La cena había terminado. Aitana, Catalina y Eugenia se levantaron de la mesa con paso lento, sin apuro, como si quisieran estirar un poco más esa sensación tan nueva,la de estar con él estómago lleno , en paz, sin miedo. Kael las acompañó. No fue una decisión consciente. Simplemente, no pudo separarse de ella de Aitana. Las siguió por los pasillos iluminados tenuemente . Caminaban todos en silencio. Solo se oían los pasos sobre las baldosas y, a veces, alguna risa contenida de Catalina. El ala norte del castillo había sido preparada especialmente para ellas. No habría habitaciones separadas,porque todos lo sabían —y Daria lo había dejado claro— que esas chicas no soportarían dormir lejos una de la otra. No después de haber sobrevivido gracias a la cercanía de sus cuerpos, al calor comp

