capitulo 5

1945 Words
- ¡No! - Me entregué. Su mano me forzó un poco más. - Repito - la otra mano subió por la nuca, colocando mi rostro para tu beso. - Yo ... - Aspiré aire. "No te amo", suspiré, aliviada de poder decir. Me detuvo su encuentro, acariciando la base de mi espalda. - Vamos, Melissa. Puedes hacerlo mejor que eso, ¡hijo de puta! El sabia que yo perdería. Sabía que mi cuerpo no podía soportarlo más. - Di que no me amas. Su cálido aliento, sus deliciosos labios, sus imperativas manos. Ya no pude hacerlo. - Yo ... no te amo ... Y sus labios cubrieron los míos. Me llevaron como es debido. Sentí ese gusto tan deseado, ese calor tan soñado. Fue como prender fuego a un barril de pólvora. Y me encontré rendido, entregado, sediento de ese hombre que destruiría todos mis planes. Su lengua tocó la mía, haciendo espacio en mi boca y obligándome a aceptarlo. Fue un beso fuerte, dominante, que no permitía el rechazo. Y luego me abandonó, tomando sus labios sobre mi cuerpo y explorando mi piel hirviendo con mis dientes. "Dime que no me amas," gruñó, su boca cerca de mi cuello. - Yo ... - volvió a besarme con fuerza. Tu mano firmemente en mi cabello, dictando tus reglas. Un beso feroz, nostálgico, lleno de deseo. Involuntariamente, jugueteé con su erección, provocando un Página 22 gemido extremadamente s****l que salió de tu garganta. - ¡Dilo! - forcé mi cara hacia atrás, tirando de mi cabello y agarrándome del cuello. - ¿Melissa? - La voz de Dean llenó la habitación. Robert se detuvo en el mismo segundo. Nuestras miradas se encontraron rápidamente. Él confundido y yo asustado. Fue mi señal. Me necesitaba revertir ese juego. - Yo no te amo más. Como dije: es solo sexo, Robert, y sonreí cínicamente. - ¿Estás ahí? - Dean llamó a la puerta del baño. Robert gruñó y cerró los ojos con fuerza. - Mi cuerpo reacciona a ti, pero es solo lo que podrá sacar de mí. Yo no te amo más -se apartó un poco y abrió los ojos, mirándome como si no quisiera creer lo que estaba escuchando. - ¿Qué hace Dean aquí? - Sus manos me apretó más fuerte. - Quítame las manos de encima - Me sentí más firme cuando lo sentí retirarse. Era necesario, repetí insistentemente, para que mi cuerpo lo entienda. - Qué. Que. Idiota. Lo hace. ¿Aqui? - Robert adquirió otra personalidad. Otro que yo él también lo conocía muy bien. Estaba furioso y lleno de celos. - Eliminar. Las manos. Yo —gruñí enojada. La puerta se abrió con un ruido sordo. Dean emergió de una manera increíble, digna de una película de Hollywood. Robert se puso rígido y se alejó llevándome frente a mí. Una de sus manos todavía estaba sobre mí. - ¡Quita tus manos de encima, bastardo! Dean siseó. - ¿Que haces aquí? ¿Quién te dio permiso para entrar en mi oficina? - ¡Mi oficina! - me dio una mirada que me habría hecho retroceder si Dean no hubiera estado allí para apóyame y hazme más fuerte. - Te dije que le quitaras las manos de encima o no responderé por mí. - Ven y hazme hacer esto. Se miraron el uno al otro y la tensión se estaba formando como una niebla que ocupaba todo el baño. Ellos eran demasiado grandes e impetuosos para comportarse en ese pequeño entorno. Me Casi no podía respirar. Necesitaba evitar todo lo que enfrentaban. - No necesitas a Dean. Robert sabe que no puede dar este paso, sonríe, obligando a su miedo a huir. mi cuerpo. - ¿Está a tu lado en esta farsa? Robert entrecerró los ojos y apretó la mano sobre la mía. cintura. - ¡Te dije que dejaras a Melissa, hijo de puta! - Avanzó Dean y yo entré en el medio dos evitando el peor. - ¡Dean! No es necesario - pasé mi mano por su pecho y las dejé en su hombro. - Mantente alejado de ella - Dean todavía estaba rígido, listo para el combate. - Ya no te avisaré, Robert Carter. - ¿Y quién eres tú para avisarme algo? - Robert forzó. En el mismo instante mi corazón se perdió un latido. Era el momento de la verdad. Cerré los ojos todavía de espaldas a él y dejé que mi cabeza contra el pecho de Dean. - ¿Me? - él se rió. - ¿No le dijiste? - Dean, no ... - ¿Dicho? - Sabía que mataría a Robert. Dean se rió de nuevo y pasó una mano. en mi espalda. - Soy su marido. ¡Santo cielo! ¡Santo cielo! ¡Santo cielo! - ¿Tu que? Nos quedamos en silencio por un segundo que duró una eternidad. Sin embargo, no quería mirarlo. miserablemente, me obligué a volverme para enfrentar su dolor. Y fue terrible. Sentí las manos de Dean en las mías Página 23 hombros y solo eso me impidió retroceder. - ¿Tú ... Melissa? El rostro perfecto del hombre con el que había soñado con un futuro feliz simplemente se retorcía en una mueca de dolor, angustia y tristeza. Sin poder reaccionar se lanzó contra agarrándome con fuerza y apretándome contra la pared lateral. No hubo tiempo para Dean logró deshacerse de las manos de Robert. - ¿Te casaste? Gritó con furia. - ¡Dilo! ¡Por el amor de Dios, Melissa! ¡Dilo! "Déjala ir" Dean se obligó a sí mismo contra Robert, que estaba tan firme como una pared. - ¡Dilo! Continuó gritando, pero su voz era de desesperación, angustia ... La pesadilla más terrible. - Voy a disparar - amenazó Dean y ahí fue cuando me di cuenta del arma en su mano. - ¡Dean, no! ¡No! "Suéltala", amenazó. - ¡Disparo! Robert mantuvo sus manos como garras en mis brazos. Mi cuerpo pegado al pared y tus ojos manteniendo los míos en tu dolor. "Dean, no me hará daño", le dije, mirando directamente a Robert. - él no me masticar. Suéltame, Robert. Mantuve la calma al concentrar mi atención en mi respiración. - ¿Te casaste? ¿Estás casada con él? - fue una acusación. Una carga clara. "Me casé", cerró los ojos con fuerza. - Dean tenía razón. No serias capaz de hacerme contento. Tienes a Tanya y yo no tenía a nadie, Robert. "Me amas", la forma en que habló sonó como si estuviera cometiendo adulterio. Como si le estaba engañando. ¿Y no era eso lo que estaba haciendo? - No - respiré hondo. - Te amo, Robert. Amo a Dean. Lo siento, mi voz era tranquila y serena como una madre enseñando a un niño. Robert gimió enojado y dio un paso adelante, pero cayó inconsciente antes de que pudiera reaccionar. ¡Santo cielo! Dean disparó. *** - No me voy - las lágrimas fluyeron sin que yo pudiera detenerlas. Dean me arrastró Fuera de la habitación traté con todas mis fuerzas de no lastimarme. - ¡Lo siento Melissa! Necesitaba llamar a Dean. Me puse tenso cuando vi a Robert entrar en la baño detrás de ti. - ¿Por qué hiciste eso? - Seguí ignorando a Abby que ayudó a Dean a llevarme. "Porque te iba a hacer daño", dijo por enésima vez, ya completamente impaciente. - ¡Le disparaste a Robert! - Casi grité. - ¿Te has vuelto loco? - Fue una descarga eléctrica, Melissa. Un shock para inmovilizarlo. Nada que te mate. Él no Iba a dejarte ir, por cierto, te mataría si no hubiera disparado. - Él no ... Robert nunca ... ¡Maldita sea, Dean! ¡Necesito saber cómo está! - Abgail se encargará de todo. Ahora tenemos que irnos, porque pronto se despertará y no pasará mucho tiempo. Fácil de mirarte de nuevo - Entré al ascensor, todavía tirándome del codo