Esa era una explicación que proporcionaba contexto espiritual para tradiciones que de otra manera podrían parecer arbitrarias o machistas. Desde la perspectiva de Sadrac, no se trataba de superioridad masculina sino de expresiones diferentes pero complementarias de la misma fuerza divina. —Cuando las mujeres bailan para nosotros —añadió con una satisfacción evidente—, están honrando tanto a los hombres presentes como al dios del fuego que habita en todos nosotros. Es un acto sagrado además de entretenimiento. No simple diversión mundana como parece ser en el caso de los Elfos. Brielle procesó esta explicación con una fascinación que competía con su exasperación por las implicaciones de género de tales tradiciones. —Eso suena... muy limitante, a decir verdad—observó con una diplomacia cu

