8. Cariño debajo de la pasión.

1353 Words
CAPÍTULO 8: Cariño debajo de la pasión. — Gracias por enseñarme, enserio — murmura Ryan, de pie en la entrada de mi casa, a punto de irse. — No hay problema — le digo despreocupadamente —. No fue nada, de verdad. Él me sonríe casi con timidez, sus mejillas se sonrojan un poco. — Nos vemos el jueves en clase, Rora. — Cuídate — me despido y me quedo mirándolo hasta que se sube a su coche y finalmente se marcha. Ryan es adorable, sincero y se sonroja con timidez. Me agrada, me gusta como amigo y espero fervientemente que nuestra amistad se vuelva más estrecha cada día. Tengo el presentimiento de que será un buen amigo. Me entretengo un poco con la ráfaga de fotografías que he hecho en el último mes para pasar la tarde. Mi hermano está en clases, Sadie trabajando y no me siento preparada para ver a Jeremy. Hoy fui en autobús a clases para evitarlo. Y es que no quiero ceder a él. No quiero sentir ese tumulto de sentimientos que me debilitan y me vuelven vulnerable en su presencia. Y entonces tocan la puerta, meto un último de chocolate en mi boca y camino hacia la puerta. Generalmente me molesta que me interrumpan cuando estoy concentrada en mis fotografías, pero al abrir la puerta y ver que es Jeremy, mi molestia aumenta. En mí yace la esperanza de que tal vez alejarme de él calmará un poco mi sed de él, pero Jer increíblemente no me deja hacerlo. ¿Por qué insiste en buscarme, cuando es obvio que si estamos juntos terminaremos haciendo algo de lo cual nos arrepentiremos? — ¿Qué estás haciendo aquí? — Le pregunto en un suspiro, sosteniendo la mirada y sin permitirle entrar. Sus ojos me miran, su ceño fruncido. — Él ya se marchó. No es una pregunta, es una afirmación. También es obvio que se refiere a Ryan. — Jer… — ¿Y qué hicieron? — ¿Para qué quieres saber eso? — Rora, por favor… Suspiro y me hago a un lado, dejándolo pasar. Enserio, ¿qué estamos haciendo? Lo siento venir detrás de mí, hasta que atrapa mi muñeca y me gira, haciéndome enfrentarlo. Es curioso cómo a pesar de no quererlo cerca porque sé que daña mi corazón, al mismo tiempo también lo anhelo, lo extraño. Él me produce una variedad de sentimientos contradictorios e irrazonables entre sí, que siento como si me estuviera enloqueciendo. — Rora, no entiendo nada de esto, ¿está bien? — Susurra —, ¿Piensas que yo no estoy confundido? ¿Qué no estoy asustado? Pero estas… estas ansías de ti me están volviendo loco. Te deseo y yo… — ¿Tú qué? — Me enloquece pensar que alguien más puede tocarte de la forma en que yo lo hice — apoya su frente en la mía —, me enloquece imaginarme qué hiciste toda la tarde con ese chico aquí, a solas en tu casa. Me vuelve loco imaginar que alguien más pueda meter la mano bajo tu jean, luego bajo tus bragas y tocar esa suave y húmeda piel… — Jeremy — suspiro su nombre, más que todo lo saboreo, un temblor invade mi cuerpo mientras sus manos empiezan a bajar lentamente por mis brazos en una caricia tan suave, tan delicada. — Y no puedo parar de pensar en esa noche, en lo que la llamada de tu hermano evitó que hiciera y… Jesús, Rora… yo… — me hace retrocede hacia atrás, hasta que me tiene apoyada contra la pared, sus ojos son oscuros cuando se encuentran con los míos —. No sé qué siento, porque eres tú, Rora, mi mariposa… pero entonces… — Entonces… — susurro, cerrando los ojos cuando sus labios dejan un húmedo beso en mi cuello. — Entonces todo tu maldito cuerpo me está volviendo loco y no paro de soñar en cuál sería la expresión de tu rostro mientras te corres… en mis dedos, en mi lengua, en mi polla. — Dios… — mis