Capítulo nueve: Cásate conmigo —No quería que te detuvieras, Fabio —aquella sinceridad en las palabras de la australiana despertó algo dentro de Fabio, que se quedó callado escuchándola—. Fabio, no te estaba engañando. Sí, quizá debería haberte dicho que no me había acostado con nadie antes, pero la verdad es que no quería que pararas y en mi interior sentía que, si te lo decía, lo habrías hecho. Él la miró durante lo que pareció una eternidad, no contestó, pero cuando habló sus palabras eran más suaves y la ira había desaparecido. El Fabio que ella casi conocía había vuelto, un poco enfurruñado quizá, pero infinitamente más deseable. —No habría parado —dijo lentamente—, porque no creo que hubiera podido —dijo sentándose al borde de la cama al tiempo que se pasaba una mano por su pelo n

