Divorcio
Desde adolescente creí que cada encuentro íntimo o s*x**l era desbordante, lujurioso, lleno de una apasionante entrega, sin embargo, con mi esposo, quien había sido mi primer y único amante solo había obtenido algunos candentes encuentros, pero nada mas allá de lo común. Posiciones, algunos desafíos y una que otra fantasía, pero nada que realmente me desbordara. Creí que siempre sería así y que era común en la sociedad y en la vida de pareja.
Después de una relación de 7 años, mi esposo me abandonó. Me cambió por una más joven y esbelta. Apenas llevábamos 5 años de casados y adicional a eso estuvimos 2 años coqueteando e iniciando una relación de pareja.
Yo recién había cumplido 26 años, mi contextura era media, variaba entre talla M y L, tenía curvas muy pronunciadas, le era completamente fiel y lo amaba de forma incondicional, pero al parecer, eso no era suficiente y tampoco era suficiente el sexo marital.
Trabajo para una gran empresa de arquitectos, llevo 6 años siendo la secretaría de los arquitectos principales, por lo que tenía mi independencia económica y no dependía de él. Sin embargo dolía su traición. Siempre lo amé, era el amor de mi vida, le dediqué mi juventud, mis inicios sexuales fueron con él, no existía otro hombre en mi vida. Pese a conocer y tener contacto con muchas personas en la empresa, siempre le fui fiel, lo respeté y amé. Pero él, al parecer le encantaba saltar de cama en cama. Descubrí que durante estos 7 años juntos, tuvo más de un amorío.
Llegué el día lunes al trabajo, con mi ojos enrojecidos tanto llorar el día anterior.
El Sr. Eliah, apenas me vio, me llamó a su oficina. Mi jefe era excepcional, era muy honesto, trabajador y amaba a su familia. Siempre me ha tratado como una hija, es un hombre mayor, pero muy bien parecido, él confió en mí desde mis inicios laborales, pagó mis cursos de perfeccionamiento, idiomas y más, para que yo estuviera siempre a la altura de una gran empresa.
- ¿Qué pasa Giovanna? ¿Por qué estuviste llorando? No me digas que descubriste, nuevamente al idiota de tu marido con otra.
- Lo siento Sr. Eliah. No quería llegar al trabajo con esta cara, pero no le puedo fallar.
- Responde, ¿ese idiota te hizo algo?
- Me dejó. Se fue con una más joven.
- Pero no debes llorar por eso, al contrario, alégrate. Eres joven y hermosa. Ese idiota no te merecía.
- Lo amaba.
- Lo sé, pero no puedes desperdiciar tu juventud y vida por un idiota que nunca te ha respetado. Agradece que no tuvieron hijos y no dependes de él.
Solo pude asentir. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
- Gio, tómate la semana libre. No quiero verte sufrir. Busca a tus amigas y váyanse de vacaciones- decía mientras firmaba un cheque y lo extendía hacia mí.- Te quiero de vuelta el próximo lunes, renovada y soltera.
Recibí el documento y agradecí. Salí de su oficina y fui a buscar mi cartera. Cuando salía del despacho, por ir cabizbaja, choqué con un hombre, guapo, alto, piel levemente bronceada y unos profundos ojos verdes. Se disculpó ante el evento y yo hice lo mismo siguiendo mi camino hacia el ascensor. Me fui directo a casa.
No le hice caso al Sr. Eliah, guardé el cheque y durante toda esa semana me quedé encerrada en casa.
Lloré, todo lo que más pude, y liberé gran parte ese dolor. Mi jefe tenía razón, no podía sufrir por un idiota que nunca me valoró.
Conocí a la Thomas, el primer año de la carrera de secretariado, comenzamos a salir, él era muy atractivo, galante, pero era muy impulsivo. Siempre fue coqueto, pero yo creía que solo era el gesto, no la acción. Todos me decían que lo veían con una u otra mujer, pero yo estaba cegada ante él. Yo no tenía a nadie más. Mis padres murieron cuando tenía 17 años, viví con mi única abuela durante 2 años y falleció, dejándome todo lo poco que tenían, lo cual fue más que suficiente para vivir y recibir ingresos extra con el arriendo de la casa de mis padres, ya que con Thomas habíamos decido vivir en la que fue la casa de la abuela, ya que era más grande y estaba ubicada en un lugar céntrico.
