Después de horas, me encuentro ya lista. Mi vestido es de seda y en color n***o; largo, con una sutil forma de corazón en mis senos en donde hay piedras incrustadas. Es realmente hermoso, desde lejos grita Gucci.
Mi papá me consiente mucho. Soy lo más valioso que tiene, pero que sea prácticamente su vida entera no quiere decir que no tenga reglas o que no me haga reclamos. Es un hombre que tiene carácter y es mejor no verlo cuando está bravo.
Por último me coloqué perfume, mi cabello largo lo sujeté con una coleta alta para después ya lista, salir de mi habitación. Bajé las escaleras me fui en dirección a la otra casa. Esta casa está en el mismo terreno pero es la que usa mi padre para hacer sus reuniones. Al estar ya fuera, Vicense esperaba y ya Augustus estaba en el auto. Subimos y nos fuimos camino a la otra casa que no es muy lejos pero es necesario ir en algún vehículo. Al llegar pude ver variedades de autos costosos y hermosos desde BMW hasta Lamborghini. Todo los amigos de mis padre son personas de su altura o como diría él. Solo son conocidos.
Bajé del auto junto con Vicense y al momento de entrar las dos puertas fueron abiertas por los dos hombres con uniformes negros. De inmediato al frente se vieron las escaleras hay una que otras personas hablando en este lugar pero la mayoría se encuentra en el salón principal. Se pude escuchar a los músicos tocando una suave melodía, me fui en dirección a mano derecha he ingresé al salón inundado de una fuerte luz que hace que todos se vea a la perfección. Algunos me mirón otros simplemente siguieron conversando, por el camino varios me saludaron. Yo solo busqué a mi padre, que de inmediato lo vi hablando con sus amigos. Y entre ellos el hermoso Frances, Anton Lacroze.
Es alto, ojos color verde muy claros, cabello n***o y buen porte, piel blanca y extremadamente sexy. Tiene 26 años, es piloto de la fórmula 1 he inversionista. Es el hermano menor de la familia Lacroze. El mayor es Arthur a él si que no lo conozco.
De inmediato clavó sus ojos verdes sobre mi lanzándome una mirada curiosa de pies a cabeza o mejor dicho, Tratando de mirar más allá de mi vestido. Lo sé.
Mi padre se acercó y me dio un corto beso en la mejilla.
—Mi hermosa, princesa —pronunció él en nuestro idioma y colocó su mano en mi espalda.
—Hola ¿Cómo están todos, caballero? —les regalé una sonrisa.
Ellos me saludaron gentilmente.
—¿Cómo van los estudios, Hera —inquirió Eliot mirándome y tomó una calada de su cigarrillo de tabaco.
—Muy bien, Eliot —Esbocé una sonrisa —. Es una carrera muy bonita.
—Señorita —escuché al chico que llegó a mi lado con una bandeja llena de copas de Champagne.
Agarré y una le agradecí.
—Cuando te gradúes ya tendrás a tus primeros pacientes —comentó Alan con una sonrisa en sus labios.
Sonreí —Los estaré atendiendo, señores.
—Creo que Nina no puede atenderme —murmuró Alan.
—¿Dónde está ella? —cuestioné mirando al padre de mi amiga.
—Posiblemente esté con Irina —contestó él.
Miré a mi alrededor.
—Nos vemos, señores —me alejé de ellos.
Me fui en dirección a donde se encuentra mi amiga, quién al verme de inmediato sonrió.
—¿Dónde estabas? —inquirió ella.
—Con mi padre —comenté.
Ella afirmó.
—¿Ya viste a tu amigo? —inquirió ella con una sonrisa llena de diversión.
Lancé una mirada hasta donde se encuentra Anton y la volví a mirar.
—Si —pronuncié con tranquilidad.
—Se ve bien —comentó mirándolo.
Yo tomé un trago de mi copa llena de champagne y agarré uno de los bocadillos que se encuentran en la mesa a mi lado.
