Llegué temprano a la oficina, pasé a recoger unos sobres y encomiendas que habían llegado para el Sr Eliah y para el Sr. Joseph y comencé a realizar mi trabajo. Revisé y respondí e- mails, reorganicé la agenda de la semana y me disponía a llamar a los contactos para re agendar sus citas cuando aparece Joseph, el cual vestía un elegante traje gris, que combinaba perfecto con sus ojos azules. Se acercó al mesón y expuso
- Definitivamente esta mañana comienza con una buena cara.
- Buen día Sr. Joseph ¿Cómo estuvo su fin de semana?
- Buen día Gio, un tanto solitario, creo que me hace falta un poco de compañía. Tal vez quieras hoy acompañarme a cenar para no sentirme tan solo. – su rostro de picardía y sensualidad lo decían todo.
- Agradezco su invitación, pero ya tengo planes para hoy
- Qué lástima, no te imaginas lo que te pierdes – dijo con voz seductora y haciendo su típico guiñó con el ojo derecho.
Pese a que era muy apuesto, era uno de mis jefes, por lo que por insinuaciones que me hiciera, nunca aceptaría nada con él. Era parte de mi ética laboral.
Llegó el asistente del Sr. Joseph, un joven que estaba recién egresado de su carrera de ingeniería y se dedicaría a trabajar con él por estos meses de verano. Yo ya había leído su expediente y revisado su fotografía, era parte de mi trabajo, pero él no sabía, así que debía disimular.
- Buen día, bienvenido a Fount y Lira, ¿en qué puedo ayudarlo?
- Buen día, soy Edward Maks y busco al Sr Joseph Lira.
- Asiento por favor, mientras aviso su llegada.- Tomé el teléfono y marque a la línea 2- Sr. Joseph, ha llegado Edward Maks.
- Acompáñalo hasta mi oficina, por favor
- Enseguida Sr. – me levanté y fui a buscar a Edwards – Estimado, acompáñeme, por favor – lo guie hasta la oficina, lo presenté y me retiré.
Al cabo de unas horas, mientras continuaba con los llamados telefónicos apareció Geralt, vestido con un traje de dos piezas, color Gris carbón y camisa blanca, se ajustaban muy bien a su cuerpo. Le hice el gesto de que me esperara un minutos para finalizar la llamada.
- Sr. Geralt, muy buen día ¿En qué puedo ayudarlo? – su mirada intimidaba, aunque a mi me gustaba sentirla, pero era intensa.
- Vine a hablar con mi padre, avísale de mi llegada.
- Si pagaran por ser cortés , usted estaría en la ruina – murmuré
- ¿Qué fue lo que dijiste?
- Nada, – me apresuré a decir – es decir, que creo que no podrá ser.
- ¿Por qué?
- Porque su padre está fuera de la ciudad y vuelve en un par de días.
- Maldición.
- ¿Necesita que le deje algún mensaje?
- Sí… No.. ¿Cuándo vuelve?
- El viernes debería estar devuelta, señor.
- Deja de llamarme señor, que me vuelve loco
- ¿Disculpe?
- Si vuelves a llamarme señor, tendrás que aceptar las consecuencias
- ¿No lo entiendo “señor”? – comenté con tono de burla
- Te lo advertí. - Apenas dijo eso, caminó hacia mí, tomó mi rostro y… estaba a punto de besarme, me miraba con ira, deseo, era una mezcla de emociones… me soltó y se fue.
No entendía nada, no sabía porqué reaccionó de esa manera.
Seguía pensando en esa situación, cuando apareció Joseph y Edward y me sacaron de mi mundo
- Gio, a partir de hoy Edward estará bajo mi tutela, por lo que necesito que le enseñes dónde está todo y pide a los auxiliares que acomoden la oficina pequeña para que él se instale.
- Sí… Señor – me daba miedo utilizar la palabra “Señor”
Joseph se retiró a su oficina, por lo que invité a Edward a hacer el recorrido.
Comenzamos desde la primera planta y fuimos ascendiendo, nos saltamos la nuestra para dejarla como recorrido final, posterior a eso, Edward se marchó.
Cuando nos despedimos volví a mi mesón de trabajo, y apenas me disponía a tomar el teléfono para llamar, apareció Geralt.
- Tú y yo, tenemos una conversación pendiente – hablaba con un tono de voz aireado, pero con cierto grado de confusión
- ¿Disculpe señ…? ¿Disculpe, no comprendo?
- Necesito hablar contigo, en privado… Ahora!
- Pero… no comprendo.
- ¡Maldita sea, como no puedes entender una simple instrucción!
- ¿Disculpe? Se está comportando como un mal educado y actúa como un pendenciero.
Su mirada fija en mí, me estaba volviendo loca. Era una mezcla entre enojo, malestar, ¿deseo?.. No, lo último, definitivamente NO.
- Simplemente ve, busca una oficina, un cubículo, algo. Necesito hablar contigo.
No entendía nada. Pero hice lo que pidió. Solicité que me acompañara a la oficina que habían habilitado para Edward, estaba un tanto alejada y solo tenía una puerta y una pequeña ventana que daba hacia la calle. Era el único lugar disponible, ya que las demás oficinas eran de los arquitectos y obviamente, estaban ellos, no podía llevarlo hasta ahí.
- ¿Le parece bien esto señ..? ¿Le parece bien esto? – me apresuré a decir.
- Perfecto. Cierra la puerta.
Apenas hice eso, me tomó bruscamente por las caderas y me situó apegada al escritorio. Puso su rostro pegado al mío y comenzó a hablar a mi oído
- No vuelvas a llamarme “ señor”, no imaginas cómo esa simple palabra me descontrola. Quisiera será ser tu señor, tu amo, pero no aquí. Basta que me des una oportunidad y te lo demostraré.
No sé porqué, pero desde que te vi estas descontrolando mi vida. Me desafías, me regañas… me excitas. Me estás tentando de sobremanera. Si vuelves a llamarme señor, no habrá vuelta atrás y serás mía, completamente mía. ¿Te queda claro?
No sabía qué estaba pasando. Creía entender, pero realmente no entendía nada y definitivamente no entendía, porque cuando él hizo la pregunta respondí
- Sí señor – mi cuerpo se paralizó por completo. Sabía que me había equivocado
- Maldita sea, te lo advertí
Comenzó a besarme de una manera desenfrenada y realmente eso me gustaba. Sentía como mi cuerpo respondía ante él. Su beso era intenso, ardiente, a medida que se pasaban los segundos, me entregaba por completo ante ese beso.
Mis brazos rodearon su cuello y él apoyaba su pelvis contra mi cuerpo, sentía su latente excitación y sus manos comenzaban a recorrer mi cuerpo.
Soltó mi boca para expresarse
- Ya sabes lo que pasa cuando me llamas “señor”, Si vuelves a llamarme de es manera, no podré controlarme. Y si crees que me he descontrolado en este momento, te equivocas. Esto es mínimo en comparación a lo que estoy dispuesto a hacerte.
Lo miré, mi respiración era agitada, no sabía qué decir o hacer. Y cuando quise pronunciar una palabra, él me besó y salió de la oficina.
Me quedé ahí, pasmada.
Al cabo de un rato, pasó por fuera de la oficina, Joseph. Al verme se detuvo e ingresó
- ¿A quién esperas así?
- ¿Perdón? –analicé mi postura, seguía con mi cuerpo afirmado al escritorio, mis manos estaban afirmadas una a cada lado de mi cadera, de forma casi provocativa.
- Lo siento, es que te ves tan… sexy
- Oh, no era mi intención. – dije, tomando una postura correcta. Joseph se acercó a mí, y movió mi cabello, apartándolo de mi hombro y rostro. Me tensé y solo actué por instinto, avanzando hacia un costado.
- Gio, lo siento. Creí que… Gio, me atraes. Me atraes mucho, no quiero parecer majadero pero me gustaría salir contigo, que al menos me conozcas, que me des una oportunidad al menos.
- Sr. Joseph, creo que ha malinterpretado todo esto. Yo soy cordial con todos, porque es parte de mi trabajo, pero por ahora no estoy dispuesta a salir o intentar algo con alguien. No lo tome como un desprecio, por favor, pero usted es mi jefe y creo que esto no ético.
- Lo sé y creo que eso es lo que más me atrae de ti.
Tomo mi mano, diciendo
- Solo una salida. 1 trago o una comida. Tú decides, pero solo te pido una oportunidad.
- Agradezco su ofrecimiento, lo tendré presente. Pero bien sabe que mi separación es reciente y por ahora, no puedo pensar en nada.
La verdad es que no puedo pensar en nada, pero no por el divorcio, sino que por ese condenado beso por parte de Geralt.