La luz azul que emanó de sus palmas no era el resplandor tenue que había caracterizado los esfuerzos curativos de Vera, sino una luminosidad intensa que llenó toda la habitación con energía que se sentía tan poderosa como reconfortante. Lo extraordinario era que, a pesar de haber estado canalizando su magia durante horas para mantener la solidez del trineo volador, Brielle no mostraba signos de agotamiento. Al contrario, parecía como si el uso constante de su poder de magia de hielo hubiera fortalecido su conexión con las fuerzas más primitivas de su poder, transformando lo que debería haber sido fatiga en una fuente de energía que se renovaba y amplificaba con cada aplicación. Era como si su magia fuera una corriente que se volvía más poderosa cuanto más fluyera a través de ella. Fue p

