Volví a mi escritorio. Sin lugar a duda esto había sido algo que realmente me dejó sin palabras.
Me quedé sentada, intentando descifrar todo. No conocía a Geralt, sabía muy poco de él, solo que era uno de los hijos de mi jefe, que era un buen arquitecto e ingeniero y creo haberlo visto con varias mujeres, la cuales eran mu distintas a mí, eran modelos, elegantes, hijas de algún empresario o de renombre, pero yo… yo entraba en esas clasificaciones.
Me sacó de mis pensamientos el sonido del teléfono, moví mi cabeza y contesté
- Buen día, se ha comunicado con las oficinas de los arquitectos Fount y Lira, Habla Giovanna ¿En qué puedo ayudarlo?
- Buen día señorita Giovanna, habla Mario Lozano, el dueño de Pacific GYM, quisiera agendar una entrevista con los arquitectos, tanto con Eliah como Joseph y lo ideal es que sea esta semana.
- Señ… - tenía miedo de decir esa palabra- Señor Lozano, gusto en saludarlo, esta semana es un poco difícil, pero revisaré la agenda y veré qué podemos hacer. No corte, espere en línea, por favor
- Aquí estaré. Gracias
Ingreso a la agenda de ambos y busco opciones que cuadren. La única disponible es el viernes a las 16 h.
- Señor Lozano, ¿sigue en línea?
- Sí, atento a su repuesta
- Estimado, la única opción disponible es el día viernes a las 16 h ¿Le acomoda ese horario?
- Sí, por supuesto. Agradezco su gestión. Lo que sí necesito pedirle un favor adicional. Quiero que para esta reunión asista el ingeniero Geralt, es de suma importancia su presencia ¿usted podría contactarlo?
Me llevaba el mismo diablo… no podía ser. Ahora tendría que llamarlo.
- Sí, no hay problema, pero… ¿Qué pasa si se niega a asistir?
- No, no lo hará, pero si eso llegase a ocurrir, sobórnelo, amenácelo, hago lo que sea necesario y su ayuda será recompensada.
- Oh no, no señor. No me refería a eso. No se preocupe, lo llamaré y esperemos él asista ese día.
- Gracias Giovanna, que tengan excelente semana.
- Hasta el viernes señor Lozano.
Maldición, tenía que llamarlo.
Marqué su número, el cual estaba en la libreta de registros. Sonó una y otra vez y no contestaba. Volví a llamar y contestó
- ¿Qué pasa? ¿Qué necesitan? – respondió agitado y enojado.
- Buenas tardes señ… perdón, Geralt, habla Giovanna, lo estoy llaman…
- Lo siento Giovanna, no fue mi intención ser grosero, - dijo suavizando su tono de voz, pero seguía agitado - …pero estaba ocupado. – Se oían ¿gemidos?
- Oh, perdón señor. Lo estoy interrumpiendo. – Corté rápidamente la llamada.
No sé qué fue eso, pero creo que él estaba… oh santo cielo, estaba teniendo se**. Me cubrí la boca con las manos. Este hombre era realmente un salvaje.
Joseph se acercó a mí escritorio y comentó
- Gio, quisiera disculparme por insistir. Sé que aún estas pasando por un proceso difícil. Pero quisiera, esta vez, invitarte a almorzar mañana. Solo con intenciones laborales, nada más. Me gustaría conversar contigo respecto a la reunión que agendaste para el viernes, ya que ese día será necesaria tu presencia para la toma de actas y apuntes.
Resoplé, ya que mi contrato tenía un punto que indica que dentro de mi jornada asistiré a reuniones y almuerzos corporativos para la toma de conocimientos de asignaciones, acciones, acuerdos y otras cosas que no recuerdo bien.
Lo miré, intentado leer sus intenciones, pero no pude descifrar nada, por lo que deduje que realmente era algo netamente laboral
- Por supuesto señor Joseph. No hay problema. Buscaré la carpeta del cliente para leerla y trabajar en base a ello.
- Gracias. Nos vemos mañana.
- Nos vemos. – comente mientras se alejaba
Fui a buscar la carpeta a los archivos, pese a tener todo digital, en las carpetas siempre hay anexos, textos o acuerdos escritos a mano, que son necesarios para conocer toda la información de cada construcción o reparación o consultaría realizada o a realizar. Mientras, subía pensaba en todo lo que había ocurrido en esa breve jornada: besos desbordados, deseo, insinuaciones. Desde luego, esto nunca había ocurrido antes, ni tampoco había pasado por mi mente, ¿sería efecto del divorcio? Como fuera, era una locura.
Llegué al octavo pido, no había nadie, ya que la secretaría estaba con permiso administrativo y el encargado era un holgazán que se lo pasaba coqueteando a las secretarias del segundo piso.
Comencé a buscar la carpeta en los archivos organizados alfabéticamente. Cuando la encontré, la tomé, cerré las gavetas y comencé a caminar hojeando el archivo, cuando llegué al elevador, éste se abrió y apareció Geralt.
- Gio
- Señ… Geralt
- Te busqué en el 5to piso, pero no estabas. Deduje que estarías aquí.
- Pero, ¿le pasó algo? ¿Por qué me busca?
- Gio, lo que oíste, te lo puedo explicar
- Oh, no, señor Geralt, no me debe explicaciones- me llevé rápidamente las manos a la boca ya que solté la palabra prohibida.
- Maldición, me estás tentando demasiado – dijo jalándome hacia el ascensor.
Me acorraló en el ascensor. Cerró las puertas y presionó el botón de detención.
- Señor, esto no es correcto.
- Tú haces que esto sea demasiado difícil. No sé qué tienes que estás sacándome de mi zona de confort.
Comenzó a besarme, tocaba mi cuerpo, mordisqueaba el lóbulo de mi oreja, bajaba besándome hasta el cuello, era algo tan envolvente. Me dejaba llevar de forma automática.
- Te quiero hacer el amor, aquí, ahora.
Apenas oí eso, me paralicé. No puede ser. No entiendo lo que está pasando. Lo alejé de mí y le propiné una gran bofetada. El cubrió rápidamente su rostro con sus manos, justo en el lugar del golpe.
- No vuelva a acercarse a mí. No soy una cualquiera que se acuesta con el primero que se le cruza. Oí como su acompañante gemía durante la llamada y ahora viene a aquí a buscar lo mismo. No, eso no va conmigo.
Él volvió a jalarme. Era un hombre fuerte, desafiante, sexy… muy sexy.
- Eso lo causaste tú – me increpó
- ¿Qué? ¿de qué habla? Es usted un demente
-
Tú, tú lo provocaste, con tu maldita desobediencia, te dije que no me llamaras “señor” y no hiciste caso. Me desbordas. Quería tomarte y hacerte mía en ese mismo lugar, pero sabía que no debía hacerlo y tuve que buscar a alguien para sacarte de mi mente y aun así no lo conseguí y ahora haces lo mismo.
Me alejé y lo miré fijamente, atenta a sus movimientos, me acerqué al panel y presioné el botón de reinicio y luego el nro. 5.
Sentí que esos 3 pisos fueron eternos. Lo miraba y él no me quitaba la mirada de encima.
Bajé y él me siguió.
Cuando me senté detrás del escritorio dijo
- Necesito saber para qué me llamabas
- Suficiente hubiera sido si hubiera devuelto la llamada.
- ¿Y perderme ese beso y bofetada? Olvídalo, ciertamente fue excitante. – dijo guiñando un ojo
Moví la cabeza, fruncí el ceño y entré cerré mis ojos haciendo notar mi molestia
- El señ… el arquitecto Lira y su padre tienen una reunión con Mario Lozano, de Pacific GYM, el día viernes a las 16 h y él pidió expresamente que necesita que usted asista ese día a la reunión.
- Mmm y ¿qué gano por estar ahí?
- No lo sé, solo me pidieron que usted asista, cueste lo que cueste.
- Interesante.
- ¿Qué?
- ¿Cueste lo que cueste?
- No lo sé, eso dijo el dueño de Pacific GYM
- Ok. Asistiré, solo con una condición
- ¿Cuál sería esa?
- Que me acompañes a cenar hoy.
- No mezclo relaciones laborales con las personales.
- Esto sería netamente laboral, a no ser que quieras que sea lo contrario. – me miraba con una coqueta sonrisa.
- No, yo no soy parte de este tema. Si usted quiere asista, de lo contrario no lo haga, ya veré qué excusa invento para justificar su ausencia ese día.
- ¿Y tú estarás en esa reunión?
- Sí, debo tomar acta.
- Entonces lo pensaré.- Terminó de decir eso y se fue, sin más.
¡Qué rayos le pasaba a ese hombre!
Yo tenía claro que no era el tipo de mujer que atraía a cualquiera, mi contextura era común, tenía los ojos azules, cabello liso y oscuro, amaba tener mis labios maquillados para que se vieran definidos, pero nunca me consideré una mujer guapa, ni sexy. Muchas veces Thomas me dijo que mi forma de vestir era “simplona” y anticuada. Pero la verdad es que no tenía nada que provocar o insinuar, por lo que me vestía de forma adecuada para mi función laboral.
Llegó la hora de irme. Cerré y apagué todo y me fui al gimnasio. Ese día no almorcé, ni comí las proteínas necesarias, así que me sentía un tanto mareada.
Salí, caminé hasta un local de jugos cercano y pedí un batido de frutas y frutos secos, sin duda eso me había ayudado a calmar el hambre y el dolor de cabeza.
Seguí caminando hasta llegar al gimnasio… pero vaya que sorpresa. Por si fuera poco, ahí estaba Thomas, ejercitándose junto a su nuevo amorío. Avancé sin mirar. Me puse mis audífonos y comencé a ejercitarme.