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1087 Words
Caminé por el campus de la universidad, recibiendo la brisa de la noche nublada, mientras que a lo lejos la actividad de una de las casas de la fraternidad estaba en pleno inicio de fiesta. Ese momento en que los jóvenes bebían hasta quedar inconscientes y eso diciendo lo mínimo. Solía ser mayor que la mayoría, pero también los que vivían en esa residencia, eran de último año, como Jake. Se asemejaban a mi edad. No era vieja ni nada por el estilo, pero sentía que ya no pertenecía en ese lugar, después de intentarlo más de dos veces. Tensé la mandíbula al ver el auto de Jake, como si mi cuerpo, inconscientemente estuviera diciéndome que algo había hecho mal y él era el causante. Probablemente el que Theo hubiese escuchado sus pretenciones, me hacía sentir culpable. ¿Por qué?, no lo sabía. ¿Acaso era por lo que le había prometido? Solo éramos niños. Mentí para que sus padres no tuviesen problemas con un pequeño niño que no cambiaba de pensamiento una vez se determinaba a cumplirlo. Mi respiración se detuvo, en cuanto el auto de Theo apareció frente a mis ojos, haciendo bullicio con el motor del auto. El tipo de vehículo, el cual jamás podría tener en mi vida, le ayudaba a hacer una entrada innecesaria a un lugar en el cual no lo conocían. Sin embargo, logró su cometido, llamando la atención de los presentes en proceso de perder la cabeza. Sentí mi estómago contraerse en el momento en que salió del auto, inevitablemente sorprendida por la ropa que llevaba puesta. Una camisa de manga larga azul oscuro y un pantalón n***o, que escondía la prenda superior, dejando ver una cintura envidiable y obviamente había escondido. Sin embargo, eso no había sido lo que me sorprendió; la forma en que su vestimenta hacia resaltar los músculos de su cuerpo, como si hubiese pasado la mitad de su vida preparándose para ser fisicoculturista. Eso claramente no solo me atrajo a mi como un imán babeante, sino a las mujeres que rodeaban el espacio. Las que no tuvieron decencia, atacaron como bestias y eso me provocó un poco de incomodidad. Lo observé curiosa hablarles, pero no esperaba quedarme allí como tonta esperando una explicación e ingresé a la casa, esperando encontrarme a mis amigos de primera mano. A cambio, ví a Jake a lo lejos hablando con sus compañeros del equipo de fútbol, mientras que una mujer se acercaba a él a abrazarlo. No la rechazó y rodé los ojos. —Pensé que no ibas a venir, Val —escuché la voz de mi amigo y me di la vuelta con una sonrisa—. Según tu, las fiestas juveniles ya no eran lo tuyo. —Y eso sonó bastante viejo —agregó mi amiga, siguiendo a Patric. Bufé. —Y según tu, los pantalones acampanados ya habían pasado de moda y mírate —señalé hacia el suelo y rodó los ojos. —Me propuse a revolucionar la moda. Esta en mi, no en el... —se detuvo de golpe, mirando hacia atrás de mi—, mundo. Virgen de los apalaches, un Dios Griego se colo a la fiesta —dijo mi amigo, casi quitándome de enfrente para ver lo que había detrás mío. Y por un momento no me sorprendió saber de quién hablaba, ya que no solo llamó su atención. —Ay no —me tomé la cien, tratando de tapar mi rostro. —¿Soy yo viene hacia acá? —cuestionó Cinzia y gruñí. —Si, si, si, viene hacia acá. Actuen normal —sacudió a mi amiga y por poco me tiró al suelo, de la emoción. Si supieran que fue por qué me vió. Esta muy nerviosa por alguna razón y trataba de mantener la calma, esperando que solo fuese un sueño. ¿Por qué me estaba pareciendo tan atractivo? —Val —llamó y quise que la tierra me tragara en cuanto mi amigo me miró sorprendido. Me crucé de brazos tratando de parecer normal—. Hola, Theo, ¿que haces aquí? —Vine a divertirme. ¿Sabes dónde está Luca?, vengo con él —dijo y me mordí los labios. Con que así eran las cosas. Nunca me hubiese imaginado a mi hermano invitando a alguien a una fiesta y más, él yendo a una, con lo poco social que era. Su falta de interacción era cuestionable, se le dificultaba tener confianza con las personas. Algo parecido a mi. —No, no imaginé que mi hermano fuese a venir. De seguro debe estar afuera, este ambiente no le gusta —señalé alrededor. —Imagino que a ti si —comentó, dándome una mirada extraña, como si tratara de enviarme una indirecta. Fruncí el ceño. —¿Ustedes de donde se conocen?, ¿Estudias aquí? —preguntó Patric metiéndose a la conversación. —No, ya me gradué de ingeniero mecánico en Estados Unidos —presumió. —Vaya, que magnífico eres... es, perdón. Quise decir que es estupendo que ya te hayas graduado —agregó nervioso y Theo lo notó, parecía divertido—. ¿Y cuántos años tienes? —23. —Que joven. Ví que estaban bastante entretenidos en su charla, que pude escaparme sin que me notasen demasiado, colandome en medio de otras personas que estaban cerca mío. Sentí que volví a respirar cuando me alejé, pero me encontré casi de frente a Jake. Le di una mirada, antes de subir las escaleras de la casa en busca de un espacio solo. Sentía muchas cosas, en todo mi cuerpo y eso me estaba volviendo loca. Necesitaba despejar la mente, olvidarme de lo que estaba dentro de mi. Ingresé al baño, esperado que allí me encontrara Jake. Por un momento dejó de importarme lo que estaba haciendo, si con su cuerpo podía sacarme de la cabeza lo que me estaba comiendo. No creía que eso fuese algo sano o normal, pero había estado en el mismo barco desde la adolescencia y me costaba salir de allí, como si se tratase de una adicción. Jake no había sido el único hombre con el que había estado, claramente. Un tiempo para acá, tuvo novias que eran igual o peores que él. No funcionaban y yo tampoco con nadie. Escuché pasos afuera en el pasillo y lamí mis labios, impaciente. Sin embargo, estos se duplicaron. —¿Buscas a alguien? —preguntó una voz que reconocí al instante y mi corazón se detuvo en mi pecho. Se trataba de Theo.
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