y con mi bolso puesto. otra mano. - O mátame. En resumen, no será fácil. Dejé que me guiara. Mi cabeza estaba en un caos perfecto. Por qué Robert avanzó ¿de esa manera? ¿Estaba yendo demasiado lejos, creyendo demasiado en tu autocontrol? ¿Me mataría? No. Él nunca podría hacerlo. - Necesitas ser más fuerte. Ya sabíamos que no se lo tomaría con calma, así que ¿por qué? diablos aceptó estar a solas con él? - No aceptó. Me siguió en el baño. Solo necesitaba espacio. ¡Maldita sea! Página 24 - Ahora todo va a empeorar. Estar preparado. Robert no lo dejará pasar. - No tuve que decírtelo así. De hecho, ni siquiera necesitó presentarse. ¿Lo que le pasó? Nosotros acordamos. - Así es. Emparejamos. Ahora estamos casados, Melissa. Recuerda esto. Y da gracias a dios que llegué a tiempo y te impidí hacer lo que quería hacer contigo - me dio vergüenza mientras me estaba mirando con una postura más firme. - No me haría daño, Dean. "Lo sé", resopló y sacó su teléfono celular, hablando de inmediato. Bien sabia quien estaba al otro lado la conexión. "Mantenlo vigilado", dijo con mucha frialdad. - Claro que te decimos que estamos casados - obligué mi mente para concentrarme en esa conversación. Robert estaba bien, así que quería creerlo, y Dean había razón. Necesitábamos seguir adelante. Fue mi elección. - ¡OK! Nos vemos en casa. - No sé cómo será a partir de ahora. Tenemos que estar atentos a todos sus pasos - volví a sentir en el juego. Poco a poco la conciencia se fue adaptando a lo que era necesario hacer. - Ya lo he arreglado todo. Ahora solo espera y prepárate para mañana; me miró cuando el Las puertas se abrieron para revelar el garaje. Respiré hondo y acepté su mano en la mía. Dean, antes tan frío y calculador, sonrió discretamente. - Todo estará bien, querida. Yo estoy aquí. - ¡Gracias! La peor parte de ser rico es tener que disfrutar del dinero. Me sentí sucio, sin embargo era necesario sostener la imagen que exigía mi puesto. Así que fingí que no me importaba y entré en mi lujo BMW plateado, dejando que mi esposo conduzca el vehículo. El suyo estaba con uno de los guardias de seguridad, un poco detrás de nosotros dos. Otro factor que me molestó fue el apartamento que elegimos estratégicamente para vivir. De hecho, el ático perfecto, en el mismo bloque donde vivía Robert con Tanya. ¿Coincidencia? Esta palabra definitivamente no existía en mis planes. La distancia del ático donde mi ex amante vivía con el loco psicótico de su esposa, formaba un muro de hormigón perfecto, con el Diferencia que el mío estaba al norte y el de ellos al sur, es decir, estábamos de espaldas el uno al otro. otro. De la misma forma que lo fue nuestra vida. Rodeado de otros edificios, tan lujosos como el mío. ¿Qué me permitió construir un Pasillo perfecto que nos conecta. Tanya y Robert no podían salir de mi vista. Fue necesario todo tipo de payasadas para mantenerlos bajo control. Salimos del coche entregando las llaves al aparcacoches y entramos al edificio como pareja. apasionado. Sabíamos que en algún lugar había uno de los aliados de Tanya mirándonos, y sabíamos exactamente donde estaba, aunque pretendemos no darnos cuenta de su presencia. Por eso sonrío porque mi marido y yo le cerramos los labios con un beso apasionado. Dean respondió como esperaba y me sentí muerto por dentro. "Va a estar bien", dijo de nuevo, acariciando mi rostro. Y entramos al ascensor, cada uno perdido en tus propios pensamientos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD