Capítulo diez: Cuestión de honor Millones de alarmas sonaron en la cabeza de Brina, que empezó a negar rotundamente con la cabeza. —No, no, no. Definitivamente no. —No obstante, eso lo solucionaría todo —dijo él muy calmado como si hubiese sugerido que saliesen de compras o algo así—. Y mientras tanto pasaríamos un buen rato. —¿Y cuánto se supone que duraría ese buen rato? —preguntó ella y, según él se encogió de hombros, añadió—. Es una pregunta razonable, Fabio. —Podrías hacer tus cosas por correspondencia y ver el mundo conmigo. Nos llevamos bastante bien. —Sólo hemos pasado una noche juntos, y la mayor parte de ella hemos estado dormidos. —Al menos puedes leer el periódico en silencio. ¿Sabes lo difícil que puede ser eso para algunas mujeres? —a continuación siguió una pobre imi

