Al llegar al hotel decidí dejar que el dolor saliera, una vez más permití dejarme llevar por la tristeza por su traición. Si mi abuela me viera estaría dándome una cátedra de superación. Diría algo así, «deja que el tiempo mueva las fichas para darle paso al destino y las razones encaje como debe ser, la Energía nunca se equivoca». Y no lo podía discutir, a lo mejor tenía razón. Solo que en ocasiones había momentos en los que no deseas hacerte la fuerte, ni sonreír. Y hoy quería lamer mis heridas una vez más, liberar el corazón de la opresión del orgullo y de la obligación de no sentir. —¿Yelena? —Déjame Caluxy… —Él debió de ver algún cambio en mi energía—. Déjame sacar el dolor, debo aceptar y superar un fracaso. Me quité el pequeño dispositivo que tenía en mi pecho y el contacto con C

