Capítulo IV Celos

1281 Words
Han pasado cinco días desde la inesperada visita del señor Hamilton, le envié el mensaje desde mi móvil justo antes de ir a dormir ese mismo día y desde entonces no dejo de revisarlo cada cinco minutos, sintiéndome patética y tonta, pues no hay respuesta. —¿Qué llevarás al baile de despedida? —me pregunta Jane, mientras revisa los vestidos de noche de la tienda a la que hemos decido pasar a comprar después de clases. La miro y noto lo feliz que está. —No lo sé —le contesto tomando un vestido de lentejuela dorado que parece ser más del estilo de ella que el mío. —Pues decídete que es la próxima semana —me sonríe positivamente, como siempre. —La verdad —camino hacia ella y dejo mi brazo sobre su hombro—, no creo ir. —¡¿Qué?! —pregunta alterada y con una mirada de terror en su rostro. Suelta los dos vestidos que trae en sus brazos y me toma por los hombros mirándome con esos ojos  fijamente a los míos de manera intimidante. —¿Te encuentras bien? —toca mi frente con un poco más de fuerza de la que supongo quería aplicar. —Auch, sí. —Entonces, ¿por qué no quieres ir? —No lo sé, no tengo con quien ir, y seamos honestas, tú te la pasarás con Daemon y yo quedaré en segundo plano. —Olivia —me habla con ternura. —No, no creas que me enoja que estés con mi hermano, sabes que los apoyo al ciento por ciento, es solo que no quiero ir de mal tercio. —Pues no lo harás porque solo seremos tú y yo, iremos juntas a ese baile y Daemon no nos molestará, ¿sabes por qué? —me regala una sonrisa confiada. —¿Por qué? —pregunto con un poco de diversión. —Porque son dos bailes, el de salida y el de graduación y yo iré al de graduación con Daemon, así que al de salida no se molestará en estar conmigo. —Bien —sonrío más animada. —Anda, busca algo que te guste y lo pago a mi cuenta. —No, Jane, no, yo tengo mi dinero. —Pero serás mi cita esa noche, así que yo debo de tenerte como una princesa —hace una mueca graciosa y suelto a carcajadas. —No, no pagarás lo mío, pero puedes comprarme algo que combine con el vestido que escoja —le sonrío orgullosa. —Trato. Estrechamos las manos y nos separamos para volver a buscar algo. Camino entre los grandes pasillos llenos de vestidos de todos los tipos, colores y tamaños, veo varios que llaman mi atención, rojos, dorados, negros, azules, todos tan lindos y elegantes y extravagantes, pero la verdad es que no me atrevería a ponerme algo como eso. Camino un poco más y doy con un vestido lila largo de tubo, con mangas de encaje bastante lindo, lo tomo y le doy una mirada más general y me agrada, lo bajo y me dirijo hacía los probadores. Una vez dentro me despojo de mi ropa y me pongo el vestido. —Olivia, ¿estás aquí? —la voz de Jane se escucha en los probadores. —Sí, espera. Abro la puerta y salgo de esta en el vestido. —¿Cómo me veo? —pregunto algo nerviosa. —Oh my God —su rostro es de sorpresa—, pareces una princesa, no, pareces una modelo. Suelto risas y me giro para verme en el espejo, y me contemplo, en verdad me veo linda, el vestido se ciñe bien a mi cuerpo mostrando mis pequeñas curvas que en este vestido se ven más marcadas, me giro para ver la espalda y puedo apreciar que se me ve un poco más grande el trasero. —Lo sé, parece un trasero a la Nicki Minaj —habla Jane, hablando lo que pienso. —Me lo llevo —sonrío y río. —Bien, te espero afuera. —Sí. Me meto de nuevo al probador, me quito el vestido y vuelvo a ponerme la ropa que traía, salgo y me dirijo con Jane a la caja registradora. Ponemos nuestros vestidos en el mostrador, le decimos que por separado y la cajera hace lo suyo,  Jane y yo nos dedicamos a hablar sobre lo grandioso que será el baile, ya que con el simple tema de los 90's suena genial. —Espero que pongan buena música, no como el baile pasado —habla Jane. Asiento dándole toda la razón. Sigo poniéndole atención pero me distraigo cuando siento un pequeño toque en mi espalda, pero no me giro pues simplemente quiero creer que ha sido alguien con sus artículos, veo atenta a Jane que habla con mucho entusiasmo y en algunos casos me hace reír. Pero el toque sigue siendo insistente, y esta vez se prolonga hasta el inicio de mi espalda poniéndome incomoda, me giro discretamente para ver qué o quién lo provoca y es mi sorpresa encontrarme con Hamilton. Paso saliva y decido no hablarle por mis razones, así que me giro y continúo con la plática entre Jane y yo. Logan parece entender la indirecta, pues tal solo un par de segundos después llama mi atención. —Oh, señorita Eriksen, que coincidencia —habla animado, y no me queda de otra más que hacer la plática. —Señor Hamilton, no lo vi —lo miro con la sonrisa más falsa de la historia—, que gusto. Se remueve en su lugar un tanto incómodo, y sé que he logrado mi cometido con mi mirada. —¿Cómo se encuentra su madre? —Muy bien gracias —sigo sonriendo—. Ella es Jane, Jane Smith. —Jane, un placer —Logan me mira de reojo y después toma la mano de Jane y deposita un beso en esta. Mi sonrisa se desvanece y me pongo totalmente seria, molesta y celosa. Sí. Estoy endemoniadamente celosa. —Aquí tiene —nos habla la cajera y nos entrega las bolsas con los vestidos. —Bueno, señor Hamilton, lo dejamos —le doy una última sonrisa y camino sin darle una apropiada despedida. Jane viene detrás de mí y se apresura hasta que me hace detenerme. —No me digas que él es... —Sí, es Logan Hamilton.  —Es un maldito perro, le gustan todas. —Sí, me di cuenta —respondo molesta y me giro para seguir caminando, pero ella vuelve a detenerme. —Olivia, no te enojes conmigo, yo no sabía que lo haría. Suelto el aire retenido en mis pulmones, blanqueo mis ojos y cuento hasta diez para calmarme. —Lo sé, lo siento, es solo que... —¡Olivia! —la masculina voz se vuelve a hacer presente y ambas nos quedamos paralizadas. Logan y yo conectamos miradas, y siento como me da un escalofrío. —Oh, me adelanto, tengo que sellar el boleto del estacionamiento —habla Jane y huye de aquel circulo de tensión. Una vez que se ha ido, Logan sonríe de manera divertida. —¿Qué? —le pregunto, aún más molesta. —La nena se enojó —con su mano pasa detrás de mí oreja un mechón de cabello. Me hago hacia atrás, se muerde el labio inferior y se acerca a mí tomando mi mentón. —Oh mi pequeña, no te pongas celosa. Sigo viéndolo mal, y siento como mi labio inferior empieza a hacer un pequeño puchero. —No hagas eso, me dan ganas de besarte toda. —¿Y qué si lo sigo haciendo?  No puedes hacerme nada —le reclamo retadora.
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