Sharon tomó asiento, y a su lado se sentó Yajaht, con él debía de hablar a solas. El resto de los maestros hicieron lo mismo, me dio alegría darme cuenta de que ya no había recelo en el tema de los esposos. Punto para mí. —Buenos días. —saludé con una tonta sonrisa, la cual no se me había quitado desde que leí la carta. —Buenos días. —Todo me miraron con picardía, me sonrojé un poco. —Quiero decirles algo antes de deliberar lo que serán mis obligaciones de reina. —Ellos arrugaron la frente—. El rey nos solicita ayuda, en la tarde de hoy en New York se llevará a cabo un enfrentamiento con varios integrantes del Norte, han muerto en batalla muchos hombres, y la gente que tiene disponible son jóvenes y no quiere exponerlos. Acto responsable a mi punto de vista. —En los ojos de ellos volví

