Inicio.

1988 Words
Cuando Troy Spencer conoció a Marcus Parker en la escuela primaria algo le dijo que aquel chico sería no sólo su mejor amigo sino su otra mitad, ambos chicos eran similares, unos pequeños risueños y de gran corazón. A pesar de la diferencia de estatus social la cual era bastante grande esto no presentó un impedimento para desarrollar su amistad y mucho menos para hacerla crecer. Para Troy aquel chico era como su hermano mayor quien no sólo lo protegía de los bravucones sino que se encargaba de ayudarle y enseñarle las cosas necesarias. Su amistad era fuerte y hermosa, ambos eran la envidia entre los niños pequeños pues no había quien se interpusiera entre ellos, eran inseparables. Estudiaron juntos no sólo en la escuela primaria, debido a su gran amistad y cariño que se tenían el señor Spencer ayudó a que Marcus pudiera entrar a la misma secundaria que su hijo, era un lugar exclusivo en donde sólo los hijos de personas pudientes y alumnos becados podían estudiar, fue allí donde conocieron el amor por primera y única vez. Troy Spencer había puesto sus ojos en una hermosa joven de tez blanca, ojos grandes, pestañas frondosas, labios gruesos y rojizos, pelo castaño hasta los hombros y dueña de una picardía única su nombre Tania Rogers, era una jovencita muy estudiosa y encantadora, hija de uno de los empresarios más respetados del país. Fue un amor a primera vista, una vez que ambos cruzaron sus miradas quedaron completamente flechados. Como si las vidas de Troy y Marcus estuvieran conectadas no pasó mucho tiempo para que este último también cayera en las redes del amor. Había sido atrapado por los encantos de Alexa Devereaux, una hermosa señorita de aspecto tierno y delicado. La joven gozaba de una belleza única, su piel era blanca y tersa, sus ojos grandes y oscuros, cejas frondosas, nariz perfilado y labios delgados, su pelo era n***o como el azabache y llegaba hasta su cintura. Era la mejor amiga de Tania al igual que el par de jóvenes ambas habían desarrollado su amistad desde temprana edad. Alexa era una de las pocas estudiantes becadas en aquella escuela, provenía de una familia de clase humilde y de pocos recursos. Podía mantener su beca gracias a su inteligencia y dedicación, tanto ella como Tania eran estudiantes sobresalientes y miembros del cuadro de honor. Fue así como el amor llegó casi al mismo tiempo para este par de amigos, muchas veces las personas creen que cuando el amor llega puede acabar incluso por interponerse en una amistad, pero este no era el caso, los jóvenes desarrollaron una gran amistad y unidad, quienes los veían podían pensar que dos pares de hermanos se habían enamorado entre sí. Fueron amigos, confidentes, cómplices, hermanos, celebraron los triunfos y lloraron las derrotas, rieron e incluso pelearon juntos, era una amistad sólida y hermosa. Cada uno hacía partícipe de sus momentos más especiales a los demás, el día que Marcus le propuso matrimonio a Alexa, su mejor amigo y hermano Troy estuvo presente pues aquel mismo día también había decidido proponerse a Tania. Se habían dispuesto a vivir y disfrutar de su vínculo juntos, pasar por lo bueno y lo malo uno al lado del otro, probar las alegrías, los sinsabores y apoyarse mutuamente. 