dedos se hunden en su cabello mientras besos descuidados son dejados en mi cuello, mordisquea un poco la suave piel y luego alivia el dolor con su lengua. Me tiene temblando de lujuria, un estremecimiento de deseo viaja por mi espina dorsal y me pregunto si alguien puede morir de esto, de la anticipación, de las ganas, de la necesidad de ser consumida. Nunca había sentido este deseo, nunca me habían hablado así de sucio y nunca me había mojado con la facilidad con la que Jeremy consigue que lo haga. Es como si todas mis anteriores experiencias empalidecieran comparado con esto, con cada mínimo toque que él deja en mi piel, la huella de su marca en mi cuerpo. Suelto todo el aire por mi boca cuando su pulgar se mueve por mi pezón endurecido, luego lo atrapa junto a su índice y retuerce casi dolorosamente el pequeño botón, enviando una sacudida de pasión desde mis pies hasta mi cerebro. — Jer — gimo, hundiendo mis uñas en sus antebrazos, aferrándome a algo, asegurándome de mantener algo que me siga sujetando a la tierra. — Si te pido — suspira temblorosamente contra mi cuello, su erección se presiona contra mi vientre y gruñe en mi piel antes de continuar —: Si te pido que me dejes terminar lo que empezamos la otra noche, ¿me lo permitirías? Lamo mis labios y lucho por una respuesta. Ni siquiera sé qué va a salir de mi boca, estoy demasiado perdida en el deseo líquido que corre por mis venas, pero antes de que pueda hablar, Jer se echa hacia atrás y susurra —: Mierda. — El carro de tu hermano, él acaba de llegar. — Mierda — repito y suelto mi cabello, asegurándome de que tape mi cuello por si quedan huellos de sus besos en mi piel. Jeremy se acomoda su erección y se lanza hacia el televisor para encenderlo. Justo cuando pone un cojín en su regazo, Tyler entra, luciendo cansado. — Hola — digo tal vez demasiado animada. Mi hermano casi ni me mira, sus ojos van directo hacia Jer que ahora mismo está viendo un partido en el televisor. — ¿Viniste a ver el partido? — Ty le pregunta, uniéndose a Jeremy en el sofá. — Claro — Jer responde muy seguro y pronto ambos entablan una conversación al mismo tiempo que observa la pantalla. — Rora, llama a Sadie — Tyler me grita —, sabes que falta ella. Me relajo inmediatamente, recordando que ellos siempre necesitan la presencia de nosotras a su lado, algo sobre darles buena suerte. — Está trabajando, idiota — le recuerdo. Tyler gruñe una maldición. — Perderemos por culpa de ella, ya te lo digo. — No seas supersticioso, Ty — Jer le dice. — Te lo digo, vamos a perder. — No seas idiota — y voy detrás suyo para darle un golpe juguetón en la cabeza. — Para de decirme idiota, más bien llama a tu mejor amiga y oblígala a venir aquí. — No lo haré, hazlo tú. — Anoche me bloqueó, no puedo. Ruedo los ojos, me dejo caer en medio de ambos y le digo —: Me pregunto por qué. — Sólo le estaba enviando vídeos graciosos. — A las tres de la mañana. — No podía dormir. — ¿Entonces ella tampoco podía? — Es mi rival, tenemos que estar en igualdad de condiciones. Nada de lo que él dice tiene sentido, pero paro de discutir con él porque sus ojos ya están concentrados en el televisor. Cuando siento los ojos de Je fijos en mí, giro mi rostro hacia él y él me sonríe. Sus ojos son suaves y más que el fuego que había en ellos antes de que mi hermano entrara, hay cariño, recordándome quiénes somos detrás de esta nueva lujuria. Le sonrío de vuelta y él apoyo su cabeza en mi hombro, como siempre pasa cuando vemos un partido. Y sólo así, volvemos a ser sólo él y yo… los mismos de siempre.
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