— ¿Has pensado en volver a tener citas? — pregunta mi psicóloga mientras que anotaba algo en su libreta.
— No está en mis planes volver a tener una relación. — respondo con total sinceridad.
— Entiendo. — vuelve a notar en su libreta. — cuando se pasa por este tipo de escenarios traumáticos y es muy importante que empezamos a conocernos a nosotros mismos, ya que ante las coacciones de un segundo cambiamos, nuestros gustos, nuestra forma de actuar ante personas nuevas, etc. Cuando ya afianzamos nuestra confianza nuestra percepción cambia a una más positiva y dispuesta a todo, pero sin dejarnos amedrentar, conócete, vuelve a encontrarte contigo, pero no pierdas la oportunidad de conocer a alguien en el futuro.
Reencontrarme conmigo misma… no recordaba como era mi yo del pasado, me centre tanto en los gustos de Joaquín que olvide los míos.
Salí de mi consulta, para encontrarme con Luciana en el pasillo, la mujer se encontraba viendo a los lados en busca del peligro y poder evitarlo, al verme hace un asentimiento con su cabeza y nos pones en marcha para ir a la mi clase. En esta ocasión haremos carpetitas de macramé, a decir verdad, se me ha dado muy bien todo esto, a comparación de Linda que lo dejo hace dos días.
— ¿tienes hijos? — pregunto para salir del silencio incómodo en el elevador.
— No, por mi trabajo no puedo permitirme tener hijos.
— Pero… ¿te gustaría tener?
— No, no me gustan los niños.
— Entiendo. — asiento con mi cabeza.
Volvemos a entrar en un incómodo silencio y decidí mejor dejarlo así.
Llegamos al auto que me había puesto Ernesto, era una gran camioneta blindada con vidrios polarizados, parecía de un presidente y no entendía por qué me daban tanto esta atención y protección si mi único peligro era Joaquín.
— Hoy no la llevaremos a sus clases. — dice Jonás viéndome a través del retrovisor.
— ¿Por qué? — frunzo el ceño.
— Ernesto nos pidió que te lleváramos a casa, tienen algo importante que decirle.
— Pero puede esperar, mi clase solo dura dos horas.
— Lo sabemos, pero nosotros seguimos órdenes.
Toma las riendas de tu vida Marilyn.
Dice aquella voz en mi cabeza.
— No, ahora mismo me llevas a mi clase, Ernesto puede esperar dos horas.
— Seño…
— Haz lo que te digo Jonás. — mi voz salió con tanta firmeza que no me reconocí. A través del retrovisor pude ver claramente como mi cuidador se sorprendía. Simplemente, asintió con su cabeza y siguió el curso esperado.
Con satisfacción me bajé del auto cuando llegamos, aún me incomodaba como algunos de la clase me miraban, algunos llegaron a decir que era la esposa de un narco, pero si supieran todo el trasfondo que hay en mi vida no estarían al pendiente de lo material que me persigue.
Conmigo había traído una mochila con todos mis implementos, saque todo y los fui colocando en mi pupitre, para que cuando llegara la profesora no estar apurada buscando todo.
— Hola. — una de las chicas del grupo se acercó a mí luego de haber estado aquí una semana.
— Hola. — sonrió de labios cerrados.
— Soy Monique. — me tiende su mano.
— Yo Marilyn. — la estrecho.
— No me había presentado antes, porque algunas aquí dicen que eres esposa de un narco y nos das un poco de miedo.
— No soy esposa de un narco. — rio. — solo es que hago parte de una investigación y mi debo permanecer protegida.
— Si estás protegida ¿Qué haces aquí? — inclina su cabeza un poco a un lado.
— No estoy sola, tengo guardaespaldas y se escabullen también que no tengo ni idea de donde estar.
— Vaya mujer, tu vida parece una telenovela.
— Ni me lo digas. — asiento con mi cabeza.
— ¿Qué te trajo a este lugar?
— Quiero expandir mis horizontes, antes venía con otra amiga, pero no se le dio el tejer.
— Tejer es cuestión de dominar el hilo y la aguja, cuando ya tengas toda la práctica podrás hacer lo que quieras en cuestión de minutos u horas.
— ¿tú porque tomas este curso? — curioseo también en su vida.
— Mi abuelita solía hacerme suéteres, muchas veces intento enseñarme a tejer, pero me negaba. — su mirada se pierde en el suelo. — falleció hace un mes y comencé a tejer por ella.
