Clara llegó a la fiesta de cumpleaños poco después de la cinco de la tarde. La casa de Luciano era muy linda, tenía un pequeño jardín al frente con plantas de diferentes tamaños y cuando su abuela abrió la puerta pudo ver la enorme sala repleta de globos, papel picado, gritos y risas. Los niños se estaban divirtiendo y aquella hermosa casa estaba sufriendo las consecuencias. Clara había debatido con ella misma todo el día y finalmente, sus deseos de hacer feliz a aquel niño habían ganado. Llevaba un vestido floreado ligero hasta abajo de la rodilla y su cabello suelto, se había maquillado poco y había decidido no usar zapatos de taco. Era una fiesta infantil y si bien estaba todo el día rodeada de niños, el hecho de no saber cuántos adultos encontraría allí la intimidaba un poco. -¡S

