Capítulo VIII. No quiero estar sin ti

2403 Words
Iskander Ya pasaron doce horas y Melek sigue sin dar señales. Esto no me augura nada bueno. En cuanto los padres de mi ángel llegaron a mi departamento, les pregunté si han hablado con ella dentro de las últimas horas, a lo que ellos respondieron que los llamó el día de ayer por la mañana, antes de entrar a clases. La tensión en el aire es palpable, ellos están igual que yo, incluso Aydan a empezado a llorar. —Escuchen, yo tampoco he tenido noticias de Melek desde el día de ayer, no contesta mis llamadas ni mensajes y estoy realmente preocupado—les digo con la voz cargada de inquietud. Ambos intercambian miradas de preocupación y asienten, comprendiendo la gravedad de la situación. No me voy a quedar de brazos cruzados mientras mi novia posiblemente esté en peligro. —Iré a buscarla, no puedo quedarme con esta angustia alojada aquí—golpeo mi pecho—desde ayer por la noche el presentimiento de que algo pasó con ella no me deja estar tranquilo. —Yo también sentí lo mismo—dice Aydan entre lágrimas y se gira para mirar a su esposo—por favor trae a mi hija de regreso—Osman asiente mientras la pega a su pecho, gira su rostro y asiente en mi dirección. —Yo iré contigo Iskander, si algo le pasó más vale que lo comprobemos cuanto antes—sin esperar más, tomo mi móvil y marco el número de Ana. —Señor Aksoy, a sus ordenes—gracias a Dios contestó al primer tono. —Ana, necesito el jet listo para viajar a Roma dentro de treinta minutos—ordeno mientras regreso a mi habitación y comienzo a preparar un ligero equipaje. —Entendido señor, ¿Necesita algo más? —Por el momento no, no sé cuanto tiempo estaré ausente así que quedas a las ordenes de mi hermano hasta que yo regrese—cuelgo la llamada y regreso a la sala de estar con todo lo que necesito para viajar. —Está todo listo, ¿Nos vamos?—Osman y Aydan se levantan se su asiento y comienzan a caminar hacia la puerta. —Adelantate muchacho, tengo que dejar a mi mujer en casa y hacer una maleta, te veo en el aeropuerto. Nunca he sido religioso, pero está vez le ruego a Dios que Melek esté a salvo ... El avión surca el cielo, llevándome a un destino desconocido con una mezcla de angustia y desesperación en el corazón. Sentado en el asiento, miro por la ventana, observando las nubes pasar rápidamente, reflejando mi propia agitación interior. El ruido constante de los motores, se mezcla con los latidos acelerados de mi corazón, creando una sinfonía de nerviosismo en el interior de la cabina. Dirijo mi vista hacia Osman y la ansiedad me envuelve al ver su rostro preocupado y en sus manos un misbaha acompaña sus oraciones. Por favor mi ángel, que solo sea mi paranoia y estés a salvo. Luego de que el avión aterrizara, un auto ya nos estaba esperando, Osman y yo lo abordamos y salimos del aeropuerto en dirección a la zona de departamentos donde vive Melek. Durante el trayecto, ninguno de los dos dice nada, simplemente estamos ansiosos por llegar al lugar con la esperanza de ver a Melek sana y salva. ... —Buon pomeriggio— la señorita detrás del mostrador, me recibe con una amable sonrisa en el rostro y por supuesto hablando italiano. Mierda yo no hablo ni una pizca de italiano... —Spagnolo?— pregunto con la esperanza de que me entienda, la chica sonríe y asiente en respuesta. tanrıya şükür —¿En qué puedo ayudarle señor?—me responde y yo inmediatamente saco de mi cartera una fotografía de Melek y la coloco sobre el mostrador. —¿Conoces a esta mujer? vive aquí y desde ayer no sé nada de ella. —Por supuesto, es la señorita Melek—dice con una sonrisa—se aloja en el primer piso, pero no ha llegado desde la noche anterior—afirma regresando la fotografía al mostrador. —¿Cómo que no ha regresado desde anoche?—golpeo el mostrador con el puño, provocando que la chica me mire asustada—¿Sabes a dónde fue? —S-solo la ví salir acompañada de su amiga, estaban muy sonrientes y por lo que pude escuchar, iban a celebrar el termino de semestre —responde con voz temblorosa. Giro el rostro para ver a Osman quien me hace una seña para que me controle, suspiro y ya más calmado, le pido que me muestre los vídeos de seguridad. —Señor no podemos hacer eso, va contra las reglas del edificio dar información de los huéspedes y yo le he dicho demasiado... —¡Me importa una mier...