3. Quédate

754 Words
Capítulo tres: Quédate —A mi habitación —respondió Brina—. Pensé que me estabas echando. —Iba por el periódico. Intentaba mostrarte por qué anoche tenía cosas más importantes que hacer —dijo mientras ojeaba el periódico. De pronto su cara se endureció y lanzó el periódico al otro lado de la habitación antes de volver a dirigir su furia hacia ella—. ¿Es ésa la clase de hombres con que tratas? ¿Hombres que te abandonan en medio de un pasillo llevando sólo ropa interior y una sábana? —preguntó. Entonces aflojó los puños y su expresión se relajó—. Brina, ésta no es manera de vivir. Con aquella voz tan suave la palabra Brina sonó de tal forma que Brina casi se echó a llorar. Tuvo que hacer un esfuerzo por controlarse. —He de irme —dijo ella de golpe, incapaz de mirarlo a los ojos—. Telefonearé a la lavandería para que me traigan el vestido y luego ocuparé tu baño sólo un par de minutos. Después me iré. Marcó el número y esperó a que diera señal, preparada para recuperar su vestido y salir de allí, lejos de las interminables preguntas de Fabio. Ya estaba metida en suficientes líos como para pasar por esa introspección. No obstante, Fabio no había terminado. Se colocó junto a ella como un ángel vengador para retirarle la mano del teléfono. —¿Un compromiso no debería ser algo especial? —preguntó él mientras una lágrima se deslizaba por la mejilla de Brina—. ¿La noche en que un hombre se declara a una mujer no debería pasar a la posteridad en vez de desembocar en un sórdido asunto repleto de alcohol y arrepentimiento? —No lo comprendes —dijo ella apretando los dientes y deseando que parase de una vez. —Comprendo lo suficiente. Si yo fuese a declararme a ti me aseguraría de que estuvieras a gusto, te trataría como una mujer se merece que la traten, no te emborracharía. Cualquiera que fuese la razón, seguro que no era buena. Tenía la mano puesta sobre el hombro de Brina, pero ella no lo miraba. En recepción habían descolgado y se oía una voz lejana preguntando en qué podía ayudar, pero las únicas palabras que ella oía eran las de Fabio. Sus palabras la habían poseído, y por un momento se imaginó formando parte de su vida, siendo la afortunada mujer en los brazos de Fabio, se imaginó la felicidad que sentiría al hacer el amor con él, al sentir su boca explorando la suya propia, sus manos acariciándola, aquella sugerente voz envolviéndola. Aquella imagen de la perfección sólo hacía que la noche anterior pareciera más pecaminosa. La imagen de aquel placer no hacía sino resaltar la crueldad de aquella unión potencial y la verdad que había estado tratando de ignorar se hizo patente cuando Fabio habló con más elocuencia que su propia conciencia. —Entiendo que puede que no estés... —se detuvo para encontrar la palabra adecuada, y Brina se sentó completamente rígida, con su mente a cien por hora por aquella indecisión. Sabía que debía regresar, que tenía que acabar lo que había empezado, pero había algo en Fabio, en la sorprendente caballerosidad de su voz, en su interior, en su aborrecimiento con respecto a los actos de Lion, que hacía que no quisiera marcharse. —... cómoda —una vez que Fabio hubo encontrado la palabra adecuada habló con rapidez, decidido a terminar, a darle otra opción, cualquier cosa antes que ver cómo regresaba a su habitación—. Veo que mi presencia te incomoda, pero tiene fácil solución. Tengo que tomar un avión a Roma dentro de nada. Llamaré a recepción y diré que traigan aquí tus cosas. Podrán decirle a ese Lion que te has ido a casa, enferma, quizá, como dijiste antes. Eso te proporcionará espacio para ti y algo de tiempo. Por favor, Brina, sé que no comprendo lo que ha ocurrido, pero creo que deberías pensar cuidadosamente la posibilidad de regresar con ese hombre. Anoche no sólo estabas trise, estabas angustiada y, aunque no apruebo los métodos de Lion, quizá te haya hecho un favor. —¿De dónde diablos te sacas eso? —dijo ella con una risa cínica que murió en sus labios al ver cómo Fabio continuaba hablando. —Anoche decías la verdad. La cama de Lion no es el lugar en el que quieres estar. Quédate aquí, Brina. No vayas tras él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD