La última soltera

2209 Words
Cecilia Ella observó a Leandro desde el final de la fila de damas de honor, podía percibir las miradas de todos dirigidas hacia donde estaba parada. Escuchó cuando él respondió “sí” uniendo su destino junto a esa otra mujer. No entendía, cómo él siendo tan apuesto y con tanto dinero se rebajaba a casarse con esa insípida y desagradable de Débora. En el fondo, quizás, esa mañana, tenía la esperanza de que él desista de la boda por ella. Era más bonita, su familia tenía una buena posición y ella no arrastraba fantasmas del pasado como Débora. Entonces, el acto del intercambio de los anillos y la firma de él en el acta de matrimonio fueron el martillo que le dio el golpe final al ataúd donde sepultaba su autoestima. Lucía hermosa con ese vestido, pero se sentía inferior ante la mujer con quien se había casado el amor de su vida, en ese momento se preguntaba si Débora, al fin y al cabo, era mejor que ella. Miró su atuendo y pinchó la falda suave y brillante con sus dedos, levantando la tela sutilmente. Inclinó la cabeza hacia abajo y se le escapó una lágrima, que pasó desapercibida ante todos. Cuando levantó la vista sus ojos se encontraron con los de él. La miraba como si sintiera culpa. Ella corrió la mirada y la enfocó en otro lugar. Accidentalmente se chocó con la mirada de Mirko. Quien la miró y le guiñó un ojo con complicidad. Entonces… Lo siguiente que supo fue que Leandro y Débora estaban saliendo de la capilla en dirección al auto nupcial, que no era nada menos que una flamante limusina blanca adornada con cintas de seda blanca y flores. Se sintió inmadura, inferior, completamente inexperta. Quería retroceder el tiempo y dejarlo solo en ese club, recuperar lo que le robó y borrar las marcas que le dejó en el cuerpo de esa noche que lo hicieron una vez. Además percibió la mirada de algunas personas en particular. La madre de Leandro la analizó a lo lejos, con miedo de que ella quiera hacer un escándalo en la fiesta o en la ceremonia. Matías no sacaba los ojos de encima de ella. Daniel, junto con Mirko fue el único que percibió esa lágrima que cayó al piso. Entonces entendió todo. Lo único que ignoraba era lo que había pasado esa noche entre ella y Leandro. Mirko notó la mirada analítica de Daniel, entonces entendió que tampoco estaría tan lejos de atar los cabos. Aunque deseaba ver ese escándalo, si lo enfrento a él por decir que era el novio. No se imaginaba lo que sería capaz de hacer si se entraba de que su mejor amigo se comió a su hermanita adorada. Que la uso como una descarga emocional. Cecilia se quedó de pie, de espalda al altar mirando el lugar donde se encontraba la limusina, ese lugar que ahora estaba vacío. Mirko se acercó a ella y se paró a su lado. —Lo siento —murmuró con lastima. —No quiero tu lastima —respondió con la voz pastosa. —La novia era fea. Vos te ves espectacular, creo que la habrías opacado hasta con ese vestido que me mencionaste —le dio un suave codazo en el brazo y esbozó una sonrisa tensa. —No me siento bien —sonó melancólica. De repente comenzó a sentir una hiperventilación y se apartó, salió dando pasos largos hasta el exterior y una brisa fresca le erizó la piel. Mirko salió detrás de ella, vacilante, pero la siguió. Daniel se quedó a un lado, pensando, que ese chico tal vez sea solo un amigo de Ceci que la estaba apoyando. De repente vio a Matías qué pasó junto a ella y le susurró algo a Daniel, quien endureció la expresión asintiendo con un movimiento de cabeza y dándole una palmada en el brazo. Matías desapareció, siguiendo a su familia y se subió al automóvil de sus padres para ir a la fiesta, detrás de los novios. —Ceci, yo los esperó en el automóvil —le dijo Daniel, caminando detrás de ella. Daniel salió caminando a un costado de ellos dos y se quedó de pie al lado del automóvil. Cecilia se quedó en silencio viendo como todos se iban. No todos, todavía estaba Mirko al lado suyo y su hermano como comadrona. Se sentó en un mural de piedra, donde había rastros de las cosas que le habían tirado a los novios al salir, y se frotó los brazos expuestos al frío. Todo su escudo se había derrumbado y ahora se sentía desnuda. De repente sintió que el frío se extinguió, tenía una chaqueta grande que la cubría. —¿Siempre salís sin abrigo? —inquirió él con un tono burlón. Mirko se frotó las manos sobre las piernas y resopló. Cecilia se aferró a ese abrigo con fuerza y evitó llorar, no quería verse lamentable con el maquillaje corrido en ese casamiento, todavía quedaba la fiesta y tenía que sobrevivir. —Quisiera retroceder veinticuatro horas y haberme quedado en casa anoche —espetó apagada. De repente sintió que la envolvía con su brazo. Ella no se resistió, sino que apoyó su cabeza en el hombro de él. Aunque su corazón estuviera con el hombre que se acababa de casar en ese momento. —Llora, hace bien llorar —murmuró bajito. Ella envolvió la cintura de él con sus brazos y se acurrucó buscando algo de consuelo. Mirko la acomodó contra su pecho y sintió los espasmos del llanto de Cecilia, apoyó su mentó sobre la coronilla de la cabeza de ella y respiró hondo. Luego, Cecilia sintió su mano moverse de forma circular en su espalda. Luego la sintió descendiendo hasta abajo. Ella se sobresaltó y se apartó. Pero Mirko había sacado un pañuelo y se lo extendió. Ella se rio y lo tomó para limpiarse él agüita de la nariz y las lágrimas. —Mi maquillaje —se lamentó buscando un espejo dentro de su bolso de mano. —Mírame —le pidió ladeando la cabeza hacia ella. Ceci lo miró aturdida y un tanto confundida. Lo observó que entrecerraba los ojos y que ponía atención en su rostro mientras sostenía su barbilla. —Tu apariencia está bien. Las que no están bien son tus emociones —escuchó el susurro muy cerca de su rostro. Cecilia se embriagó con el aliento a menta que emanaba de él y se mordió el labio inferior sintiendo un impulso aún más imprudente. Notó que él la observaba mordiéndose el labio con sus mejillas sonrojadas, entonces, él esbozó una sonrisa. —¿Tenes novia? —preguntó ella midiendo el terreno. En ese instante la sonrisa en el rostro de Mirko se desdibujó de forma instantánea. —Lo siento, yo solo quería conocerte un poco mejor —agregó temblorosa al notar el cambio de ánimo que tuvo en ese momento. Mirko apretó los labios en una línea fina y tragó duro. —No pasa nada. Em… no tengo novia —forzó una sonrisa y se frotó las manos. —No sabes lo aliviada que me hace sentir —respondió ella, llevándose una mano al pecho con una expresión de alivio. —No soy un hombre un casado y no tengo novia —espetó con un tono divertido —creo que es el momento de ir a la fiesta. Vamos. Vio que Mirko se puso de pie y le ofreció su brazo. Cecilia se paró y entrelazó su brazo con el de él. Luego arrastró sus pies con desgana hasta el auto de Mirko y se dejó caer sobre el asiento cuando él le abrió la puerta trasera. Ahora sentía la diferencia entre él y Leandro; Leandro, un cobarde que la dejó sola para no meterse a sí mismo en problemas y Mirko, qué tal vez tenía un interés oculto hacia ella. Cuando llegaron ya habían hecho la apertura y la presentación de los novios. Pero cuando llegó estaban haciendo el estupido juego de las cintas; donde ganaba la que sacaba él anillo. Como si fuera un premio o algo agradable. —¡Ceci! —la llamó Débora haciéndole señas para que se acerque con una sonrisa. Cecilia se quedó clavada en el lugar. —Ve —le dijo Daniel impulsando a Cecilia hacia adelante. Cecilia se acercó dando pasos cortos y forzando una sonrisa. —Tenía las cintas contadas, faltabas vos. La última soltera de la fiesta —habló fingiendo estar divirtiéndose —esta es la tuya —le dijo sosteniendo la cinta de ella. Cecilia la tomó y estiró cuando dieron la orden. Entonces sacó el anillo. Ella frunció el rostro intentando sonreír. —La cinta nunca falla. Ceci es la siguiente —espetó Débora con una sonrisa. Cecilia se retiró sin decir una sola palabra, cubriéndose el rostro. En el camino a su mesa alguien la sujetó del brazo, ella lo miró sorprendida y escondió el anillo avergonzada. Era Matías. —Se te cayo la tira del vestido, se te veía… —se acaparó la garganta y la soltó con lentitud. —Gracias —forzó una sonrisa ante el comportamiento extraño de él. —¿Quién es ese chico que vino con ustedes? El de atuendo claro —le preguntó guardando sus manos en los bolsillos. De repente apareció Daniel detras de ellos. —Es un amigo mío, de la universidad —respondió Daniel detrás de Cecilia. —Preguntó porque nunca lo había visto antes —resondió con calma encogiéndose de hombros. Cecilia aprovechó el momento en que se quedaron conversando para escabullirse y huyó a toda velocidad de ahí. Matías la hacía sentir incómoda algunas veces. Una hora hora más tarde estaba sentada en una mesa, y por una de las casualidades que no suenan a casualidad, su asiento estaba específicamente de frente al lugar de los novios, donde Débora y Leandro estaban obligados a actuar como tórtolos. Leandro no le sacaba los ojos de encima a Cecilia, quien ya iba por la tercera copa de vino y se había comido dos porciones seguidas del plato principal. Mirko apoyó su brazo en el respaldo de la silla de Cecilia, mirándolo fijo a Leandro, observó con detenimiento la forma en que se le iba el color del rostro al otro. Por dentro se reía, nunca se había divertido tanto fastidiando a otro hombre. Pero no duró mucho, porque alguien le corrió el brazo. —Estas demasiado cerca de ella y se nota que está incómoda —le advirtió Matías con una sonrisa forzada. —Mati, no te había visto antes —le dijo el papá de Cecilia con una sonrisa. —Ys nos habíamos visto con Ceci antes, y con Daniel. Me dijo Daniel que él es un amigo de la universidad —la miró a Cecilia con una sonrisa. —Mis amigos a veces no miden sus movimientos —le dijo Daniel mirando tajante a Mirko. Mirko se enrojeció y guardó sus manos en sus bolsillos. —Solo estaba estirando los brazos —Mirko se defendió al sentir la mirada fulminante de Matías y de la familia de Cecilia. Cecilia lo notó tragando saliva. —Bueno, me voy antes de que empiece la hora de la música estridente. Nos vemos mañana en la iglesia —les dijo Matías, parado detrás de Cecilia con una mano apoyada en el respaldo de la silla. Todos se despidieron de él y Cecilia se hundió en la silla. Había sentido esa interacción con Matías demasiado extraña. La fiesta transcurría y de fondo se escuchaba una música tranquila y la voces de las personas que trataban de no hablar tan alto con la melodía sonando bajito, también los sonidos de los cubiertos contra los platos de porcelana. De pronto se escuchó un “CRACK” bien fuerte, seguramente fue una copa de cristal rompiéndose. Cecilia, que había optado por centrar sus ojos al plato de comida, y levantó la vista tras haber escuchado el sonido estrepitoso que irrumpió en la calma del salón de fiesta. Débora había dejado caer una copa sobre el plato de porcelana y dejó caer agua encima los pantalones de Leandro, quien se levantó inmediatamente al sentir el impactante cambio de temperatura en su zona íntima. Ella agarró una servilleta comenzó a secar a Leandro con sus propias manos. Leandro intentó apartarla, pero ella dijo algo en voz alta que provocó las risas de los invitados ajenos a la situación. —No te avergüences, gordito, todos saben que vamos a hacer esta noche. A Cecilia le hirvió la sangre, lanzó la servilleta sobre la mesa con desdén y se puso de pie. Llamó la atención de todos tras el ruido que provocó con la silla. —Necesito ir a vomitar, disculpa —le dijo a Mirko. Salió dando grandes zancadas hacia la zona del baño, luciendo evidentemente molesta. Justo en ese momento cortó la luz y él organizador estaba por anunciar algo. Pero el pasillo disipó el ruido, aceleró el paso para meterse en un baño cuando percibió que un hombre estaba detrás de ella. Entonces se metió en un baño que tenía las cosas diminutas, tal vez era un baño para niños y no había pequeños en la fiesta de casamiento.
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