El miércoles por la mañana Alan durmió, por la tarde cuando estaba en su despacho Javier lo llamó. —Hola Alan, supongo que te acuerdas que mañana es jueves, noche de cena con los amigos, espero que te los guardes todos. —No me acordaba, no hay problema, solo que no podré beber ni estar hasta muy tarde, a partir de la una de la madrugada tengo que trabajar. —Vale, ya pensaré algo, mañana te confirmo el lugar. Colgó la llamada de su amigo y Patricia entraba por la puerta. —Estoy muy nerviosa. —¿Otra vez? —Esta noche estaré sola y me tenso. —Tendré el teléfono al lado de la cama, si pasa cualquier cosa me llamas, ves a descansar y relájate. —¿Y si las acciones de aquella empresa japonesa que tanto está subiendo empieza a bajar? —Si baja dos puntos véndelo todo. —Mejor te llamaré an