4 años después y con un hogar ya formado ambas señoras Spencer y Parker recibían grandes noticias, ambas estaban en la dulce espera. Para Alexa este era su segundo embarazo mientras que para Tania se trataba del primero, ambas familias estaban felices sobre todo al saber que ambos bebés llegarían casi al mismo tiempo. Ambos bebés llegaron al mundo unos meses después, el primero en nacer fue la bebé Parker, una niña hermosa la cual parecía hecha de porcelana y quien junto con su hermano mayor se convertirían en los más grandes orgullos y alegrías de sus padres, su nombre era Ella. 3 meses más tarde llegaba al mundo el bebé Spencer, un niño precioso y regordete el cual asemejaba a un delicioso y tierno ponqué. Este era quien sería el dueño de los suspiros y orgullo de sus padres, su nombre era Cameron. Los padres eran felices, sus bebés eran preciosos y sanos. Pronto sus hogares empezaban a llenarse de risas y alegrías, las pequeñas pisadas, los repentinos chillidos, todo aquello se volvió una rutina dulce y entretenida en ambos hogares. Mientras aquellos bebés crecían los entusiastas padres empezaban a adelantarse, hacían planes los cuales hablaban entre ellos con emoción, uno de ellos era que sus hijos se convertirían en los mejores amigos y que al igual que sus padres estarían juntos apoyándose y ayudándose uno a otro. Los niños crecían rápido, entre amor y cuidado, cada uno era único, Ella era una niña dulce y risueña, le encantaba jugar y era bastante amorosa. Cameron era un niño enérgico y encantador, a pesar de ello algunas veces se aislaba, era un niño que disfrutaba más de la soledad que de retozar con otros niños, ambos hermosos e inteligentes. Poco a poco mientras el tiempo pasaba y los pequeños crecían tanto el entusiasmo como los planes de ambas parejas incrementaron pues la idea de que ambos fueran más que mejores amigos les encantaba. Para ellos no podría haber una pareja más perfecta que el retoño de sus mejores amigos, fue así como los señores Parker padres de Ella y los señores Spencer padres de Cameron empezaron a planear su futuro. Pero existe una frase que reza lo siguiente: "En la vida nada va como uno quiere" a pesar de los intentos de aquellos padres porque sus hijos se llevaran bien entre sí, entre los planes de los pequeños esa idea no cabía. Ambos eran tan diferentes y sus gustos no se coordinaban, al principio la pequeña Parker le emocionaba la idea de tener un compañerito a su lado para jugar, pero después de algunos intentos, de juegos y visitas la pequeña desistió de la idea y se volvió un tanto reacia. Y ni hablar del pequeño Spencer el cual para él resultaba un martirio jugar con aquella niña que le parecía un tanto molesta. De alguna manera su comportamiento encantador le irritaba y había algo en ella que no le gustaba, no sabía que, sólo sabía que no le gustaba y que no le interesaba tener su amistad. A pesar de su negativa ambos no podían hacer nada ante la insistencia de sus padres los cuales calificaban aquello como una rebeldía infantil, así seguían juntándolos para jugar y pasar el rato, pero aquellos niños no aceptaban con facilidad, tanto que ni siquiera se miraban aún a pesar de estar en la misma habitación. - ¿Por qué sigues viniendo?...- El pequeño frunció el ceño.- ¿No te dije que no quiero ser tu amigo? - Yo tampoco quiero.- La se cruzó de brazos y frunció el ceño.- Ya no me interesa ser amiga de un estúpido niño como tu. - ¿Me llamaste estúpido?...- Se acercó enojado y tiró del cuello del abrigo de la niña.- Discúlpate. - No lo haré...- Le hizo una mueca con su lengua. - Discúlpate o te pego. - No...no te atreverías...- La pequeña tembló. - Discúlpate...- Levantó su puño en forma amenazante mientras tiraba de la pequeña. - Yo...yo...lo siento...- Estaba asustada. - Miedosa...- Dibujo media sonrisa y lo empujó haciendo que cayera sentada en el suelo, le dio la espalda y se alejó. - ¡Te odio Cameron!.- Le grito con los ojos llenos de lágrimas.