Solo tenía las casas, mi trabajo y mi título. Ya no tenía nada más. Mi marido me obligó a firmar el acta de divorcio y se llevó todo lo que adquirimos en conjunto. Solo quedó la cama de la habitación de visitas y un viejo televisor de mi abuela. Ahora era una divorciada, gorda – como él solía llamarme durante los últimos años - y joven.
Miré el cheque que me dio el Sr. Eliah y lo fui a cobrar. Era una considerable suma de dinero. Compré todo lo necesario para la casa, una cama nueva, nevera y living y agregué unos ahorros que tenía para comprar una encimera y lavadora.
Me sentía triste, pero sabía que debía reponerme.
Al lunes siguiente llegué nuevamente a la oficina, más repuesta y con energías, dolida, pero debía disimularlo.
Llegó el Sr. Eliah y me saludó cordialmente, como de costumbre. Agradecí la semana libre y dije que devolvería cada día, realizando horas extras, a lo cuál él accedió.
Sonó el teléfono en la línea 1 y me apresuré a responder.
- Oficina del Sr. Fount, habla Giovanna ¿En qué puedo ayudar?
- Mucho gusto Giovanna, quisiera contactarme con el Sr. Eliah, por favor.
- ¿De parte de quién?
- Geralt Fount, por favor.
- Oh, lo siento Sr. Geralt. De inmediato establezco la conexión con él
- Gracias. Quedo a la espera.
Llamé al Sr. Eliah y di aviso de la llamada de su hijo Geralt, a la cual él, no quiso acceder a la comunicación.
- Dile a ese ingrato de mi hijo, que no atenderé su llamada. Que solo lo haré cuando vaya a casa a pedir disculpas a su madre.
- Pero…
- Solo dile eso y ya!. – sentenció y cortó la llamada
- Sr. Geralt, su padre en este momento no puede atender su llamada.
- No sabes mentir ¿cierto? Gracias de todos modos Giovanna, nada perdía con intentarlo.
- El Sr. dijo que… - me mantuve tratando de encontrar el tono adecuado – …solo lo atenderá cuando usted vaya a casa y pida disculpas a su madre.
- Vaya, mierda.
- ¿Cómo?
-
Disculpa Giovanna. Gracias por el mensaje.
No conocía a todos los hijos del Sr. Eliah, solo a los más menores, James, que era casi de mi edad y Josías que estaba próximo a cumplir 20. Pero sabía que tenía dos hijos más Geralt y Bruke.
Seguí realizando mi trabajo, atendiendo clientes, ingenieros y llamadas.
El sr. Eliah salió de su oficina y me pidió el informe del edificio Paramont, levantándome rápidamente para hacerlo, pero me detuve cuando señaló
- Existe la posibilidad que Geralt, venga a buscarme, pero por ningún motivo permitas que ingrese. Si intenta hacerlo, llama a seguridad y si me espera, me llamas y me hablas en clave y sabré que él estará esperándome.
- Pero…
- Simplemente hazlo. Utiliza una palabra clave.
- Sí señor.
Fui en busca del archivo Paramount, se encontraba en bodega, en el 8° piso, por lo que tuve que subir. Allá me encontré con Allison una gran amiga laboral, la que me abrazó con pena y dio ánimos para salir adelante. Agradecí su apoyo, tomé el archivo y volví a mi lugar de trabajo. Llevé rápidamente la carpeta al Sr. Eliah y cuando regresé, venía un grupo de personas que tenían reunión con el arquitecto, por lo que los atendí, registré y asigné atención.
Cuando ya todo estaba organizado, levanté la mirada para atender al hombre que esperaba afirmado en el mesón, golpeando rítmicamente los dedos en él.
- Buenos días mi nombre es Giovanna ¿ En qué puedo ayudarlo?
- ¿No te cansas de decir eso Giovanna?
Era el hombre que había visto el lunes pasado. Lo miré con cara de enfado y respondí
- No, es parte de mi trabajo ¿en qué puedo ayudarlo?
- Soy Geralt y busco a mi padre.
- El Sr. Fount, no podrá atenderlo en estos momentos, se encuentra en una importante reunión y lo esperan – dije apuntando a los demás visitantes- muchas personas antes que usted.
Me miró fijamente, sin duda su mirada era intimidante
- Bueno, si no quiere verme por las buenas tendrá que hacerlo por las malas.
- Ni se atreva – le grité
- ¿Qué? ¿Cómo te atreves a hablarme así?
- Si usted no espera en su lugar, tendré que llamar a seguridad o de lo contrario…
- ¿Qué? ¿Qué harás?
- Tendrá que pasar por sobre mi cadáver. – Dije parándome frente a él para que no avanzará
Él solo se río y se mantuvo en su lugar
- A seguridad no le tengo miedo, pero sin duda, tú, si que das miedo. Esperaré mi turno sentado. Pero si ese viejo se niega a recibirme… – se acercó a mí oído y sutilmente agregó –con gusto pasaré por sobre tu cadáver.
Se dio la media vuelta y se sentó a esperar
Esperé un momento para no ser muy obvia. Atendí un par de llamadas y marqué a la oficina del arquitecto, apenas respondió dije – Halcón - y él se río tras la llamada.
Geralt, no dejaba de mirar cada uno de mis movimientos. Lo cual me incomodaba.
De pronto apareció el arquitecto Joseph, quien siempre se me había insinuado, pero siempre lo evité ya que era una mujer casada.
- Hola Gio. Te ves muy guapa el día de hoy. Supe que ya eres una mujer libre y eso amerita celebrarlo – decía guiñando un ojo.
- Agradezco su halago e invitación, pero bien sabe que no mezclo relaciones laborales con las personales.
- Lo sé, pero nada pierdo con intentarlo. - Decía mientras se alejaba hacia su oficina.
Pasaron varias horas y como es costumbre, les ofrecí café o algo de beber a los que esperan, ya que las reuniones suelen extenderse más de lo común.
Me acerqué a cada uno para saber qué se les ofrecía, la mayoría aceptó café, pero Geralt pidió un vaso de Whisky, lo miré alzando las cejas y dije
- Sr. Acabo de ofrecerle té, café o agua y usted pide algo que no está en la nómina.
- Bueno “Gio”, tal vez si me dejas pasar a la oficina de mi padre, podría servírmelo yo, y te ahorrarías toda esta pérdida de tiempo.
Lo miré, me disponía responderte pero apareció James, quien vociferó
- Hermano, ¿Qué haces aquí?
- Mmm buena pregunta. La señorita Giovanna no me permite acceder a la oficina de mi padre
- Pero Gio. ¿Cómo es posible que hagas esperar a un Fount? Ven vamos, yo te guio.
- No. – grité y me crucé en su camino – Lo siento joven James, pero tengo órdenes de no dejarlo pasar. El sr Geralt debe esperar su turno.
- Pero Gio… ¿papá te pidió eso? No seas loca, acompáñame.
- Joven James, tengo orden directa de llamar a seguridad si no se cumple lo indicado.
Ambos se miraron e hicieron caso omiso, por lo que rápidamente corrí y me interpuse entre ellos.
-
Se los advertí, no pueden pasar hasta que sea su turno.
Apenas terminé de decir eso, oí la voz del Sr. Eliah
- Tranquila Gio. Ya es su turno. Gracias, has hecho un buen trabajo. Y ustedes par de inmaduros acompáñenme – dijo señalando a Geralt y James
Volví a mi lugar de trabajo, sin duda este hombre había hecho de mi mañana un caos.
El Sr. Eliah y sus hijos estuvieron muchas horas reunidos y cuando salieron, cerca de las dos de la tarde, se despidieron de mí y salieron riendo animosamente. Pero Geralt volvió y dijo
- Halcón.
Lo miré extrañada
- Sé que te referiste a mi como Halcón y definitivamente eso me gusta.
Salió junto a los otros y desaparecieron en el ascensor.
