Le dije, al lado del gran cuarto había un círculo hueco como de veinte centímetros de altura, que rellené de paja, se metió en su cama, comenzó a pisar hasta que se acomodó. —sonreí al verlo inspeccionar lo que había creado. —¿Te gusta? —afirmó con un relincho—. Ya debo dormir. —besé su melena, estaba feliz. Cuando entré a mi hogar vi la carta sobre la cama. Pensé en pijama y mi ropa se convirtió en una suave y larga bata. Tomé la carta y la abrí, estaba escrita en computador, me pareció muy frío, esperaba conocer su letra. Mi Reina Perdona no llamarte por tu nombre, pero no lo sé. Y si te pasa lo mismo que a mí, déjame llamarte Mycalyna, ese nombre es el que se repite y repite en mis sueños, esos vanos recuerdos en mi distorsionada mente. Además, el abuelo interceptará esta carta… es