- Te odio. No debí de llamarte mi amigo nunca... Las peleas y discusiones entre los pequeños se había hecho una costumbre, pero todo esto ocurría en secreto, ninguno dejaba ver a sus padres su enojo contra el otro niño por temor a un regaño o una reprimenda. Cuando estaban frente a los mayores sólo se dedicaban miradas intensas y se hacían muescas uno a otro. Sin duda alguna los planes de los padres se verían interrumpidos por los deseos de los hijos. El deseo de que ambos formarán un lazo especial estaba muy lejos de hacerse realidad, pero los padres no lo creían así, para ellos esto solo era una etapa, una vez que crecieran y fueran adolescentes empezarían a cambiar. Pero en eso también estaban equivocados ya que siendo adolescentes Ella y Cameron ya ni siquiera discutían solo se limitaban a ignorarse, a pesar de estudiar juntos y de pasar mucho tiempo viéndose ambos pretendían que el otro no existía. Se habían cansado de aquella guerra, estaban empezando a madurar y entendía que la mejor manera de sobrellevar todo era ignorándose. En las reuniones y fiestas familiares podían divisarse a ambos uno sentado al lado del otro pero sin tan siquiera mirarse, pensaban que este era un método factible y que algún día sus padres desistirían pero lo que no sabían es que sus padres podían desistir de cualquier cosa menos de unirlos. - Los chicos pronto entrarán a la Universidad.- La señora Spencer se quedó viendo a los jóvenes. - El tiempo pasa muy rápido.- La señora Parker sonrió. - No quiero que se preocupen por los estudios de Ella.- El señor Spencer tomó de su copa.- Eso ya está resuelto. Irá a la misma Universidad que Cameron. - No podemos aceptar eso.- El señor Parker negó.- Ya han hecho suficiente por Ella. - ¿Olvidas que estamos hablando de nuestra ahijada?.- El señor Spencer palmeó el hombro de su amigo. - Y futura nuera.- La señora Spencer sonrió. - Es que…en verdad es demasiado.- La señora Parker se sentía avergonzada. - Vamos…- La señora Spencer tomó la mano de su amiga.- Estamos hablando de Ella. Es como nuestra hija…es nuestra hija. Hemos criado a nuestros hijos juntos y los hemos amado por igual. Además, si nos hicimos cargo de los estudios de Damián ¿Por qué no podemos hacerlo con Ella? - Gracias a ustedes nuestro hijo está cumpliendo su sueño.- La señora sonrió.- En verdad estamos muy agradecidos. - Podría hacer mucho más pero ya ves al terco de tu marido.- El señor Spencer soltó una carcajada. - Con lo que hacen es suficiente.- El señor Parker sonrió. - Bueno, creo que pronto debemos empezar a hacer planes.- La señora Spencer se quedó viendo a los chicos los cuales estaban a distancia de ellos.- Yo pienso que una vez que entren a la Universidad podemos formalizar su compromiso. - ¿No es muy pronto?.- La señora Parker cuestionó a su amiga. - Vamos querida.- Soltó una carcajada.- Solo será el compromiso. El matrimonio vendrá cuando terminen los estudios. - Nuestros niños sin dudas formarán una hermosa pareja.- La señora Parker se quedó viendo a los chicos. Aún a la distancia Cameron Spencer podía sentir como la mirada de sus mayores se clavaban en él. Exasperado y harto de aquel ambiente se levantó de su asiento con tanta prisa que terminó chocando con alguien. El suave y bajo gruñido de Ella Parker lo hizo levantar la mirada, la chica lo veía con odio mientras se sacudía el líquido que había manchado su vestido. - Eres un imbécil Spencer.- Ella apretó sus dientes.- Hiciste que tirara mi bebida.  - No te vi…- Se dio la vuelta para alejarse pero la chica se interpuso en su camino. - ¿No piensas disculparte? - No es mi culpa que seas tan idiota como para no fijarte por donde vas. - ¿Quieres pelea Spencer?.- Sonrió con enojo. - ¿Quieres pelea Parker?.- Dibujó media sonrisa.- Porque yo no tengo problemas en darte pelea.- Se acercó más a ella.- Solo me pregunto…¿Qué dirían nuestros padres? Están viendo hacia acá justo ahora. Vuelvo y te pregunto…¿Quieres pelea?. - Te odio Spencer.- Disimuló una sonrisa al ver que sus padres los observaban. - El sentimiento es mutuo Parker.- Sonrió y se alejó. - En verdad te odio.- Ambos recitaron mientras se alejaban en dirección contraria.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD