Capítulo doce: Bienvenida a la familia Al entrar en la casa de la familia De Santis Brina decidió que era como pulsar el botón equivocado del control remoto y aparecer en una exótica película extranjera. Encima sin subtítulos. De cada esquina aparecían mujeres hermosas de melenas rubias o negras, que le daban dos besos y luego la miraban de arriba abajo como si fuera un fabuloso vestido en un escaparate. Después se giraban hacia su amiga, hermana, prima o madre y les preguntaban su opinión. Le sirvieron platos llenos de comida y llenaron su copa con un vino tinto muy fuerte, lo último que le apetecía en ese momento. —Alla vostra salute —dijo una glamorosa abuela. Sin embargo, Brina meneó la cabeza. —¿Podría tomar agua, por favor? ¿Agua? —repitió con una voz lo más agradable posible.

