Me senté en el sofá, después haber comido algo rápido, para evitar tener que compartir la mesa con los demás. Ya era parte de mi, permanecer sola.
La tensión de mis padres y ahora el sentimiento extraño que me estaba incomodando al ver a Theo, se unieron para ponerme los pelos de punta.
—¿Que tal tu viaje, hijo?, ¿Llegaste bien? —escuché la voz de una persona conocida, que provenía del otro lado de una línea telefónica.
Me di cuenta enseguida que era Theo, hablando con su mamá. Estaba saliendo de la cocina, por lo que lo primero que hice fue acostarme en el sofá para que no me viera.
—Si, estuvo tranquilo. Llegué antes de lo esperado —respondió Theodore.
—Bien, me alegra que todo haya ido bien. Nosotros seguimos aquí, tratando de resolver cosas del trabajo de tu padre para poder viajar —suspiró la mujer—. Espero que Martha te haya recibido, no había podido comunicarme con ellos desde que le di la noticia de que volveríamos unos días.
—Si, de hecho, estaba con Valerie cuando llegué. Pensó que era un ladrón cuando me vió —dijo e hizo una musa de risa.
—¿Enserio hijo?, me imagino que no te reconoció. La última vez que te vió eras un pequeño niño —tensé la mandíbula, sintiendo que mi estómago se revolvía.
Tal vez no fue buena idea quedarme escondida.
—¿Y como está ella? —preguntó curiosa y ví de reojo como él aparecía, por lo que cerré los ojos inconscientemente, tratando de fingir que estaba durmiendo.
No se vería bien si me hubiese visto espiando su conversación.
—Ella... —se detuvo un segundo—, esta más hermosa que antes —dijo sin contratiempo y mi corazón se aceleró.
La respiración se me estancó, al punto de tuve que obligarme a mover el pecho para aparentar que eso no me había puesto nerviosa y delatara mi acto irracional de fingir dormir.
—Imagino que si. Y, ¿ya hablaron? —cuestionó.
—No, pero en algún momento lo haremos. Pareció un poco a la defensiva cuando llegué y sé que nos va a costar volver a tener la misma confianza que antes, pero aprovecharé el tiempo que tengo —señaló, sentandose al lado de mi cabeza. Sentí como se hundió ese lado del sofá y como una de sus manos acariciaba mi cabello.
—Sé que fue difícil hijo, pero sabes muy bien que no puedes acostumbrarte. Debemos volver —aclaró la mujer y él suspiró.
—No entiendo ni por qué nos fuimos.
—Por años hemos tenido esta misma conversación y no seguiré repitiendo lo mismo. Además de eso, tienes tu vida aquí, tu trabajo —suspiró—. Eres el ingeniero ejecutivo de esa compañía, no puedes dejar nada atrás, por el pasado.
—Voy a colgar, tengo que irme —dijo, interrumpiendo a su madre. A los segundos escuché el sonido de la llamada cortada y quedó el espacio en silencio. Lo escuché suspirar por un rato—. Si no me hubieras mentido, tal vez me hubiera quedado contigo —agregó, quitando el cabello de mis rostro y se marchó.
Tragué saliva, sintiendo que me iba a desmayar de la presión que sentía por dentro.
¿Que había sido todo eso?
¿Y por qué me sentía diferente?
¿Era miedo?
Cuando estuve segura de que había salido de la casa, me incorporé, tratando de controlar mi respiración y los latidos acelerados de mi corazón.
Por un momento me sentí afligida, como si la culpa me inundara. Yo le había mentido, usando su inocencia a mi favor y sabía que en un futuro él se daría cuenta que solo eran engaños.
Solo éramos niños.
No esperaba volver a verlo, al menos no en la etapa de mi vida, en la que no sabía ni que quería. En donde estaba a penas descubriendo por qué nada parecía ser hecho para mí, más que un ser humano operativo. Sin ideas, sin autenticidad, ni autonomía; como un robot.
Cuando me acerqué a mi casa, el carro de Jake estaba patqueado al frente; salió del mismo ya cambiado, bastante elegante a mi parecer.
Metí las manos en los bolsillos y caminé hacia él, pero alguien más salió de mi casa.
Era Theodore.
Su mirada era la de un depredador, a punto de devorar a su presa de un solo mordisco. Tragué saliva, al sentirme peculiarmente diferente al verlo, con ese porte dominante e indomable, completamente diferente al niño que ví la última vez.
—¿Buscas a alguien? —cuestionó grave y se lamió los labios.
—Si, a Valerie. ¿Tu quién eres?, me pareces familiar —respondió Jake, cruzándose de brazos. Lo analizó de pies a cabeza.
—No querrías saberlo —sentenció y ví una mirada oscura en él—. ¿Que quieres con ella?
Mi amigo sonrió incrédulo—. ¿Que eres?, ¿Su guardaespaldas? —levantó una ceja molesto.
—Hola, ya estoy aquí —me atravesé entre los dos, pero Jake pareció ignorarme, como si acabase de recordar algo.
—Ah si, ya me acordé quien eres tu —lo señaló—. Eres ese niño que me amenazó hace años, vaya —comentó divertido—. Pensé que estabas en otro país.
—Que inteligente —respondió seco Theo—. Me sorprende que Valerie siga tratando con un imbécil, pero las cucarachas son difíciles de desaparecer —objetó y abrí los ojos sorprendida.
—Theodore —quejé y solo me dió una mirada corta—. Ve a tu casa, por favor, no quiero problemas.
—Si, ve, haz caso. Vigilancia a través de la ventana —dijo Jake y le di un golpe, antes de asegurarme que el impulsivo chico que conocí hacia diez años no estuviese presente.
Theo tenía los ojos encendidos de ira, pero cambió radicalmente de aspecto. Caminó hacia mi amigo y le dijo algo al oído que no alcancé a escuchar, dejando al mismo sorprendido y se marchó lento.
Mi corazón latía como loco en mi pecho, mientras que mi amigo lo observaba extrañado.
—¿Que sucedió?, ¿A que venías? —me crucé de brazos.
—Yo venía a invitarte a salir, en la noche hay una fiesta en la facultad. No sé si ya te hayan informado —dijo y asentí—. Bien, ¿que dices?
—Si no tengo nada que hacer, iré.
—No seas aguafiestas, sabes cómo te gusta divertirte en las fiestas cuando estamos juntos —me acarició la mejilla y rodé los ojos—. Me avisas para recogerte —me dió un beso en la mejilla, antes de volver a su carro.
¿Solo había ido en persona a decirme lo que pudo preguntarme por mensaje?
Probablemente esperaba que le diese más resultado.
Ví como su auto se marchó, antes de darme la vuelta para entrar a mi casa a analizar si de verdad quería ir a divertirme con el mismo hombre.
Sin embargo, en el transcurso de subir las pequeñas escaleras, me topé con la mirada de Theo, parado en la puerta de su casa.
Tragué saliva, antes de entrar a la casa.
Estaba claro que lo vió y escuchó todo.