Veo a Deborah bajar las escaleras con un horroroso vestido amarillo y unos tacones morados. ¿Qué combinación es esa? ¿No seria maravilloso que se cayese de morros contra el suelo? Yo creo que si, evitaría tener que pasar la mañana con ella protegiendo mi próximo vestido. Gran idea la de Eleonora. Mandar a su perra rubia para que me vigile.
—Vamos, hermanita, estoy deseando verte vestida de novia.
La voz irritante de Deborah va cargada de sarcasmo y malas intenciones. Coge mi brazo para irnos y mis ganas de estrangularla aumentan en segundos. La detesto, y no me gusta sentir tanto odio hacia alguien, pero, ella lo merece. Merece todas y cada una de las cosas malas que la vida le de, por manipuladora y envidiosa. Tranquila, Eva, piensa en cosas bonitas.
Dos horas mas tarde, tengo un pomposo vestido lleno de tul, el cual Deborah elegió y se encarga de llevarlo con ella como si fuese oro puro. No va a defraudar a la gran Eleonora, también comodidad como, la jefa su vida. Ella controla todos y cada uno de los pasos que da su querida y adorada hija. Deborah ni siquiera respira sin su permiso.
¿Y si me deshago de ella y del vestido a la vez?
Aunque sería una maravillosa idea, yo no mataría ni a una mosca. La observo retocar sus labios en el espejo del coche y una gran idea llega a mi mente mientras una sonrisa radiante aparece en mi rostro. Veamos que tal le queda el rosa en las mejillas. Aprovechando un semáforo, freno en seco, haciendo que se desvíe un poco de sus operados labios. Bueno, quien dice un poco, dice bastante. Acaba de pintarse media cara con su cursi pintalabios rosa chicle.
—¡Eva!—me grita roja de la ira—¡Mira lo que has hecho, idiota! ¡Ni siquiera conducir sabes!—empieza a buscar con que limpiarse mientras yo trato de no reírme. —Fue sin querer, hermanita. Se me atravesó un perro. —pongo mi mejor cara de inocente y sigo conduciendo victoriosa.
Eva-1
Deborah-0
Están muy equivocadas si piensan que se saldrán con la suya. Mi padre no crió a una niña conformista. Y yo haría honra a su memoria.
(…)
"Vivir sin amigos, no es vivir."
—Ciceron
12 Junio 2013
EVA
Esto no puede estar pasándome. La vida no puede estar siendo tan perra conmigo. —Eva, cariño, no te escondas.— la voz de Petter me pone la piel de gallina mientras sus pasos se oyen cada vez mas cerca— ¿Quieres jugar, caramelito?
Jugaremos, solo deja que te encuentre. Cierro la puerta del armario y rezo porque no me encuentre en mi estúpido escondite. Aprieto con fuerza la lampara que cogí de la mesita de noche y me preparo para lo peor. Por nada del mundo pienso dejar que me ponga un dedo encima. Antes lo mato.
LA boda fue un fracaso y mi intento de huir fue interrumpido por los guardias que mandaron poner en la puerta. Los odio. Odio lo que me han hecho y en lo que han convertido mi vida. Sin darme tiempo a reaccionar, la puerta se abre y soy arrastrada hacia el exterior. La lampara cae al suelo y toda mi esperanza se va a la mierda.
—Ahora si. Serás mía en todos los aspectos. —me empuja contra la cama y se abalanza sobre mi.
—¡Ni se le ocurra tocarme, viejo asqueroso!—grito y pataleo tratando de quitarlo de encima. Me tiene dominada y mis intentos de librarme de el son inútiles.
En estos momento me maldigo por haber dejado de hacer ejercicio. Me vendrían bien esas clases de boxeo que daban en el gimnasio.
—No te resistas, pequeña Eva, no sabes cuanto tiempo llevo esperando esto...—acaricia mi escote—. Esos ojos verdes me cautivaron desde que cumpliste trece, ahora, con tu padre muerto, nadie me impedirá hacerte mía.
Cierro los ojos ante la mención de mi padre y la rabia llega a mi sistema. Me siento impotente cuando de un tirón rompe mi vestido y me deja casi desnuda frente a su mirada de deseo. Estoy asqueada conmigo misma, siento asco en cada parte que sus manos tocan de mi anatomía. Aprovecho que empieza a desabrochar su camisa y lo empujo tratando de huír, cosa que solo desemboca en una gran bofetada. Esto va a dejar marca.
—Ahora, caramelito, prepárate para una gran noche...
Despierto de golpe y caigo de culo de mi cama. Era una pesadilla. Solo era una maldita pesadilla y siento como mi sudor empapa el pijama que llevo puesto.
Trato de regular mi respiración y me siento apoyando mi espalda contra la cama. Entrecierro mis ojos acostumbrándome a la luz que entra al abrirse la puerta y veo al protagonista de mis poco agradables sueños entrar por ella.
—¿Qué cojones haces aquí?—me levanto de golpe y me dirijo a correr las cortinas. No me gusta su cercanía.
—Tranquila, caramelito. Solo venia a hablar contigo.
Relame sus labios mientras me mira y caigo en cuenta de que mi pijama no es la mejor opción para llevar puesta delante del hombre que parece quiere violarme. Cojo la bata de satén que hay a los pies de mi cama y lo encaro.
—Habla entonces.—comento cansada. Tambien traté de convencerlo de no casarnos. Pero, el dice estar enamorado de mi.
—Estoy intentando hacer esto por las buenas, Eva. Se que puedo hacer que me quieras.
—No veo nada de bueno en obligarme a casarme contigo. ¿No crees que veinticinco años es demasiada diferencia? ¿En serio crees que puedo enamorarme de alguien como tú?—espeto de mala manera, soltando todo mi veneno.
—Te casarás conmigo quieras o no. Me importa una mierda la edad, serás mia, vete haciendo a la idea.—agarra mi brazo y todo en mi se pone en alerta.
—No te confundas—rio con burla—. Puedes obligarme a casarme contigo, incluso puedes obligarme a vivir a tu lado. Pero, jamás, y escúchame bien, nunca te perteneceré ni te amaré.
—No tientes a tu suerte, pequeña estúpida.—su agarre en mi brazo aumente de intensidad. Su mirada esta desorbitada y realmente me asusta. ¿Sería capaz de hacerme daño?
—Sueltame.—hablo con toda la tranquilidad que puedo en estos momento. No quiero que su enfado aumente, no cuando no hay nadie en esta casa que pueda defenderme. Algo en el parece reaccionar y mira su agarre sobre mi antes de fruncir el ceño y soltarme.
—Lo siento.—suena realmente arrepentido. Sin decir nada mas, sale de mi habitación y solo entonces, suelto todo el aire contenido. Me siento sobre la cama tratando de calmar mis nervios. Petter tiene el poder de alterar cada parte de mi cuerpo, me aterra su sola presencia. Es un hombre tan extraño...
Siempre me miró como un hombre casado no debería de mirar a una niña. Miles de veces escuché a papá discutir con el sobre ello, mi padre sabía que sus intenciones conmigo y la atención que me daba no era la adecuada.
Procuraba no quedarme a solas con el y jamás me separaba de papá cuando iba a sus reuniones. Todo empeoró el día que mi padre murió. Esa fue su oportunidad de acercarse a mi, cosa que Eleonora aceptó encantada.
Tras este magnifico despertar me doy una larga ducha. Me pongo unos jeans y una camiseta blanca del armario y me calzo mis converse rojas. Busco entre los papeles de mi escritorio y meto en mi bolso los que necesitaré hoy en la universidad. Tras eso salgo corriendo y subo en mi bebé color rojo y pongo rumbo a la universidad. Entre clase y clase, hablo con Alexa sobre nuestra idea de salir de fiesta esta noche e intercambiamos opiniones sobre algunos proyectos. A la hora del almuerzo, las gemelas se nos unen en el campus y nos sentamos en la cafetería. Alexa y yo estudiamos la carrera de artes y diseño. Noah estudia magisterio infantil, mientras que, Nina esta en la carrera de enfermería.
—Podemos ir todas de n***o. Como Spencer, Hannah, Aria y Emily de funeral en Pequeñas Mentirosas. ¿Habeis visto esa serie? Voy por la temporada cinco y creo que mi cabeza explotará si no descubro quien es ¨A¨.
—Por favor, Lexi. Deberías empezar a ver series de verdad como Juego de Tronos.—contesta Nina.
—¡Pequeñas mentirosas es la mejor serie del mundo, no esa cosa llena de dragones y reinos!—contraataca mi pelirroja amiga.
—Ni siquiera oses comparar esa mierda con Juego de Tronos.
—¡Oye, ya! La idea de ir de n***o me parece genial.—las calla Noah y le sonrío en agradecimiento.
Todavía no se que haría sin mis amigas. Muevo mis caderas al ritmo de Imagine Dragons mientras aplico el rimel sobre mis pestañas. El día pasó rápido y la hora de salir esta casi al caer. Miro los conjuntos negros que hay sobre la cama y llevo un dedo a mi barbilla de forma pensativa. No es como si fuese una noche especial pero mi abuela solía decir que siempre debía salir a la calle como si fuese a encontrarme con el amor de mi vida o como si tuviese que enfrentar a mi peor enemiga. Siempre vestida para matar. Es por ello que elegí estudiar arte, mi abuela era una apasionada de la moda y la pintura. De ahí mi amor por dibujar. Finalmente, me decido por un vestido de escote ajustado y falda en flecos que se mueven de manera graciosa cuando doy vueltas. Me pongo unas sandalias negras y unos pendientes color oro que junto a mis labios rojos dan luz y vida a mi rostro ya que decidí recoger mi pelo en un moño bajo dejando algunos mechones sueltos.
—¿Vas a salir?
La voz de Deborah me hace pegar un salto sobre mi sitio. Giro hacia ella mientras aplico mi perfume y la veo apoyada en el marco de mi puerta. No puedo creer que a las once de la noche ella siga subida en esos tacones de metro y medio. Debe de tener los pies hechos un horror.