Ella detuvo sus palabras por un momento, dirigiendo una mirada hacia las páginas abiertas del libro como si encontrara consuelo en los relatos de familias establecidas y linajes claros. —No recuerdo nada de mi vida antes de los seis años —continuó con una tranquilidad que hablaba de años de aceptación—. No sé quiénes fueron mis padres originales, de dónde vine, o qué circunstancias me llevaron a necesitar nuevos cuidadores. Es como si mi vida hubiera comenzado con la familia que me adoptó. Ellos me dijeron que me perdí en una montaña de mi reino que se llama Monte Ignis, estaban por ahí y me encontraron. Dael sintió como una punzada de compasión se instalaba en su pecho al escuchar sobre la infancia de Thessa, imaginando lo difícil que debía ser crecer sin conocer sus orígenes o su lugar

