No sé en quién me estaba convirtiendo, el dolor y la rabia la estaba filtrando, la moldeaba y no me importaba si le dolía o no, estaba cansada de tanta mentira, nada de él era real y muchos personajes de este mundo también me mintieron. Así que rematé. —Recuerde majestad que a mí nadie me obliga, conmigo deben ganarse los sentimientos. Y hacia usted, solo tengo repugnancia. —Esa mirada la conocía y sentí satisfacción al darme cuenta de que ya no sentía nada. —¡Yelena! Volé y me alejé lo más que pude de la presencia del rey. Continuamos en la batalla. Nos hemos enfrentado a los del Norte muchas veces, pero una batalla como esta no la imaginé nunca, mi traje ya estaba manchado. Jerónimo no se había alejado mucho, me buscaba. Ignoró el comentario de que se mantuviera alejado, él siempre m