—Siempre se ve bien —hice un encogimiento de hombros —. Tiene buen gustó para vestir.
—Por la moda y por las mujeres —ella miró al frente —. Creo que vienen a verte —susurró.
Miré disimuladamente en esa dirección y pude ver como él viene caminado elegantemente en mi dirección y se detuvo frente a nosotras.
—Señorita, West —saludó a Nina.
—Señor, Lacroze —ella lo saludó.
—¿Cómo ha estado? —él tomó un trago de su copa de champagne.
—Muy bien. Estudiando como buena chica —ella sonrió con inocencia.
Él hizo una afirmación.
—Así debe ser —él dejó la copa vacía sobre la mesa llena de bocadillos y otros tipos de comidas.
—¿Y usted, señorita Ambrosetti? —clavó sus ojos verdes sobre mi.
—Muy bien —lo miré a sus ojos verdes —. Gracias por preguntar —tomé otra trago de mi copa.
—Que bueno —él hizo un ademán con sus dedos en dirección al chico que tiene la bandeja llena de copas.
Él chico se acercó y él agarró una.
—Ya regreso, iré al tocador —avisó Nina.
Ella se retiró.
—¿Y como estás tú? —terminé lo que quedaba en mi copa y la dejé sobre la mesa.
—Estoy bien —él relamió sus labios mirándome —. Pensé que no vendrías está noche.
—Me alegro —le regalé una sonrisa —, y la noche pasada estaba algo ocupada con mis estudios. Es la razón del porqué no viene —sonreí con suavidad —. ¿Por qué? ¿Me extrañaste?
Él curvo sus labios y tomó un trago de su copa para luego observarme —Como no voy a extrañar a alguien que me mira de esa forma.
Miré al frente procesando lo que dijo y tragué grueso.
Él se extendió sus manos hasta los bocadillos y agarró uno luego lo miró con atención.
—Bocadillos italianos —continuó mirándolo.
—Son exquisito, señor Lacroze.
—Huh, si —él se llevó el bocadillo hasta su boca y lo comenzó a masticar tranquilamente.
Miré al frente mientras sonrió con suavidad —¿Lo disfrutas?
Él tragó y tomó un poco de su copa.
—Si, pero deben haber unos mejores ¿No crees? —esta vez se acercó hasta mí mirándome fijamente.
—Todos los bocadillos de la casa Italiana, saben bien —lo miré detenidamente a su rostro que se encuentra inexpresivo —. Gastronomía Italiana es la mejor que hay.
Él ladeó sus labios aún sin apartar la mirada —Entonces tu debes saber bien, princesa Ambrosetti —pronunció en un italiano fluido y con la vista puesta sobre mi.
Lo miré fijamente a sus ojos verde
—No soy un bocadillo —me mantuve seria.
Él hombre dio un paso y se detuvo a mi lado izquierdo mientras mira a las demás personas que beben, charlan y otros bailan.
—La verdad para mí lo eres —soltó con su voz grave —. Un exquisito bocadillo italiano que me gustaría probar —soltó con suavidad y seducción.
—Que directo. Si mi padre te escuchará… —él me interrumpió.
—Si tu padre te consiguiera, mirándome como lo haces la mayoría de las veces —esta vez se volvió hacía mi y su mirada verdosa deseosa me erizo por completo —,.te enviaría a la iglesia a confesarte, princesa —completó en italiano.
Fruncí el ceño aún más mirando al frente.
Me descubrió.
—Si. Te descubrí —comentó él como si hubiera escuchado lo que pensé —. Lo haces desde hace mucho tiempo, Hera.
Las miradas delatan y eso ocurrió conmigo. ¡Por los cielos! Por supuesto que a ese hombre yo siempre lo he deseado.
No dije nada solo me quedé en silencio aún mirando en dirección a las personas y luego me detuve frente a él. Me acerqué, agarré un bocadillo. Siempre lo miré directo a sus ojos verdes que lanzaron una mirada rápida ha mis senos y luego a mis ojos.
