Melek Al abrir los ojos, lo primero que veo es el rostro de mi Iskander muy cerca del mío. Mis manos pican por tocarlo y no las contengo. Repaso con mi dedo índice sus facciones con suavidad, trazo su nariz, sus ojos, su boca... Esa boca tan ávida que hace unas horas, llenó de besos mi cuerpo entero, me siento tan plena, tan dichosa de tenerlo aquí. El motivo por el cual vino a verme, me derrite el corazón. No pensé que se tomaría tan literal el hecho de traerme esos deliciosos dulces y menos imaginé que sería capaz de escalar los muros de mi balcón para dármelos. Estoy tan concentrada observando su respirar pausado, hasta que recuerdo que está en la casa de mi padre. El sol no tarda en salir y mi padre no puede verlo aquí. —¡Kander! tienes que irte mi amor, mi padre te matará si s

