(Narrador en tercera persona)
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-Esto tiene que ser una maldita broma -musitó Helena.
Decir que estaba pasmada era quedarse corto. Aquella carta cambiaba todo lo que ella conocía como su vida, o lo que había sido su vida. ¿Y qué era aquello de tomar una decisión? Es decir, ¿qué decisión estaban esperando que ella tome?
Lucas se aclaró la garganta, llamando su atención.
-Menuda mierda de carta -dijo el rubio en voz baja.
Jane se había quedado sin palabras, y eso ya era bastante considerando que la muchacha no sabía cerrar la boca nunca. Cuando le insistió a Helena para que abriera el sobre y revelara el contenido, definitivamente no se esperaba aquello.
-¿Y ahora qué? -preguntó su amiga, sin saber qué otra cosa decir.
Helena lo pensó por un segundo, y respondió con firmeza.
-Y ahora nada.
-¿Cómo dices? -Jane la miró con los ojos desorbitados. No podía estar hablando enserio.
-Esta carta no cambia nada. -Sentenció, levantándose del sillón y arrojando el pedazo de papel sobre la mesa. -Jane ya tengo 26 años, una carrera, una empresa que dirigir. No voy a cambiar todo eso sólo para averiguar sobre mi verdadero nacimiento.
Su amiga la perforó con la mirada.
-Pero quién sabe lo que podrías averiguar. Mira si tus padres aún están vivos, o si tienes hermanos, o si vienes de una familiar asquerosamente rica -refutó Jane, tratando de convencer a Helena.
-No necesito nada de eso -negó con la cabeza. Todo este asunto le daba mala espina.
Mientras tanto, Lucas que había permanecido en silencio sepulcral, reaccionó.
-¿Cómo dijiste que es tu apellido biológico? -Jane y Helena se dieron vuelta para mirarlo.
-Genovese, ¿por qué?
Lucas se frotó la barbilla en un gesto pensativo.
-Creo haber escuchado ese apellido en algún lado, pero no estoy seguro -su tono era despreocupado, como si el asunto del que estaban hablando fuera una simple visita al supermercado.
Helena le frunció el ceño.
-Agradezco que se preocupen chicos, pero de verdad no estoy interesada en escarbar en todo esto -dejando el tema de lado, agarró la bandeja con las tazas de café y se dirigió a la cocina.
Jane la siguió de cerca, pisándole los talones.
-Vamos Lena, tiene que interesarte al menos un poco. Aunque sea saber si hay algún m*****o de tu familia biológica vivo -insistió su testaruda amiga.
La pequeña reunión que se había desarrollado en el living, ahora se había trasladado a la cocina, mientras Helena lavaba los pocos platos que estaban sucios.
Jane y Lucas se sentaron en la mesita de roble mientras la observaban. El muchacho todavía rebanándose los sesos para recordar donde había escuchado aquel apellido.
-No voy a negar que me da curiosidad, pero ya escuchaste lo que decía la carta, y lo mismo me dijo mi mamá. Que tenga cuidado en donde me estaba metiendo porque era un lugar peligroso -habló desinteresadamente mientras frotaba jabón en un plato.
-Podemos averiguar sin tener que meternos en el asunto -sugirió Jane.
Helena suspiró resignada. Realmente no estaba segura de querer seguir con todo aquello, pero había una pequeña voz en su cabeza que la pinchaba para averiguar un poco más.
-Aunque quisiera igual no sabría por dónde empezar. -negó con la cabeza. -Aunque ahora que lo pienso, mamá me dijo que si quería averiguar algo más preguntara por Dionnisio Genovese -reveló furtivamente.
De repente la cabeza del muchacho se iluminó.
-¡Ajá! Eso era -señaló triunfante hacía el techo. Jane y Helena lo miraron sin comprender. -Dionnisio Genovese, es el nombre de mi jefe.
La revelación dejó pasmadas a las dos mujeres.
-¿De qué estas hablando? -lo increpó Helena, dejando de lado los platos para prestar más atención.
-En realidad no es mi jefe, sino el dueño del bar donde trabajo. Nunca lo he visto, pero he escuchado hablar de él -les contó en un susurro. -Es dueño de una cadena importante de bares a lo largo de Ohio, incluso en otros estados a los largo del país.
-Genial, ¿y cómo podemos encontrarlo? -Jane ya había activado su modo detective, y no pararía hasta lograr su cometido.
-Espera, ni siquiera sabemos si estamos hablando de la misma persona -expuso Helena.
-¿Cuántos Dionnisios Genovese puede haber? No es un nombre y apellido muy común -contraatacó su amiga.
En silencio hicieron un duelo de miradas, mientras que el muchacho se encontraba atrapado en el medio. Suspirando, Lucas negó con la cabeza.
-No podemos ir al bar, tocar la puerta y simplemente preguntar por él. Es un hombre importante. Las pocas veces que ha ido al lugar siempre está rodeado de guardaespaldas -declaró, derrumbando las esperanzas de Jane.
-Intenta averiguar si estará en la ciudad los próximos días, y luego veremos como acercarnos a él -ideó la cabecita rápida de Jane.
Helena miró sorprendida a su amiga, pasmada por la capacidad y la velocidad que tenía para idear ciertos planes.
-Veré qué puedo conseguir pero no aseguro nada -les confirmó Lucas.
-Sabes, eres realmente intensa cuando te lo propones -retó a su amiga con diversión.
Jane le extendió una sonrisa radiante.
-Tomaré eso como un cumplido.
Dejando el intrigante tema de lado, los amigos conversaron y se rieron un rato más hasta que se hizo tarde en la noche. Helena tuvo que explicarles que el día siguiente temprano tendría que ir a ver al abogado por el tema del testamento. Le desearon suerte y se marcharon, dejándola sola con todos sus pensamientos.
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A la mañana siguiente le costó levantarse de la cama, ya que no había podido dormir bien debido a toda la nueva información que había recibido.
Sin demorar mucho más, se vistió con un traje gris de dos piezas, unos tacones a juego, se maquilló, y ató su pelo en un moño suelto. Salió de su departamento y en treinta minutos ya se encontraba en el despacho del abogado.
-Buenos días señorita Lennox, el señor Travis ya la está esperando. Por aquí -la guio una chica amablemente hasta una oficina pequeña pero luminosa.
Y allí se encontraba aquel hombre regordete que recordaba haber visto en el funeral.
-Bienvenida señorita Lennox, pase por favor -la saludó indicándole que tomara asiento en una de las sillas frente a su escritorio.
-Buenos días abogado. Por favor, sólo dígame Helena -inquirió amable pero seria.
-Bien, Helena -acordó Travis con una sonrisa. -Debemos esperar a que llegue su hermana, pues debo leerle el testamento a las dos. Pero aprovecharé para darle algo que es sólo para usted.
Aquí van más cosas misteriosas pensó con ironía mientras lo observaba rebuscar en un cajón. Al cabo de unos segundos, sacó una carpeta de color rojo.
-Tengo algunas especificaciones antes de entregarle está carpeta -comenzó diciendo el abogado. -La primera y única es que podré entregársela sólo si usted está completamente segura si quiere averiguar sobre sus padres biológicos.
-¿Usted sabe sobre eso? -lo acusó la muchacha escandalizada.
-Para nada, no me malinterprete. Estas son especificaciones que dejó su madre -le contestó con seguridad.
-¿Qué pasa con la carpeta si la respuesta es no? -preguntó curiosa.
-En ese caso, tengo ordenes de destruirla -dijo, simple y tajante.
Helena deliberó por lo que parecieron varios minutos largos. En esa carpeta podía haber documentos importantes sobre su nacimiento y su familia biológica, si dejaba que se destruyeran quizás nunca más tendría una oportunidad tan al alcance de su mano.
-De acuerdo, deme la carpeta -tomó la decisión que quizás le cambiaría la vida.
El abogado le entregó la carpeta contento, pues no sabía qué contenía pero le parecía una lástima tener que destruirla.
-Es una gran decisión señorita -le dijo contento.
Helena lo miró de reojo. Espero que tuviera razón en eso.