Capítulo Uno.

1007 Words
Juro que sí acabo dándole el "si quiero" a ese hombre, mi madrastra no verá ni un solo billete, me encargaré personalmente de que Petter no le de nada. Que la deje viviendo en la calle. Es típico de Eleonora hacer que los demás paguemos por sus errores, pero este no seria el caso. No jugaría conmigo como lo hizo con el amor de mi padre. Entro en mi habitación y me lanzo frustrada sobre la cama. Tengo que pensar algo para librarme de esto. Busco mi teléfono entre las sabanas y escribo un mensaje al grupo de ¨El club de las conejitas¨. Sus integrantes son mis tres mejores amigas. Alexa, pelirroja y excéntrica. Nina y Noah, gemelas tan diferentes como iguales. Eva: En veinte minutos en casa de Alexa. ¿Tienes helado? ¿Que tal si vemos una peli romántica para recordar como NO será mi futuro? Lexi: ¿Por qué suena como si Eleonora te acabara de dar una noticia de mierda? Noah: ¡Yo llevo helado de fresa! Eva: Porque lo hizo. Esa vieja cada día es mas perra. ¡Trae también de chocolate! Nina: Perro ladrador, poco mordedor. Fijo que te dijo alguna tontería. Eva: Ahora os cuento. ¡No olvidéis el helado! Mando el ultimo mensaje y me meto a la ducha. Al salir coloco mi pelo oscuro en una coleta alta, me pongo algo cómodo y cojo las llaves de mi Audi A5 Cabrio rojo. Cuando estoy bajando encuentro a Deborah subiendo las escaleras con Ivonne, su única amiga. Ambas son conocidas en la universidad por su gran simpatía, obviamente solo hacia el sexo masculino, ya me entendéis. Ni siquiera se como esas dos inútiles están estudiando una carrera. ¿Porqué no se casa ella con Petter? Tendría el futuro que siempre ha querido, rica y con un marido que la consienta. Igualita a su madre. Se de sobra que Eleonora me odia, que desde que se casó con mi padre me detestó. Nunca entenderé que fue lo que hice para merecer su odio, pero como dicen por ahí, "cada uno recoge lo que siembra" y esta mujer recogerá mierda. Al llegar a casa de Alexa, ya todas se encuentran allí. Lucy Sheffield, su hermana pequeña, me abre la puerta y sonrío al verla. Es tan bajita y pelirroja que me causa una extraña ternurita. —Hola, pequeña bruja.—sacudo su pelo despeinándola. Ella sonríe mientras trata de quitar mis manos de su cabeza. —¡Noah trajo helado de fresa!¡Están comiendo sin ti!—informa. Como alma que lleva el diablo corro escaleras arriba hacia la habitación de Alexa. Ese helado no puede acabarse sin ser degustado por mi. Con la comida no se juega. —¡Soltad esa cuchara si no queréis morir!—grito y entro dramáticamente en la habitación. Mis amigas me miran alarmadas para posteriormente comenzar a reir. Me siento junto a ellas y empiezo a contarles todo lo que Eleonora me dijo. Las tres escuchan muy atentas y abren los ojos como platos ante la noticia de que me casaré en unas semanas. Veo como Noah tira de su turbante rojo hacia atrás apartando el pelo de su cara mientras jadea levemente. Una de las maneras de diferenciarla de su hermana, es la cantidad de accesorios para pelo que usa. Tiene uno para cada ocasión. —Esa vieja está loca. No hay mas explicación.—habla Nina rompiendo el silencio. —¿Dejará de pagar tus estudios sin no la obedeces?¿Eso es legal?—añade Noah. —Lo que no es legal es el asesinato. Y por mi mente solo pasan diferentes formas de acabar con ella.—Alexa mantiene su expresión seria mientras habla. —Debo buscar la manera de librarme de esto. Meto una gran cucharada de helado a mi boca y las miro mientras las tres lucen pensativas. Algo están tramando y espero que sea a mi favor. A Nina se le ocurre buscar los pros de mi situación pero desistimos de la tarea cuando no se nos ocurre ninguno. Solo me queda rezar. Las siguientes semanas pasan rápido. Eleonora se encargó de organizar todo y yo me encargué concienzudamente de arruinarlo sin ser descubierta. Quemé dos vestidos, espanté a tres peluqueras, soborné al cura de la iglesia con dinero para su cepillo de los domingos. Cuesta creer que hasta los mas santos tienen su precio. Hoy no tengo escapatoria, debo añadir un disgusto mas a mí pobre persona. Tengo la tercera prueba de mi vestido de novia, tras el fracaso de los dos anteriores. En mi intento de no casarme, creo que me volví pirómana y pecadora. Un gran combo. Me levanto y me visto con el conjunto rojo carmesí mas llamativo que tengo, se ajusta a la perfección a mis curvas junto unos tacones negros, dejo mi pelo al natural y pinto mis labios del mismo color que la ropa. No está demás poner un poco nerviosa a Eleonora de buena mañana y ella odia que exhiba mi cuerpo, ya que según dice, debo parecer una niña buena y recatada que no llame la atención de los medios. Entro a la cocina y sonrio victoriosa al ver su mirada de horror. —¿Piensas ir a tu prueba de vestido con esa ropa?—Eleonora me mira de arriba a abajo—. No parece que estés a punto de casarte, se un poco más discreta por respeto a tu marido. —Buenos días a ti también, Eleonora. No parece que vaya a casarme, porque, de hecho, no quiero hacerlo. ¿Qué tipo de respeto puede pedir el hombre con el que me obligas a casarme?— Me dirijo hacia la puerta, parando en seco al escuchar su voz. —No te creas tan lista. Deborah te acompañará esta vez. No quiero mas sorpresas. Puta mierda, una mañana entera con la rubia y me suicido, ¿por qué me castigas así señor? Si es por el dinero al cura, aumentaré mi soborno.
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