— Lo siento. — coloco mi mano sobre su hombro para brindarle apoyo.
— No te preocupes, ella vivió su vida al máximo, fue muy feliz junto con mi abuelito.
— Eso es muy lindo. — sonrió al imaginarme a dos ancianos juntos completamente enamorados.
— Si, mi sueño es encontrar a alguien así de especial como lo fue mi abuelito, pero en estos tiempos es casi imposible. — hace una mueca con su boca de disgusto. — ¿tú estás casada?
— Si, pero no por mucho, estoy en mis trámites de divorcio.
— Genial, es mejor estar sola que mal acompañada.
— Sí. — bajo mi mirada cuando todos los recuerdos vuelven a mi cabeza.
— Sabes Marilyn, me caes bien, deberíamos ser amigas.
— ¿en serio? — podía estar segura de que mis ojos se iluminaron.
— Si, se nota que eres genial, emanas buenas vibras.
— Nunca nadie me había dicho eso.
— Pues me da gusto ser la primera. — sonríe. — mira, allí viene la profesora.
Efectivamente, la profesora Matilde venía entrando con sus carpetas de colores y con cabello pintado de morado, algunas canas rebeldes se asomaban dándole un toque muy juvenil.
— Buenos tardes mis niñas. — deja sus capetas sobre la mesa.
— Buenas tardes. — respondemos todas al tiempo.
— Espero que se encuentren bien en la tarde hoy, sé que todas están emocionadas porque por fin van a hacer algo más laborioso como lo son las carpetitas de macramé.
Algunas comienzan a murmurar emocionadas por lo que haremos.
— No vamos a hacer flores complejas, ya que no vamos por ahí, haremos algo así. — comienza a sacar de su bolsa diferente carpetitas y todas eran completamente circulares y sin espacios. — hagan el primer nudo.
Ahí es cuando todas comienzan a sacar las cosas de sus bolsos, mientras que yo hago mi primer nudo, espero que todas hagan lo mismo para ir a la par.
Cuando ya todo estuvo listo la profesora siguió dando las indicaciones. Con lentitud y cuidado fui tejiendo hasta darle la primera vuelta a mi carpetita, había decidido hacerla de color rojo, mi favorito en todo el mundo.
— Lo estás haciendo muy bien Marilyn. — dijo la profesora al estar en frente de mí.
— Gracias todo a usted que es buena profesora. — halago.
— Sigue así y podrás superar al maestro
Asentí con mi cabeza y ella siguió viendo el resto de trabajo de las chicas.
Al girar mi cabeza para ver a Monique, me sorprendí cuando vi que ya había terminado una carpetita y que estaba comenzando las segunda. Impactada no dejaba de ver lo rápido que movía sus dedos, para llevar unas semanas más adelanta que yo tenía bastante agilidad y que su abuela es su motor para seguir haciéndolo.
— ¿Qué te parece si nos tomamos un café? — pregunta Monique colocándose su bolso en la espalda.
— Quisiera acompañarte, pero tengo una reunión pendiente, puede ser otro día.
— Si, no te preocupe. Asiente con su cabeza. — entonces nos vemos Marilyn.
— Adiós Monique.
La chica sale dejándome sola. Se notaba a leguas que era bastante joven, por ahí unos 22 años y porque es constantemente activa y con energía, era bajita y de cabello largo, cuando sonreía se le hacían hoyuelos y en su nariz se hacían unas pequeñas arrugas cuando hablaba.
— Es hora de ir a casa Jonás. — digo al salir.
El hombre abre la puerta del auto y me subo y segundos después el auto se mueve en dirección a mi hogar.
— ¿Crees que Ernesto esté enojado?
— Si lo está. — responde. — así que será mejor que tenga su mejor excusa.
— Sabes, es muy hipócrita lo que profesa, porque dice que soy libre y que puedo hacer lo que quiera, pero ahora si me necesita en casa debo obedecer.
— No creo que sea con ese sentido señorita Marilyn, usted está en peligro y no nos podemos descuidar.
— Eso es lo que he escuchado desde hace un mes. — bufo.
— Nosotros solo acatamos reglas.
— Lo sé Jonás, lo sé.