—las palabras quedan cortas cuando la voz de Osman intercede. —Señorita, soy el padre de esta chica—le dice señalando la fotografía—él es su novio y estamos preocupados por ella, no sabemos nada desde el día anterior, tememos que algo le pasó, así que por favor con el corazón en la mano, te pido ayudes a acabar con nuestra angustia—culmina y el rostro asustado de la chica cambia a uno de comprensión, toma el teléfono y marca un número. Unos minutos después aparece un hombre que nos hace saber que es el encargado de las cámaras que hay en el lugar y nos indica que lo sigamos. Ya dentro del cuarto de vigilancia, le pedimos que nos muestre el vídeo del día anterior por la noche. Toma asiento y empieza a buscar la grabación, minutos después se aparta para mostrarnos el vídeo. Nada fuera de lo común, al principio solo se aprecia gente entrando y saliendo del edificio, en un momento un auto se estaciona en la acera de enfrente y de el baja una mujer rubia, que como todas las demás personas se adentra en el edificio. —Adelanta un poco—le ordeno porque hasta el momento no he visto nada que llame mi atención y eso solo aumenta mi frustración.—Detente—lo hace justo en el momento que veo a la misma rubia de antes, salir colgada del brazo de Melek y subirse al auto para luego desaparecer. —¿Puedes hacer un acercamiento para ver las placas del auto?—le pregunto y asiente haciendo lo que le he pedido.—Perfecto, ahora necesito que me envíes esa captura—le doy mis datos para que lo haga junto con una generosa propina por su ayuda. —Gracias señor, en este momento ya debe haber recibido la imagen, la amplíe y mejoré la calidad para que fuera más clara—me dice mientras nos dirigimos a la salida. —¿Cuál es tu nombre?—pregunta Osman, quién se había mantenido callado desde que entramos al cuarto de vigilancia. —Alberto, señor—responde rápidamente. —Alberto, muchas gracias—estira su mano y el hombre la toma—esto puede ser de mucha ayuda—culmina y nos despedimos de él. —¿Qué hacemos ahora hijo?—inquiere mientras subimos al auto. —Tenemos la matrícula del auto que abordó Melek, vamos con la policía para pedir su ayuda y encontrarlo—afirmo y arranco el auto buscando la estación de policía más cercana. Cuando por fin logramos encontrar la estación, estaciono el auto pero antes de salir la voz de Osman me detiene. —Entra tú primero, tengo que hablar con mi esposa—dice con pesar y no me queda de otra más que aceptar y entrar solo. Entro a la estación y me dirijo con la personas correspondientes para levantar una denuncia por desaparición, donde me dicen que tengo que esperar a un oficial especialista en el aérea. Minutos después veo a un hombre mayor salir de una de las oficinas y caminar hacia mí. —Buenas tardes soy el oficial Alessandro, ¿En qué puedo ayudarlo?—se presenta y estira la mano para saludarme, la tomo y me presento también. —Verá estoy buscando a mi novia que misteriosamente desapareció el día de ayer...—empiezo a informarle todo lo que sé mientras él toma nota y hace más preguntas.—Fui a su apartamento y me tomé el atrevimiento de pedir las grabaciones del día de ayer y logré conseguir la matrícula del auto al subieron mi novia y su amiga—procedo a mostrarle la fotografía ampliada que Alberto consiguió. —Esto nos facilitará el trabajo señor Aksoy—afirma y se levanta de su asiento—por el momento le pido que espere, nosotros nos comunicaremos con usted a penas sepamos algo—no me agrada en absoluto la idea pero asiento en respuesta y me giro para salir—Señor Aksoy—su voz me detiene cuando estoy por cruzar la puerta. —Diga—respondo al girarme. —Una última pregunta , ¿Sabe usted si la señorita Yilmaz tiene problemas con alguna persona aquí?