Veía una cruda verdad que siempre estuvo ante mí, como ciega de amor no lo vi. Ahora sabía que tu eras un farsante, un egoísta. Parecías un noble hombre. Me molestaba que fueras así, que fueses la razón de mí desencadenado odio.
Tus palabras se las llevó el tiempo, condenada a esa ilusión por cuatro años, ¡Qué ingenua era! Creía en el hombre que nunca me amo. Un dolor que consumía mí cordura. Lo único que quería era venganza. Lo haría y lo cumpliría porque mis principios tenían validez.
No volviste a buscarme, no me llamaste ni me enviaste una muestra de arrepentimiento tras lo ocurrido en los viñedos. La primera discusión me hizo entender que la fantasía estaba muy lejos de la verdad. Vos fuiste mí perdición. Me abriste una nueva oportunidad de hacerte pagar por tratarme como una idiota. Me dolió. Me molestaba que seas así, mostrándote ante los otros como un buen hombre. Yo tenía ganas de que no fuera así.
—Señorita Natalia, alguien llamó está mañana cuando usted salió a dar un paseo— dijo el encargado del hotel.
—¿Quién?
—Se llama Gerónimo. Quiere hablar. Dejó este mensaje.
—Bueno, gracias.
¿Ahora, qué? Me escribiste que nos veríamos en privado. Te diría que sí. Porque me atravesaba una espada en el pecho al pensar tanto en vos. Estabas metido en mi carne, tu voz era mi sangre. Activaste algo que mataste. Está vez yo tendría el poder. Ya dejaría de ser la chica buena, tenía ganas de verte destrozado.
—¿Cómo vamos a vernos sin Sofía ?—te pregunté.
— Sofía me pidió que hablé con vos. Lo hago por ella. Quedó mal cuando te fuiste.
—¿Y vos?
—No sé. Me siento confundido. Tenemos que hablar, Natalia.
—Bueno, vení a buscarme a las ocho y nos tomamos unas copas en la terraza del hotel.
—Me gusta la idea. Te veo entonces.
—Hasta luego, Gero.—dije con dulzura. Fingiendo ser tu amiga tierna y buena. El lobo se viste de cordero, está noche.
Era tan serio el tema que me creí capaz de tener éxito. Gerónimo, yo iba a ser la cadena que te atará de pies y manos.
Me di un baño, sumergiendo mí cuerpo en la bañera del hotel. La única habitación con bañera, todas las otras tenían ducha, inodoro y bidet. Pensé en la forma de arruinarte la vida, mejor amigo.
Contar tus errores, tus debilidades más profundas y tus miedos no superados era el primer paquete de venganza. Ibas a caer al abismo de las redes de mi telaraña. Soy la Viuda Negra, bebé, ¿No te diste cuenta nunca? Alimentaste a mi dragón por años, ahora soporta el golpe.
Ibas a odiarme y eso esperaba.
A la tarde, llamé a mis viejos. Lo extrañaba. El carácter de mamá, las comidas de papá. Yo tenía dos hermanos, Isabel y Ariel. Yo era la del medio, la que soportaba los castigos, los sermones de papá y las peleas con mamá.
—No entiendo porqué nos hiciste esto, Natalia, ¿No estabas bien con nosotros?
—No es por eso, mamá. Fue otro motivo.
—Tu impulso es peligroso, hija. Tené cuidado. Mucho rencor puede enloquecer a tu demonio. —dijo ella como si fuese la tarotista más famosa—Tu papá te quiere hablar. Estábamos esperando tu llamada desde la última vez.
Luego de unos minutos preguntando algunas cosas. Me preparé. Pensé en un atuendo seductor y muy femenino. Salí de compras.
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Todo comenzaba. Mí venganza.
Gerónimo, al final llegaste y no paraste de halagarme. Estabas capturado por mi sensualidad, que no podías admitir porque te haría verte mal. Tenía un vestido n***o, con un corte lateral y un buen corset que alzaba mis pechos de una manera sensual y atrevida. Me hablaste sobre tus intenciones. Sobre la amistad. Era tan abrumador. Tus palabras correctas me provocaban ironía.
—¿Es acaso que soy un fantasma de tu pasado? Estás siendo injusta conmigo—dijiste ofendido, ¡Qué irónico! Ahora te arrepentiste y querías arreglarlo con un diálogo.—¿No era el motivo de tu llegada, Natalia? ¿Qué cambió?
—Cambiaste. Vos.
—¿Yo? ¿Cómo?
—Perdón. Yo estoy enamorada de vos. Nunca te olvidé, Gero—dije, sosteniendo la copa de vino en mi mano y acariciando tu mano sobre la mesa.
—Esto no tiene solución. Estoy por casarme, Natalia. No podes hacerme esto.
—Solo estoy siendo yo misma. No miento ¡Te quiero!
—También, te quiero, Natalia. Pero no vine para esto—dijiste y corriste tu mano, bajandola al regazo.
—Nos besamos, ¿Eso tampoco significó algo para vos?
Y suspiraste, cansado.
—Lo recuerdo. Fue el último día de clases. —dijiste, levantaste la cabeza— No quise rechazarte. Noté que buscabas el momento para eso
—¿Es decir, me besaste por pena?
—Eso suena deshonesto.
—Fuiste vos, siempre, quien no mantiene las promesas— señales, subiendo mi pierna hacia la tuya—¿Querés besarme ahora? Nadie nos mira, nadie puede juzgar nos acá arriba, solo la cara de la luna sabrá que nos besamos.
Me emocionaba tu respuesta,sea cual sea. Me miraste. Sonreíste. Pensabas en algo.
—Si nos besamos, todo se vuelve real y complicado.—dijiste.
—Seamos complicados, mi amor, por favor—te rogué.
—No sé. No quiero hacer algo así cuando estoy con Sofía.
—No hay nadie, Gero. Estamos solos. No hay huéspedes a nuestro alrededor.
Usé todas mis palabras para engatusarte. Me sorprendía de mi misma. Me levanté y tomó tu rostro perfecto, dudoso, y te besé. Reaccionaste, pegando mi cuerpo contra el tuyo, haciendo que me siente sobre tus piernas, ¡El mejor momento de mi vida! Mi plan funcionó. Te seduje, al fin.