Me fui a almorzar, ya que a esa hora nuestra ala se cerraba y solo seguía funcionando la planta baja.
Me reuní con mis amigas Lisa y Fer y fuimos por un sándwich.
Charlamos, reímos y programamos una salida para el viernes.
Ya, de regreso, en la oficina volvió solo el Sr. Eliah, quien al ingresar me dijo
- Gio, lo has hecho muy bien. Geralt merece disciplinarse un poco. Nos ha hecho pasar muchas penas y sustos y espero que de una vez por todas siente cabeza, se case y comience a trabajar conmigo.
- Estoy para servirle Sr. Con gusto hago lo que ordene.
La tarde transcurrió entre papeles, carpetas y llamadas telefónicas. Cuando finalizó la jornada, me fui directo al Gimnasio, había tomado la gran decisión de ponerme en forma.
La semana transcurrió rápidamente, algunos días me sentía un poco débil, debido a la dieta y ejercicio que estaba sumando a mi día a día.
El Sr. Eliah se fue de viaje con su esposa por 5 días, por lo que la empresa quedó a cargo a Joseph Lira, el segundo al mando. Un hombre cuarentón, divorciado y que, desde siempre, me había halagado y coqueteado descaradamente, por lo que sabía que la siguiente semana transcurriría entre insinuaciones e invitaciones a salir.
Era viernes y tenía planes con mis amigas. Fui al gimnasio y luego directo a casa para ducharme y arreglarme para salir.
Me maquillé, me puse un pantalón ancho de tiro alto, combinado con una blusa blanca con rayas celestes. Tomé mi cartera y salí rumbo al encuentro con mis amigas.
Fui caminando, ya que mi casa estaba en el centro de la ciudad, cerca de mi trabajo y cerca de los centros nocturnos.
Lisa y Fer, me esperaban en el Bar Bohemios, ya instaladas con sus cocteles, yo pedí un agua mineral, ya que sabía que debía mantener mi régimen y no ceder ante los descontroles.
Disfrutamos de una gran conversación, mis amigas sin duda tenían temas muy interesantes, ya que Lisa era enfermera y a diario lidia con diferentes situaciones y Fer trabajaba en el Municipio como asistente del Alcalde.
A media noche nos fuimos a la discoteca mas popular, estaba lleno, era un lugar muy concurrido por jóvenes y adultos.
Fui a la barra en busca de un agua mineral y algunos cocteles para mis amigas, estaba a la espera de ellos cuando oí una voz conocida
- ¿Tendré que pasar por sobre tu cadáver para acceder a un trago?
Lo miré de reojo y comenté
- Eso ocurre solo en mi trabajo y – mirando el reloj – aun faltan varias horas para volver a él.
Acercó su cuerpo al mío, por la espalda y susurrando dijo
- Hay algo en ti que me provoca, no logro saber qué es. Pero no he podido sacarte de mi mente.
Me tensé completamente. No sabía cómo reaccionar ante eso. Volteé para mirarlo y él no sacaba su mirada de mis labios.
Eso hacía que mi cuerpo se incomodara.
De pronto llegó un hermosa chica y lo abrazó por la cintura, él la tomó y atrajo hacia él, comenzó a besarla fervientemente, casi impidiendo que está respirara y no dejaba de mirarme mientras lo hacía. No sé qué pretendía ese hombre, pero sin duda, sus palabras y acciones habían despertado algo en mí que no sabía que podía experimentar.
Tomé el agua y los cocteles y volví a la pista con mis amigas.
El sábado salí a correr muy temprano, era una agradable sensación sentir la frescura de la mañana. Durante la tarde me dediqué a leer y cocinar saludable. Bailé un poco e hice video llamada con mis amigas.
El domingo decidí inscribirme en una aplicación de citas, subí una foto y una vaga descripción, pues creí que quien me quisiera conocer tendría que ser a través de una buena conversación y no de un texto explícito.
Di “conocer ” a varios hombres con los que compartía gustos e intereses, y sin pasar mucho tiempo, éstos comenzaron a enviarme mensajes, a los cuales respondí rápidamente. Muchos de ellos se insinuaron rápidamente, por lo que fueron bloqueados de inmediato.