Ninguno de los dos volvió hablar durante todo el trayecto, llevaba mis uñas cada ciertos minutos a la boca para morderlas, poco a poco la ansiedad fue escalando por todo mi cuerpo hasta el punto de crear nuevamente escenarios donde estoy siendo lastimada y no me gusta sentirme así, quiero ser completamente libre todos esos pensamientos y creación de escenarios, no todos son como Joaquín, pero mi nervio crece gracias a que Ernesto y él son hermanos y de los Guevara puedo esperarme cualquier cosa.
Abro la puerta del departamento y cuatro pares de ojos me ven fijamente, trato de que mis nervios no se noten, con mi barbilla en alto dejo mi mochila sobre uno de los sofás y me siento para ver a los hermanos Guevara. Agustina me daba una sonrisa tranquilizadora, pero Ernesto tenía un semblante completamente indescifrable.
— Le dije a Philip que te trajera directo a casa ¿Por qué no quisiste venir? — pregunta.
— Yo Agradezco que ustedes me hayan ayudado cuando más lo necesitaba, pero no pueden pretender que deba marchar a su ritmo y que cada vez que me ordenan algo debo marchar, estoy comenzando a tomar las riendas de mi vida y no dejaré que nadie lo arruine.
— Marilyn, pero tú estas en riesgo. — contraataca Ernesto.
— Tengo a 4 personas cuidándome las espaldas 24/7 y que en un parpadeo los puedo tener a mi lado defendiéndome de lo que sea. — claro que no me iba a dejar de él.
— Chicos, será mejor que ambos se calmen, Ernesto, Marilyn tiene razón al decir que debe tomar las riendas de su vida y Marilyn, Ernesto tiene razón cuando dices que estas en peligro.
— Pero es Joaquín ¿Acaso es un peligro nacional?
— Tú no conoces a mi hermano ni lo más mino. — escupe con enojo Ernesto. — ese hombre estuvo a punto de matarte a golpes.
— ¿crees que no lo sé? ¡Estuve ahí durante 5 malditos años! — exclamó y de inmediato los ojos se me inundan de lágrimas. — no viviste lo que yo viví.
— Lo sabemos. — habla Agustina.
— Lo saben porque su padre era un desgraciado, pero no saben lo que es quedar moribunda en el suelo del baño porque no le puedes dar un maldito hijo a tu esposo, no saben lo que es actuar con cautela para no hacerlo enojar, no saben lo que es ser… ¡Agh!
Ambos quedan en completo silencio.
— Durante 5 años no pude ser yo, ya ni siquiera recuerdo como era mi vida antes de Joaquín, perdí amigos, perdí a mis padres, perdí mi capacidad de tomar decisiones, yo fui dañada por un monstruo que decía amarme. — dejo que las lágrimas corran. — Joaquín pagará cada una de las palizas que me dio.
— Lo sentimos mucho Ma. Agustina se sienta sobre el brazo del sofá y coloca su brazo sobre mis hombros para darme un abrazo. — Joaquín está muy lejos de aquí, pero tenemos la sospecha que tiene informantes por todos lados de la ciudad, por eso la cantidad de protectores que tienes.
— No fue mi intención hablarte de aquella forma. — la voz varonil de Ernesto penetra mis tímpanos. — es solo que no queremos que tengas el mismo futuro que nuestra madre.
— No quiero que me traten como a una niña, yo necesito que me apoyen, no que me recluyan aquí.
— Pues te tenemos una buena noticia. — Agustina se separa de mí y me ve con una sonrisa. — consulte con varios de mis conocidos y resulta que al desaparecer Joaquín puedes solicitar el divorcio, será un poco tardado, ya que necesita pasar por diferentes filtros, pero cuando ya todo suceda podrás firmas y estar libre de Joaquín para siempre.
— Eso es bueno. — una ligera sonrisa se asoma en mi rostro. — ¿Cuánto suele tardar?
— Agilizaremos todo este proceso lo más rápido posible.
— Wow.
Me levanto del sofá y me acerco a la ventana, allí pude ver parte de la ciudad iluminada, una corriente de esperanza me invadió, pronto sería una mujer soltera.
— ¿Qué pasa Marilyn? — se acerca Agustina.
— Nada, es solo que estoy un poco emocionada por todo esto.
— Pronto saldremos de todo esto, te lo prometo.
E R N E S T O
— ¿Tenemos alguna pista? — pregunto mientras que camino por toda la habitación.
— No, el hijo de perra sabe como esconderse. — bufa Matthew.
— Coronel eres uno de los mejores en esto ¿Qué pasa?