—Entonces es mutuo —confirmé y metí el bocadillo en mi boca para luego chuparme los dedos —. ¿No crees? —alcé una ceja y le quité la copa de sus manos para tomarme todo lo que quedo. Luego me incliné hacia adelante quedando muy cerca de su oído.
Dejé la copa sobre la mesa y abrí mis labios ligeramente cerca de su oído.
—También te descubrí —susurré.
Me alejé de él agarré una capa de champagne.
—El champagne es muy rico, ¿no te gusta? —tome un trago.
Él me observó fijamente y agarró otra copa.
—De Francia tenia que ser —también tomo un trago.
Ambos continuemos mirando a las personas que bailan y hablan.
—Si.. Pero no hay nada más delicioso que el vino Ambrosetti, Anton.
Pude ver qué al salón ingreso la ex novia de Anton. Luce un lindo vestido largo color amarillo con tiro gruesos, su cabello corto color n***o y ondulado cae sobre sus hombros y sus ojos cafés resaltan con el labial rojo que usa.
Leah Jones. Británica y modelo de muchas marcas europeas. Es muy bonita, no lo negare. Ella y Anton llevaban alrededor de diez meses juntos pero terminaron su relación.
La chica se acercó hasta nuestro lugar con una pequeña sonrisa.
—Hola, Ambrosetti —me saludó ella con una sonrisa hipócrita.
Y no lo olviden. Donde abunda el dinero la hipocresía se asoma dulcemente.
—Hola, Leah —la saludé con una mirada dulce.
—Cariño —ella se acercó hasta la mejilla de Anton y dejó un corto beso en ella —. ¿Vendrás conmigo a la celebración?
—Claro. Me iré en un rato —murmuró el.
—Bueno invitados, los dejo —avisé mirándolos a ambos.
—Adelante —ella hizo una afirmación.
—¿Ha tu novia le gustarán también los bocadillos, italianos? —pronuncié en mi idioma natal.
Él me miró con él rostro fruncido —Ex —recordó él.
Ella me observó extrañada por qué obviamente no entendió nada.
Miré a Leah —. Le decía al señor Lacroze, que deberías probar los bocadillos —le sonreí —, son exquisitos.
Con una última sonrisa me alejé de ellos camino a donde se encuentra Brandon el hermano de Nina y Irina. Ellos están reunidos hablando del otro lado del salón, así que me dirigí hasta su lugar.
—¿Cómo están? —los saludé con una amplia sonrisa.
—¡Hera! —la niña de cabello castaño se acercó y dio un corto abrazo.
—¡Hola, Irina! —sonreí ampliamente y acaricié su largo cabello rizado.
Irina es la hermana menor de Brandon y Nina, tiene ocho años y es una niña muy dulce.
—La señorita, Hera —Brando esbozó una inmensa sonrisa mientras me mira —. Yo estoy bien —tomo un tragó de su copa —. ¿Cómo está tú?
—Estoy bien, Brando. Gracias por preguntar.
—igual a ti —él lanzó una mirada a la ex novia de Anton —. Esa mujer es sexy, ¿la haz visto en traje de baño?
Sonreí divertida y afirmé —Si, tiene buen cuerpo.
—Yo la veo demasiado flaca —comentó Nina —. Pero me imagino que así debe verse por su trabajo ¿No?
—Exacto, si está así es por su trabajo.
—Pero bueno olvidemos el tema —murmuró Brandon —. ¿Irás a la fiesta de Vladimir?
—¿Razón? —fruncí el ceño —. No recuerdo. Siempre envían invitaciones a mi padre pero lo olvido de tantas que llegan.
—La celebración por el embarazo de su prometida —esta vez habló Nina.
—¿Vas a venir? —inquirió él chico.
—¿A que hora es?
—Ha eso de las diez de la noche, ¿si vendrás? —se tomó todo el Champagne de su copa mientras me observa.
Asentí ligeramente —Si, ¿Por qué no?
—Bien entonces nos iremos juntos en mi auto —avisó el chico.