cuando llegó mi turno de seleccionar, mi madrastra, en un intento por imponer su voluntad sobre la mía, trató de elegir por mí. No obstante, me negué firmemente. Susurró entre dientes que era una joven insolente y que debía conformarme con las telas más económicas, argumentando que me estaba haciendo un favor al llevarme a la modista. así lo hice escogí teles de menor calidad tales como algodón y lino. Mis elecciones recayeron en tonos más suaves y discretos, como vestidos blancos con diminutas florecillas, vestidos en tonos pasteles y uno en tono carmesí que a mi parecer eran más favorecedores en contraste con la mayoría de mis atuendos, que solían ser de tonos escogidos por la baronesa. Después de tomar las medidas necesarias, salimos de la tienda y encontramos a Artur esperándonos con una sonrisa amable. Mi madrastra, por supuesto, cambió su actitud hacia mí y comenzó a tratarme con cordialidad. _Baronesa, ¿nos desea acompañar a dar un paseo?- inquirió Artur. Le agradezco la oferta, pero desprecio caminar. _Los dejaré y me retiraré a casa; estoy agotada, respondió ella, con voz quejumbrosa Tras estas palabras, nos despedimos de la baronesa. Caminé apoyada en el brazo de Artur, mientras él escuchaba con atención mis relatos sobre la historia de la ciudad. Paseamos por las calles hasta llegar a un parque, un lugar apreciado por la aristocracia londinense para disfrutar de su esplendor. Mientras paseábamos, deleitándonos con un día poco común en Londres, el aire cálido nos envolvía, a pesar de la ausencia de sol. En nuestro recorrido, me encontré con algunos conocidos a quienes saludé con la cortesía propia de la época, y les presenté a mi acompañante. A lo lejos, divisé a mi estimada amiga caminando del brazo de su hermano, y al acercarnos, nos saludamos con efusividad y alegría. Conversamos un momento, durante el cual Nicolas amablemente nos invitó a una pequeña tienda de té recientemente inaugurada, asegurando que servían los mejores pasteles acompañados de un delicioso té. Aceptamos con amabilidad su invitación y nos dirigimos al establecimiento. Harriet tomó el brazo de Arthur, mientras yo unía mi brazo al de Nicolas. _¿Es su nuevo pretendiente? - preguntó Nicolas con curiosidad, se veía celoso pero no le di mayor importancia. _No, simplemente le enseño la ciudad. Es un querido amigo de mi padre y ha venido a Londres en busca de una esposa. _Una esposa como usted? Solo somos amigos, respondí con una cálida sonrisa. _ creo que el desea ser algo más que su amigo, me reprocha. _ usted cómo sabe que el desea ser algo más ? pregunte con discreción. _ no es necesario ser un genio para darme cuenta de las intenciones que tiene el señor Welles hacia usted. _ yo creo que usted está celoso, le dije empujándolo amistosamente con mi codo. _ por supuesto que lo estoy. cómo no estarlo si el tiene ventaja con usted, viven en el mismo techo. Creo que tendré que visitarlo regularmente para que mi propuesta sea más atractiva _Usted dijo que sería paciente, que esperaría mi respuesta. No es una decisión que deba tomarse a la ligera; es un compromiso de por vida. _Tómese todo el tiempo que necesite, pero créame cuando le digo que en este momento, mi atención está únicamente en usted. _Me sonrojé y respondí: Por ahora, sigamos siendo buenos amigos. _Muy bien, como desees. No me rendiré fácilmente. Al llegar a la casa de té, nos pareció un refugio acogedor. Tomamos té y saboreamos deliciosos bocadillos, mientras manteníamos una conversación tan agradable que no nos dimos cuenta del avance de la hora. Tuvimos que regresar a casa, pues mi padre despreciaba que llegáramos tarde a la hora de la cena... por marques Lancaster: Como era costumbre en las mañanas, me disponía a leer y responder cartas, la mayoría relacionadas con los negocios y propiedades bajo mi control. Sin embargo, entre tantas, una de ellas capturó mi atención profundamente. Al ver el remitente, mi corazón empezó a latir de forma desenfrenada, y no pude contener mi sonrisa. Mi estimado Marqués, He recibido su amable flores Agradezco su preocupación, es gratificante saber que ocupa tiempo en pensarme. En cuanto a su "propuesta" de matrimonio, permítame aclarar que mis intenciones siguen siendo las mismas: no tengo el menor interés en unirse en sagrado vínculo con usted. Aunque es innegable que compartimos una noche de intensa pasión, eso no significa que mi vida deba quedar bajo su control perpetuo. Por tanto, le ruego encarecidamente que se abstenga de escribirme nuevamente y que, si en algún momento compartimos el mismo espacio, nos limitemos a saludarnos con la debida indiferencia. Lady Berkeley. Al concluir la lectura reí de una manera que no lo hacía en meses. "Esta mujer me volverá loco", pensé para mí mismo. No, no creerás que me rendiré tan fácilmente. No la dejaré en paz; ella ya es de mi propiedad, y nadie en el mundo podrá impedir que me case con ella. Incluso si la tengo que llevar a rastras al altar. Estaba de tan buen humor que decidí montar a caballo hasta la casa de mi estimado amigo e invitarlo a dar un paseo. Cruzamos el parque para acortar el camino, y a lo lejos avisté a Philippa caminando del brazo de un hombre. Mi cuerpo se inflamó de ira. ¿Por qué tenía que ser precisamente ella, entre todas las mujeres, la que viera con otro hombre? Sentí el impulso de tomarla del brazo y apartarla de su acompañante. Al acercarme, la miré enfadado; podía echar chispas por los ojos y al verme, su rostro se palideció al instante. Hubo un saludo distante y frío entre nosotros, pero ambos sabíamos lo que queríamos decir con solo mirarnos. Después de nuestro encuentro furtivo, sentí la necesidad de un trago. Todo mi buen humor se había desplomado debido a esa mocosa. El simple hecho de verla en compañía de otro hombre encendía celos en mí. Cabalgando en dirección al White's Club, uno de los clubes más selectos para caballeros, nos entregamos a la bebida. Bebimos hasta que me encontré en confianza para hablar con Archibald. Le confesé que mi obsesión por Philippa había llegado a un punto en el que me aproveché de ella y le robé su inocencia, pero ella era tan testaruda que se había negado en reiteradas ocasiones a ser mi futura marquesa. Archibald no se destacaba por ofrecer los mejores consejos, pero esta vez le hice caso; debía buscar consuelo en otros brazos, y me pareció una idea razonable. Así que busqué consuelo en una mujer ligera de moral, de esas que frecuentaban el club para satisfacer a los caballeros. Desaté mi ira contra ella; la poseí como un animal, imaginándome el rostro de Philippa. Lo hice rudo y desenfrenado, la mujer que estaba en mis brazos al parecer disfrutaba de mi rudeza, gemía desesperada y pedía más a gritos. Al terminar, me vestí y le arrojé unos cuantos peniques sin mirar a la mujer, a quien ni siquiera conocía su nombre...
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