— ¿en serio preguntas que pasa Guevara? Estoy todo el día detrás del culo de esa chica, cuidando de que no se tropiece con una piedra.
— Es muy aburrido verla todos los días. — habla Luciana, mientras que come una barra de cereal. — pero debo admitir que cocina como los dioses.
— Cierto. — apoya Thomas. — ya estaba un poco aburrido de los enlatados de Richmond.
— ¡Oye! — una pequeña mujer sale de la cocina furiosa con sus ojos puestos sobre Thomas. — para tu información, aquí nuestro tacaño coronel no me da lo suficiente como para alimentar sus tripas gigantes.
— Vamos chicos no es momento de pelear. — coloco los ojos en blanco. — sabemos que Joaquín tuvo conexiones con Gonzalo y que probablemente Marilyn esté en peligro.
— No lo está. — dicen de entre las sombras. — nunca la presento ante la sociedad, a la que si llevo fue a una mujer rubia bastante guapa, y sabemos que tiene un hijo con ella, llamado Apolo.
— Me agrada tener este sujeto de nuestro lado. — dice Philip.
— Es un idiota, gracias a él asesinaron a una persona inocente. — escupe enojado el coronel.
— Ya olvídate de Zac, esa fue la decisión que quiso tomar. — de entre las sombras sale Benjamín.
— No puedo creer que lo hayas reclutado. — Cindy le lanza una mirada reprobatoria al coronel.
— Sé que me amas en secreto pequeño. — sonríe.
— Ya dejen de hablar, no me puedo concentrar con tanta estupidez que salen de sus bocas. — El coronel se levanta de su asiento para comenzar a caminar de un lado a otro, todos hacemos silencio. — ¿Agustina lanzo el comunicado?
— Si, ahora mismo todas las fuerzas militares del mundo deben tener la foto de Joaquín como uno de los más buscados.
— Si agarramos a ese hijo de puta, nos soltara toda la sopa. — dice Benjamín. — se nota que es un soplón.
— Con tal de salvar su pellejo, como lo hiciste tú, nos dirá cualquier cosa. — suelto.
— Tienes agallas de enfrentarme Guevara.
— No te tengo miedo Benjamín. — me encojo de hombros.
— No, pero sé que harías lo que sea para proteger a tu chica. — amenaza.
— Te cortaría las bolas en un abrir y cerrar de ojos y lo sabes.
— Con ustedes no se puede vivir. — el coronel, sale de la habitación dando un portazo.
— Creo que se enojó. — dice Richmond.
— A veces no entiendo como llegaste hasta acá si eres medio tonta. — se mofa Philip. Pero pronto recibe un golpe por parte de Cindy.
— Saben, ustedes no son los que van a aguantar a Matthew, pronto vendrá hacía y mi y me clavará un puñal.
— Pero de carne. — de inmediato todos empezamos a reír con el comentario de Thomas.
— Ja, ja, ja, muy gracioso Webster, yo que tú no me comería lo que prepararé. — le advierte la chica.
Todo queda en silencio y me dedico a ver mi teléfono, en el fondo de pantalla se encontraba ella mientras que tejía, se veía bastante adorable cuando hacia aquel puchero con su boca cuando algo no le salía bien.
Marilyn era una de las mujeres más hermosa que había visto en su vida, cuando la vi en el expediente judicial de su hermano se enojó, porque no entendía como pudo fijarse en tal semejante energúmeno que la estaba poniendo en riesgo en frente de hombre que son bastante temibles.
Cuando la vio por primera vez en persona noto algo raro, lucia retraída y no miraba a nadie más que a Joaquín, temí por ella cuando salieron como alma que se lleva el diablo, y cuando vi como la golpeaba fui poseído por todos mis demonios ocultos, el rencor y la furia me obligaron a romperle toda la cara a mi hermano, lo disfrute cada maldito segundo, pero él muy cabrón escapo, no era tan valiente como para golpear a alguien de su tamaño.
Marilyn merecía ser feliz de una vez por todas, y cuando todo esto termine debería irse lejos donde más nunca nadie la encuentre, reparar sus heridas, volver a comenzar, volver a casarse con un hombre que realmente la ame y la aprecie, y que no la lastime. Me dolía verla completamente apagada como si no tuviera vida, y cuando me dijo que ella no se dejaría mandar más la alegría invadió todo mi cuerpo, porque al fin estaba aprendiendo a ser ella misma nuevamente.