capitulo 07

1006 Words
_Archibald en cambio solo se limito en saludar con una reverencia a todos y sentarse a mi lado. _ te ves fatal, como si te hubieses enredado en la sabanas de alguna mujer_ me dice con el mayor descaro. _ ni lo digas, eso fue lo menos que pasó anoche. _ creo que no estabas, fui hasta tu habitación pero no te encontré. _ quizás fuiste cuando estaba resolviendo un asunto importante_ mientras no podía dejar de mirar a lady Berkeley charlar muy animada con mi hermano menor. _ eso no importa, al salir de tu habitación me encontré con Nicolás y decidimos ir a divertimos a "White's Club". _ intentaba prestar atención a lo que mi buen amigo con entusiasmo me hablaba pero mi mirada estaba fija en ella. Mi corazón ardía de celos al presenciar cómo ella se entregaba a una conversación inocente con otro hombre, como si la noche anterior no hubiese dejado ninguna huella en su memoria. Sentía cómo las llamas de la envidia y el deseo consumían mi interior, mientras luchaba por mantener una apariencia serena en mi rostro Me quemaba por dentro, deseando ser el centro de su atención, pero me veía obligado a ocultar mi tormento bajo una máscara de indiferencia. Mientras luchaba por mantener la calma y dirigir toda mi atención hacia mi buen amigo, un estruendoso golpe resonó en la mesa, seguido de un grito desgarrador que retumbó en mis oídos. Mi padre yacía desplomado, su rostro reposaba sobre el plato de comida frente a él, inerte reanimando dándole pequeños golpecitos en su rostro, pero el no reaccionó. El caos se desató en el salón. Mi madre gritaba en desesperación, implorando a los cielos que mi padre volviera a la vida. Mi tía abrazaba a mi madre, llorando sin consuelo, mientras mi hermana menor se aferraba a su mejor amiga en busca de apoyo. En medio de la confusión, el mayordomo y yo nos apresuramos a levantar a mi padre, llevándolo a un lugar más cómodo mientras enviamos a buscar al médico. El tiempo parecía detenerse mientras esperábamos ansiosos su llegada, la incertidumbre se apoderaba de nuestros corazones. Finalmente, el médico hizo su entrada, y nos pidió que todos saliéramos de la habitación, dejándome solo con mi padre. La tensión en el aire era palpable, y mi corazón latía con fuerza en mi pecho, anticipando la devastadora noticia que estaba por venir. El médico pronunció las palabras que temíamos escuchar: mi padre había dejado de existir. Un profundo silencio inundó la habitación, mientras yo absorbía la magnitud de la pérdida que acabábamos de sufrir. La tristeza y el dolor nos envolvieron a todos, sumergiendo en un mar de lágrimas y lamentos. Tomé un momento para reunir todas mis fuerzas, decidido a enfrentar la difícil tarea de contarles a los demás lo sucedido. Mi madre, consumida por la desesperación, irrumpió en la habitación y se aferró al cuerpo sin vida de mi padre, soltando gritos desgarradores que llenaron el aire. Se vinieron días muy duros y sombríos para toda la familia tras la muerte del Márquez de Lancaster. Nuestro hogar se sumió en un silencio pesado, mientras el cuerpo de mi padre reposaba en una habitación especial, preparada para rendirle tributo en su último adiós.El velorios parecían extenderse hasta la eternidad. La casa está llena de susurros apagados. lágrimas contenidas, mientras nuestros familiares, amigos y miembros de la alta sociedad acudían a expresar sus condolencias y compartir nuestra tristeza. Jamás he Sido de voto de los ritos religiosos, pero mi madre era un fiel creyente de ellos, cada tanto se celebraban Misas solemnes en honor a mi padre, mientras rezaban por su alma. Las velas ardían con un fulgor melancólico, iluminando su rostro en reposo creando una atmósfera de solemnidad. Cada detalle, desde los arreglos florales hasta la música. No había lugar para el descanso. Mi madre se esforzaba por brindar hospitalidad a nuestros invitados. Recepciones y banquetes se organizaban, ofreciendo un momento de distracción y un respiro momentáneo del dolor. Caminé con paso apresurado hacia mi aposento, sintiendo el peso de la tristeza y la incertidumbre que se cercanía sobre mí. La muerte de mi padre había dejado un vacío inmenso en mi corazón, y ahora me esperaban semanas difíciles que me abrumaba Necesitaba estar a solas, lejos de las voces que elogiaban la figura de mi padre y de los secretos que se escondían tras su fachada. Si tan solo supieran las personas que frecuentaban su amante, no podrían cantar sus alabanzas con tanta convicción. Necesitaba estar a solas, lejos de las voces que elogiaban la figura de mi padre y de los secretos que se escondían tras su fachada. Si tan solo supieran las personas que frecuentaban su amante, no podrían cantar sus alabanzas con tanta convicción. Al llegar al último peldaño de la escalera, vi a Lady Berkeley acercándose. Nuestros caminos se encontraron y nuestros ojos se encontraron por un instante. Ella hizo una reverencia cortés antes de marcharse, pero en ese momento algo en mí se aferró a su presencia. Sin pensarlo dos veces, extendí mi mano atrayendo hacia mí en un abrazo apretado. Necesitaba sentir su cercanía, su calidez, como un consuelo en medio de mi desasosiego. _ me habló con firmeza y determinada. ¡Suelteme!. Pero yo no podía dejarla ir tan fácilmente. _le suplique con voz cansada _ un momento más._ esperando que comprendiera mi necesidad. Ella respiró profundamente y finalmente, estrechó sus brazos alrededor de mi cuello, encontré un instante de paz y consuelo. Su cuerpo frágil y cálido se convirtió en mi refugio, era cálido abrazo lo que necesitaba, solo su frágil cuerpo necesitaba para tener fuerzas y seguir con todo eso. Ninguno de los dos dijo palabra alguna ella continuo su camino y yo el mio. Entré a mi santuario personal, mi cuarto, y serví una copa que bebí mientras me sentaba en mi escritorio. Revisé los papeles que me habían entregado, detallando el protocolo para asumir el título de Marqués tras la muerte de mi padre...
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