—inquiere y yo lo pienso un par de segundos, me llevo una mano a la nuca y niego. —No que yo sepa, siempre se porta amable con las personas que es imposible tener problemas con ella—respondo seguro de mis palabras, el oficial asiente y no dice nada más, me despido esta vez y salgo en busca de Osman. Cuando estoy con él, le cuento todo lo que hablé con el oficial sin omitir detalles y pongo el auto en marcha en camino al departamento de su hija. ... Dos días. Han pasado dos malditos días de no saber nada de ella y la incertidumbre me está consumiendo. Estoy de pie en su habitación, un lugar que se siente tan extraño para mí. Todo está envuelto en un silencio abrumador. El dolor en mi pecho sigue ahí y no se irá hasta que la tenga en mis brazos. No puedo contenerme más y me dejo caer en la cama, tomo una almohada e inhalo el dulce olor que la impregna. Mis lágrimas comienzan a fluir sin restricciones. Los sollozos sacuden mi cuerpo, liberando la angustia y el desconsuelo que me carcomen por dentro. Cada lágrima que cae sobre la suave tela es un testimonio de mi dolor. —Mi amor, ¿Dónde estás?—los recuerdos de nosotros dos, de los momentos felices y los sueños compartidos se agolpan en mi mente. Pero ahora esos recuerdos se mezclan con la realidad de su desaparición, es un torbellino emocional que me consume por completo. Mis sollozos se hacen más fuertes y para evitar ser escuchado entierro mi rostro en la almohada, sin saber en que momento término siendo vencido por el sueño. ... Me despierto abruptamente con el sonido ensordecedor de mi móvil. Mi corazón late acelerado mientras esculco mi saco con las manos temblorosas para encontrarlo. En la pantalla, veo que el nombre del oficial encargado de la búsqueda de mi novia. Un nudo se forma en la boca de mi estómago y un presentimiento sombrío se apodera de mí. —H-hola, oficial—respondo con voz temblorosa, intentando ocultar mi ansiedad. —Buen día, señor Aksoy. Tengo noticias sobre el paradero de la señorita Melek Yilmaz. —¿La encontraron?—no hay respuesta, solo silencio por un momento que se hace me eterno—con un demonio oficial,¡hable de una maldita vez!—exclamo furioso—¿Qué está pasando? —Señor, me temo que no son buenas noticias—vuelve a guardar silencio—hemos encontrado el auto con la matrícula que usted nos proporcionó y...—se calla de nuevo, maldita sea esto no me gusta nada. — ¿Y qué oficial? ¡Hable!— vuelvo a gritar provocando que esta vez entre a la habitación Osman. —¡Por Dios muchacho!, ¿Qué son esos gritos?—pregunta confundido más al verme alterado, su rostro de confusión cambia a uno de preocupación en segundos, trata de volver a hablar pero levanto una mano para detenerlo. — Y bien oficial, ¿Va a hablar?—regreso a la llamada. —El auto en el que viajaba la señorita fue encontrado en un pueblo a varios kilómetros de la ciudad—hace una pausa y carraspea antes de continuar—al parecer se impacto contra un camión de carga, dicho camión transportaba combustible y lamentablemente, terminó en llamas—otra pausa más larga que la anterior—no hay sobrevivientes—mis rodillas se debilitan y me siento en el borde de la cama, incapaz de procesar las palabras que acaban de salir de su boca. Mi mente se niega a aceptar esa realidad que se me está presentando. El mundo a mi alrededor se desvanece mientras trato de asimilar lo que acabo de escuchar. No hay sobrevivientes. —¡Ah!— un grito ahogado escapa de mi garganta y las lágrimas comienzan a fluir—¡No!, ¡No!, ¡No!—¿Cómo voy a vivir sin mi ángel? esto no puede ser cierto—pienso con la vista clavada en el piso. —No...no puede ser verdad...—el murmuro incrédulo de Osman me hace volver la vista al frente para verlo con mi móvil en las manos—Iskander... mi hija—solloza y se deja caer de rodillas al suelo, dejando salir gritos desgarradores. Sintiendo que estoy perdido en un mar de dolor y desesperación, me dejo caer de lado en la cama, la noticia de su muerte aún taladra mi mente, envolviéndome en una tristeza insoportable. Cierro los ojos con fuerza tratando de bloquear la realidad y las imágenes dolorosas que me acechan. Cuando vuelvo a abrirlos algo mágico me sucede. Una ilusión se forma frente a mí, y aquí frente a mí, está ella. Mi ángel con una radiante sonrisa y sus ojos llenos de amor, como si nunca se hubiera ido. —Llévame contigo meleğim, por favor, no quiero estar sin ti—con cuidado,extiendo mi mano hacia ella, sintiendo la necesidad de tocarla, de asegurarme que es tangible. Pero mi mano atraviesa el aire, y la realidad se hace presente una vez más. Ella no está aquí, ella...no volverá. Mi corazón se rompe nuevamente al aceptar la cruda verdad, se ha ido y ya no puedo tenerla a mi lado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD