Me gustaban los días en Mendoza llenos de unos colores únicos en el verano. El calor era muy intenso, no había calma, ¡Mendoza, qué hermosa que sos! Pasé la mañana, soleada y muy calurosa, dando paseos en museos con vos, fingiendo ser amigos de nuevo. Con un vestido escotado de color rojo, y unas sandalias cómodas.
—¡Qué linda que estás! Cambiaste.—dijiste cuando salimos de un museo histórico.
—Soy hermosa, bebé, ¿Ahora lo notas?
—Siempre tan honesta.
—No hay nada más gratificante que la verdad.
—Nuestro secreto puede ser peligroso, ¿Lo sabías?
—¿Qué puedo perder, Gero?
Estaba sedienta de tus besos, de tu lengua tocando la mía en un desespero. Éramos perfectos mentirosos. Nadie sabía nuestro secreto. Y no sabíamos lo que nos esperaba.
Vivíamos en una mentira, que nos condenaría por la eternidad.
Fuimos a una plaza, buscamos un lugar y descansamos del calor. En ese momento, supe lo que mi venganza traería con el tiempo. Entonces, no me importó nada, ni siquiera Sofía. Tu expresión brillaba, como si disfrutaras del engaño a tu prometida.
—¡A vos te gusta esto! —dije, con una sonrisa malvada. Tus ojos negros se abrieron—No vas a olvidarme, Gerónimo.
—¡Ay, Natalia! Me tenés donde me querés, ¿Qué sigue?
—¿Tanto te duele que me ames?
—Cuidado.
—No voy a casarme con vos, ¿Pero qué papel tengo? ¡Me das ganas de secuestrarte, mi amor!
Te besé. Sin dudas, era mi mejor idea enamorarte de mí. Te tomé del rostro, profundizando el beso con pasión. Te dejaste llevar por mi locura. Si te tenía dónde quería, Gerónimo. Todo estaba saliendo muy bien. Ya no te olvidarias de mí.
—Estoy dispuesta a lo que sea por vos. Sofía no te ama como yo—dije, apreté más mi boca. Metí mi lengua en tu boca, dibujando círculos contra la tuya. —No tenés esto con ella. Te va a caer la realidad, bebé.
Nos miramos con locura, ¡A la mierda! Tus ojos pedían más. Ella, Sofía, era otra víctima de Gerónimo Zunz. La chica no tenía la culpa que su prometido sea un mentiroso experto. No iba a permitir que nadie me impidiera vengarme.
—Esto no termina acá. Voy a conseguir que te mueras de amor por mí .—dije.—Te amo. No sabes lo que pierdo por vos.
—Mi vida ya está tirada. No me importa lo que digan. Ya tomé una decisión.
¡Y te atrapé, bebé!
Hubo una pausa. El calor y la tensión s****l se sentía intensamente. Ahora tenía que despejar a Sofía de mis planes. Tenía que ser más cuidadosa.
—Sos tan mala como yo—dijiste. Volvimos al hotel en tu auto negro.— No llegarás muy alto, Natalia.
—Eso es mi problema, Gerónimo.
Me daba igual. Mi vida sería interesante. Estaría muy ocupada este verano.
Me quité el vestido, llegando a mi habitación. Tus ojos se abrieron. Era la primera vez. Alguien tocó la puerta, en este momento ¡No puede ser!
—Me tengo que ir. Volveremos a vernos en unos días —dijiste.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy bien.—dijiste, estabas confundido y seducido. La tentación te hizo volar la cabeza y tus dudas te llenaron el deseo.
—¿Qué pasa?
—¡Dios, vas a destruirme!
Y sí, bebé, ese era mi venganza. Me quité la ropa interior, quedando completamente desnuda ante vos. Te gustó. Lo supe cuando tu m*****o se levantó sobre tu pantalón. Era enorme ese bulto. Y tenía ganas, muchas ganas de hacerte mío. Me miraste hambriento de sexo. Lo gritaba tu pene.
—¡Ah, sos una desagradecida!
Y te dejaste llevar. No me importó ser tu perra. Era todo lo que quería perder para destruirte. Me tomaste, besaste mis senos, tomándome fuerte de la cintura. Sentí tu erección frotarse contra mi pelvis.
—¿Nos hacemos daño?
—¡Haceme lo que quieras! —te rogué.
No había más palabras. Esto recién empezaba.